Lectura complementaria Nº 4.

LECTURA COMPLEMENTARIA DE LA CUARTA UNIDAD DEL CURSO 'ECONOMÍAS Y EMPRESAS ALTERNATIVAS'.

Texto de Luis Razeto, tomado del libro Las Donaciones y la Economía de Solidaridad, Capítulo II.

II. Pluralidad de relaciones económicas y complejidad del mercado determinado.

4. La observación de la realidad económica, tal como se presenta en las sociedades modernas, revela que los bienes económicos fluyen y transitan entre los individuos, grupos, unidades económicas e instituciones, a través de muy distintas y variadas formas y modalidades. Tales flujos implican el establecimiento de relaciones económicas entre los sujetos involucrados en ellos. Entenderemos, pues, por relación económica, cualquier acto o proceso a través del cual se verifica una transferencia o un flujo de bienes, entre personas, grupos u organizaciones determinadas, las que en tal relación se nos manifiestan como sujetos de actividad económica.
Desde el momento que existe una diversidad de formas en que fluyen los bienes económicos, debemos reconocer la existencia de diferentes tipos de relaciones económicas; la observación y el análisis de estas distintas relaciones económicas revela que la diferenciación entre ellas es profunda y sustantiva, podríamos decir estructural. En efecto, porque participan en estas diferentes relaciones económicas, tanto los sujetos como los bienes que fluyen se presentan diversamente cualificados: en las economías concretas no hay sólo productores, comerciantes y consumidores, ofertantes y demandantes, sino también donantes y beneficiarios, contribuyentes y recaudadores, cooperantes, comisionistas, socios, comensales, etc., y los bienes económicos no se presentan sólo como mercancías, sino también como regalos, tributos, items presupuestarios, cuotas, contribuciones, etc.
Esta es una constatación que parece muy obvia y elemental, pero su conocimiento, crucial y decisivo, no puede darse por descontado; una parte conspicua de la ciencia económica moderna ha procedido como si todas las relaciones económicas pudieran ser sintetizadas y asumidas bajo la forma común del intercambio, como si todos los sujetos económicos pudieran ser considerados como ofertantes y demandantes, y como si el conjunto de los bienes económicos constituyese sólo "un inmenso arsenal de mercancías". Con igual espíritu simplificador han sido construidos "modelos " teóricos del mercado en términos de un circuito único y general resultante de todos los intercambios, regulado por un sistema de precios generado por la interacción de las solas fuerzas de la oferta y la demanda.
Procedamos, pues, a una visión preliminar, panorámica, de las distintas formas de relación económica que se dan habitualmente en las sociedades modernas. En los capítulos siguientes profundizaremos en el análisis de algunas que nos interesan en particular.
Para identificar las distintas formas de relación económica, es preciso proceder con algún criterio de distinción que resulte apto para organizar la multiplicidad de los datos que se ofrecen a la observación empírica. En efecto, la observación de la realidad no es nunca ingenua, en cuanto inevitablemente está guiada y penetrada por algún marco conceptual de referencia, el cual, pudiendo ser de distinto tipo, dará lugar a tipos diferentes de observación. Con un marco ético la percepción distinguirá las relaciones económicas según el grado en que realicen los valores de justicia, libertad, solidaridad, etc.; con un encuadramiento jurídico serán distinguidas en función del tipo de normas legales que se les puede aplicar; un enfoque psico-social conducirá a la observación de las pautas de conducta y comportamiento que se manifiestan en las relaciones económicas; el marco categorial de la teoría económica clásica lleva a distinguir las relaciones económicas según el criterio supuestamente objetivo de la igualdad o desigualdad en el valor de los bienes que fluyen entre las partes de la relación.
Aquí pretendemos una observación científica y, más específicamente, de ciencia económica; pero carecemos de un marco teórico preciso y adecuado, desde el momento que las teorías económicas dadas se han elaborado prescindiendo de una consideración estructural de las diferentes relaciones económicas. Nuestro propósito es, precisamente, elaborar aquél marco teórico cuya ausencia se nos manifiesta. No nos queda, pues, otra alternativa que adoptar un punto de vista genéricamente sistémico, por el cual se busca en los datos inmediatos de la experiencia la estructura relacional que organiza a los distintos elementos del sistema y que le otorga a éste un sentido unitario y coherente.
Tomando, pues, la "relación económica" como objeto específico de análisis, nos interesa observar, básicamente, los sujetos de la relación, los elementos (materiales o inmateriales) que establecen mediaciones entre ellos, las direcciones en que tales elementos fluyen (desde unos sujetos hacia otros). En base a este esquema formal, distinguiremos diferentes estructuras o tipos de relaciones económicas en la medida que observemos diferencias en cuanto a la figura que asuman los sujetos de la relación en el acto o proceso que la constituye, la forma económica bajo la cual se presentan los bienes que se transfieren, y la dirección que sigan los flujos mismos.
La adopción de este enfoque permitirá distinguir, por ejemplo, el trabajo voluntario y el trabajo forzado como pertenecientes a tipos diferentes de relación económica, sobre la base de que en tales hechos los sujetos de la relación se presentan como figuras económicas muy distintas; si, en cambio, nos limitáramos a observar la dirección del flujo y el activo económico que se transfiere, deberíamos considerarlos como integrantes de una común relación económica: nos quedaríamos con el hecho escueto de que una de las partes transfiere trabajo a la otra, sin recibir de ésta remuneración o compensación proporcional.
La observación de las actividades y procesos económicos, efectuada conforme al criterio indicado, nos pone inmediatamente frente a una diversidad de situaciones en que pueden distinguirse varios tipos principales de relaciones económicas.
5. Una familia, sentada alrededor de una mesa, consume un conjunto de alimentos, que han sido aportados por uno o más de sus miembros y preparados por otros, para ser compartidos por todos y repartidos en función de las necesidades de cada uno. En el mismo grupo familiar se comparten y usan en común o alternativamente por sus distintos integrantes, un conjunto de otros bienes económicos (vivienda, mobiliario, artefactos, etc.) que constituyen un patrimonio familiar. Algunos de sus miembros efectúan trabajos de distinto tipo que benefician a todo el grupo; con los ingresos de uno o más de sus integrantes se financia la educación y los gastos de salud de los niños y adultos que carecen de ingresos propios. Todas estas y otras actividades económicas implican la existencia de flujos de bienes, servicios y factores que son constitutivos de relaciones económicas determinadas, de un cierto tipo característico que podemos denominar relaciones de comensalidad.
Estas relaciones de comensalidad las encontramos también en otros grupos, formales o informales, cada vez que los bienes fluyen en su interior en términos de un compartir, aportar, distribuir, utilizar o consumir en función de disponibilidades y necesidades comunes a todos o individualmente diferenciadas, implicando un grado de integración entre sus miembros tal que la constitución del grupo como sujeto económico colectivo diluye los intereses económicos individuales, respetándose las diferencias personales que implican roles y necesidades particulares. Algunas comunidades religiosas son otro caso ejemplar de comensalidad, en cuanto en ellas, como en las familias, una parte considerable de las actividades y flujos económicos proceden conforme al tipo de relaciones y al grado de integración mencionados. Son -en realidad- innumerables los casos en que se establecen relaciones de comensalidad al interior de grupos y organizaciones de personas vinculadas por los más variados tipos de nexos (laborales, culturales, políticos, institucionales, territoriales, etc.), aunque en la mayoría de los casos la comensalidad se establece con respecto a una o algunas pocas actividades, y no en forma permanente sino eventual o transitoria.
Diferente de la comensalidad es la relación económica que observamos cuando se reúne un grupo de personas libres con la explícita intención de realizar en común determinadas actividades económicas, de las cuales se benefician todos los participantes de modo equitativo, en proporción a los aportes que cada uno haya efectuado. 
Un grupo de trabajadores contribuye con cuotas iguales o diferenciadas a la organización de una empresa que gestionan en común, y en la que utilizan sus fuerzas individuales como una única fuerza de trabajo social, para producir determinados bienes. Una parte de la riqueza generada sirve de nuevo como medios de producción, mientras la otra es consumida y, por consiguiente, repartida entre los mismos trabajadores con algún criterio de distribución previamente acordado por ellos. Se verifica en este caso una serie de flujos económicos integrados en una unidad de gestión; flujos que van de los individuos hacia el colectivo organizado (aporte de medios de producción, ejecución de trabajos, etc.) y de éste a los individuos asociados (bienes producidos en común que son consumidos individualmente, utilidades, etc.), en conformidad con procedimientos considerados equitativos, o en todo caso libremente aceptados por los asociados, que obtienen así determinados beneficios tanto individual como socialmente. Tales flujos son constitutivos de un cierto tipo característico de relaciones económicas que podemos denominar relaciones de cooperación.
En el caso descrito, hay un conjunto completo de actividades que se realizan en términos de cooperación, constitutivo de un circuito integrado que no requiere o mantiene relaciones económicas con el exterior del grupo: los medios de producción se forman por cooperación, la gestión es asociativa, el trabajo es realizado cooperadamente, los bienes producidos son consumidos en forma cooperativa; hay, también aquí, la integración cooperativa de diversas actividades económicas: producción, distribución, consumo y acumulación. Naturalmente, y análogamente al caso de la comensalidad, relaciones de cooperación pueden darse también en orden a actividades económicas particulares y parciales, sea en forma relativamente permanente o de modo transitorio. En efecto, encontramos cooperación para el ejercicio de actividades económicas de abastecimiento, o de comercialización, de ahorro y préstamo, de consumo, de trabajo, etc. En estos casos son relaciones de cooperación aquellas que implican flujos económicos al interior del grupo de cooperadores en cuanto cooperadores, mientras que el grupo como sujeto económico organizado puede mantener con el exterior relaciones de cooperación o de otro tipo, cuales, por ejemplo, de intercambio o de donación.
Tanto las relaciones de cooperación como las de comensalidad implican flujos económicos que se efectúan al interior de grupos definidos de personas, respecto de los cuales las relaciones económicas son socialmente integradoras. En gran parte de los casos de cooperación, las propias relaciones económicas son constitutivas del grupo, en cuanto éste se organiza precisamente para realizarlas. Las relaciones de comensalidad, en cambio, se verifican habitualmente al interior de grupos humanos que se han constituido en base a otro tipo de nexos, generalmente extraeconómicos (consanguinidad, convicción y opción religiosa, afinidad ideológica, cultural o política, relaciones complejas constitutivas de comunidades, etc.), si bien puede suceder también que algún grupo se constituya específicamente para establecer y vivir relaciones de comensalidad económica.
Dado el alto grado de integración entre los miembros del grupo que ambos tipos de relaciones económicas suponen, la comensalidad y la cooperación se dan habitualmente sólo al interior de grupos humanos reducidos, aunque en ocasiones el grupo puede llegar a incluir algunos centenares o miles de personas; en todo caso, las personas integrantes del grupo están siempre perfectamente identificadas, lo que implica que el tamaño del colectivo se encuentra en todo momento determinado. No obstante lo anterior, puede suceder que entre grupos distintos se establezcan, sea en forma permanente o eventual, relaciones de comensalidad o de cooperación, pudiendo de este modo estructurarse redes integradas más amplias donde los bienes económicos fluyen en conformidad con estos tipos de relaciones económicas integradoras. Es así que encontramos relaciones de cooperación entre empresas, entre instituciones, entre Estados, etc.
6. Además de las descritas, se observan varias otras modalidades de relaciones económicas que tienen como fundamento la existencia de una colectividad humana relativamente integrada, la que es concebida y opera como totalidad, o sea, como un sujeto único compuesto de miembros (individuos, grupos, unidades económicas) que en sus actividades económicas hacen directa referencia al colectivo como tal. En cuanto estas relaciones económicas involucran al colectivo como sujeto, los flujos de bienes y servicios han de considerarse también aquí como internos a la organización. El colectivo o sujeto de referencia puede ser una institución, un grupo organizado complejo, o una sociedad determinada de tipo nacional u otra.
Los ciudadanos de un Estado pagan sus impuestos, sea en cantidades fijas o variables, proporcionales a la magnitud de sus patrimonios, de sus actividades productivas, de sus operaciones comerciales. Los jóvenes de cierta edad prestan servicio militar durante un tiempo definido, cumpliendo determinadas funciones que implican la ocupación de su fuerza de trabajo. Los fieles de una Iglesia pagan periódicamente una "contribución al culto" correspondiente a un porcentaje de sus ingresos. Los inscritos a un partido político, a un club o asociación de cualquier tipo, contribuyen con una cuota periódica destinada al financiamiento de las actividades colectivas. Todas estas y otras actividades económicas similares son constitutivas de flujos de bienes, servicios y recursos que proceden conforme a un cierto tipo característico de relaciones económicas, que podríamos subsumir bajo la común denominación de relaciones de tributación.
Estas relaciones mantienen cierta similitud con las que describimos recientemente, especialmente con las de cooperación; pero se diferencian de ellas en cuanto el sujeto receptor de los flujos económicos es un centro de poder decisional que se constituye y presenta como distinto de los sujetos que tributan; al tributar, éstos se desprenden de los bienes que transfieren, y pierden poder decisional sobre el fondo de recursos constituido por la suma de las tributaciones. Además, el hecho de tributar y el monto de la tributación se presenta como un deber y como una condición de pertenencia a la colectividad, que le son impuestos a los sujetos, correspondiendo a decisiones tomadas por el mismo centro recolector.
Los flujos tributarios encuentran su contrapartida en flujos que transitan en sentido inverso, desde los centros recolectores y decisionales hacia la colectividad en su conjunto o hacia sujetos particulares de ella. El poder público de una nación asigna cantidades definidas de fondos o recursos económicos a diferentes Ministerios, instituciones públicas de educación, salud, etc., conforme a un Plan o Presupuesto previamente elaborado, para que los asignatarios realicen actividades y cumplan las funciones que les son propias. El centro directivo de una Universidad asigna a las diferentes facultades, departamentos o instancias ejecutivas de cualquier tipo, cantidades definidas de recursos económicos, que utilizarán conforme a sus objetivos particulares. Los sujetos receptores de cualquiera de tales asignaciones deberán dar cuenta al centro decisional, del uso de los fondos o recursos recibidos en conformidad a los objetivos previstos, siendo objeto de controles periódicos. En estos y otros casos similares, estamos en presencia de un tipo de relaciones económicas que podemos denominar relaciones de asignación jerárquica.
Las tributaciones y las asignaciones jerárquicas, si bien constituyen tipos diferentes de flujo y relación económica, son constitutivas de un cierto circuito económico integrado; en efecto, ellas se necesitan recíprocamente. Se verifica un proceso bi-direccional, siendo una dirección la que va de los contribuyentes al órgano recolector central para la constitución de una especie de "fondo social", y la otra aquella que resulta de la administración de dicho "fondo social" por parte del poder decisional central, que asigna recursos a los integrantes de la misma colectividad para que efectúen ciertas actividades o satisfagan determinadas necesidades. Así, ambos flujos se encuentran íntimamente relacionados, y concretamente unificados en algún sistema de decisiones de "política económica", que determina las magnitudes y las modalidades de los flujos de ingreso y gasto; hay una gestión unificada en la formación del fondo y en su utilización, y a la vez un sistema de contabilidad que tiende a establecer correspondencias cuantitativas entre ellos.
Esto no significa, sin embargo, que exista siempre un equivalencia entre los ingresos tributarios y los egresos asignados jerárquicamente, porque sucede a menudo que el órgano central establece también otros tipos de relaciones económicas que impliquen tantos flujos de ingreso como de egreso. Dicho más concretamente, el órgano central puede transferir por asignación jerárquica recursos que ha percibido a través de otros tipos de flujos, como también puede efectuar, por ejemplo, intercambios y donaciones con recursos percibidos a través de tributaciones. Puede incluso darse el caso que la totalidad del fondo de recursos que una organización asigna jerárquicamente en su interior, no esté constituido por contribuciones tributarias sino por asignaciones procedentes de un nivel jerárquico superior, o por donaciones, intercambios u otro tipo de flujos económicos.
En todo caso, aún allí donde se verifica una exacta correspondencia cuantitativa entre los dos flujos que componen el proceso bi-direccional, y una estrecha unidad de gestión y contabilidad en la formación y utilización del "fondo social", habrá que reconocer que los flujos que proceden en una y la otra dirección no son momentos sucesivos de una misma transacción, de un intercambio, sino actividades y procesos distintos que se encuentran estructurados según relaciones económicas de diferente tipo.
En los Estados nacionales modernos, estos flujos y relaciones económicas han sido definidos y estudiados en los términos de política "fiscal" y de "gasto público". Cabe observar, sin embargo, que en el estudio de los ingresos y gastos públicos la ciencia económica ha procedido habitualmente sin reconocer explícitamente que las tributaciones y asignaciones presupuestarias constituyen un sistema de relaciones económicas específicas. De un modo u otro, algunas importantes escuelas económicas se las han arreglado para enfocar la "hacienda pública" dentro de los esquemas conceptuales de la teoría de los intercambios, lo cual encuentra muy débil fundamento en la existencia de algunos nexos que dan la apariencia de intercambio a flujos que son de diferente naturaleza. Cuando los contribuyentes pagan sus impuestos, se supone que recibirán algo en cambio; por otro lado, una parte relevante de los impuestos son fijados como un item imputable a cada compraventa o contrato, en determinado porcentaje del precio de intercambio; por último, una parte de los ingresos y egresos públicos procede efectivamente según relaciones de intercambio con los agentes económicos privados. Pero, evidentemente, ninguno de estos nexos altera el hecho sustancial de que las tributaciones y asignaciones jerárquicas, en lo que les es específico, implican actividades, comportamientos y relaciones económicas muy distintas a las que son propias del circuito mercantil de los intercambios.

7.- Hasta aquí hemos observado formas de relación económica que implican transferencias de recursos al interior de grupos y organizaciones complejas que, como tales, son sujetos de actividad económica. Evidentemente, dichas relaciones económicas constituyen sólo una parte de los complejos procesos a través de los cuales los bienes económicos transitan y se distribuyen en la sociedad. En efecto, la mayor parte de los flujos económicos que se observan en las sociedades, se verifican entre sujetos distintos que permanecen independientes, o sea, que se vinculan solamente durante el acto o actividad particular en que se efectúa la relación económica, sin implicar el establecimiento de un compromiso permanente o de un nexo organizativo entre las partes involucradas.
Un individuo adquiere una camisa en una tienda, entregando al dueño del negocio, como contrapartida, una determinada cantidad de dinero. Se firma un contrato de arrendamiento por el cual una persona obtiene el derecho de habitar durante un tiempo definido una vivienda, cancelando por tal derecho al propietario cierta suma de dinero correspondiente al canon de arrendamiento. Una institución contrata los servicios de un técnico para la atención médica de sus integrantes, retribuyéndole con el pago de un estipendio fijo en dinero, o mediante la prestación de otros servicios que son requeridos por el profesional, conforme a un contrato libremente aceptado por las partes. Un empresario, luego de una negociación colectiva con el sindicato de trabajadores, establece una escala de remuneraciones que cancela a cada trabajador a cambio del cumplimiento de ciertas funciones y trabajos por un tiempo definido. El propietario de una casa y el dueño de una parcela agrícola, permutan sus respectivos bienes de modo que todos los derechos sobre ellos cambian definitivamente de dueño. En todos estos casos se ha configurado entre los sujetos participantes un tipo de relaciones económicas características denominadas relaciones de intercambio.
Como puede observarse en los casos mencionados, los sujetos de la relación económica se presentan uno ante el otro como propietarios o poseedores de determinados bienes económicos distintos, que se transfieren recíprocamente en determinada proporción libremente estipulada por ellos. Habitualmente una de las partes transfiere a la otra dinero en compensación de un bien económico tangible; pero a veces el intercambio se produce entre bienes distintos, sin la mediación del mencionado "medio de cambio general"; hablamos en tal caso de "trueque". Además, no siempre el intercambio se reduce a una relación entre dos sujetos, pudiendo una de las partes consistir en un sujeto colectivo, o estar compuesto de distintos sujetos particulares. No obstante ello, la relación de intercambio puede considerarse siempre bi-direccional, en el sentido que una relación compleja puede descomponerse en diversas relaciones bi-partitas independientes.
Otro aspecto importante que se observa en las relaciones de intercambio dice relación al hecho que los actos particulares de cambio se encuentran generalmente encadenados, en una secuencia que involucra alternativamente una multiplicidad de sujetos independientes. Dicho en otras palabras, los intercambios dan lugar a un entrelazamiento de flujos que configuran, no una organización formal entre las personas, sino un circuito económico relativamente integrado y altamente complejo: un mercado de intercambios. Sobre las relaciones económicas de intercambio volveremos ampliamente en un próximo capítulo.
Distinto del intercambio, pero afín en el hecho que las partes involucradas mantienen su exterioridad recíproca como sujetos económicos distintos, es el caso de las donaciones.
Una persona hace una limosna a un indigente. Una institución dona a una cooperativa determinados medios de trabajo, sin esperar por ello ninguna retribución económica. Un grupo de estudiantes construye una escuela para una comunidad campesina, aportando gratuitamente su trabajo. Un instructor dicta un curso de mecánica a un grupo de trabajadores, sin recibir por ello una remuneración correspondiente. Un empresario distribuye entre los trabajadores de su industria una parte de las utilidades anuales, sin que ello esté establecido en los contratos de trabajo y sin exigir en cambio trabajos extraordinarios. El Estado de un país desarrollado destina un porcentaje de su Producto Nacional como ayuda para el desarrollo de países más pobres. En el testamento de una persona se lega una parte de sus bienes a cierta institución de beneficencia. Una Fundación de derecho privado financia un proyecto de ampliación de operaciones que le presenta una organización económica popular. En todos estos casos hay flujos de bienes económicos de un sujeto a otro, que no implican un correspondiente flujo en sentido inverso; entre las partes de estas relaciones económicas, se han establecido típicas relaciones de donación, donde uno de los sujetos se pone como donante y el otro como beneficiario. El análisis de estas particulares relaciones económicas será objeto principal de los próximos capítulos.

8.- Además de los intercambios y las donaciones, se observan en la sociedad distintos otros tipos de flujos económicos que implican relaciones entre dos sujetos independientes. Podemos agrupar bajo una común denominación un conjunto de casos que, sin embargo, presentan algunas diferencias entre sí; los agrupamos porque en ellos se observa una cierta matriz general que comparten todos, si bien en un estudio centrado sobre estas relaciones convendría distinguir situaciones y tipos diferentes.
Una persona presta al vecino un servicio que implica un cierto flujo económico; no cobra por ello un precio de intercambio, pero implícitamente ambos suponen que en el futuro, ante una eventual necesidad del que prestó el servicio, el otro deberá corresponder con una actitud similar. Varias personas se hacen regalos en ocasión de una fiesta; aparentemente se trata de donaciones independientes, pero no estamos en presencia de verdaderas donaciones si los flujos de "regalos" se encuentran relacionados por una suerte de pacto según el cual cada receptor debe a su turno corresponder con un regalo similar. En un caso algo distinto, un sujeto ha producido, con o sin intención, un daño económico a otro, que luego quiere reparar mediante el otorgamiento de un bien económico concomitante que compense el daño realizado. Podría también suceder que el daño económico fuese reparado por un daño recíproco provocado por el primer dañado; flujos económicos de este tipo son los que se verifican claramente en ocasión de las guerras. En otro caso, la compensación del daño mediante un flujo de bienes económicos es impuesta al otro, sea por parte del mismo sujeto afectado, o bien por un tercero que tiene la autoridad o el poder para obligarlo; el flujo económico adopta en tal caso la forma de una sanción. En todos estos casos podemos encontrar un esquema de relaciones de un cierto tipo común, que podemos denominar relaciones de compensación, o reciprocidad.
En estos flujos de bienes (o males) económico, no hay una equivalencia formal entre lo que fluye en ambas direcciones, y las transferencias se encuentran a menudo separadas en el tiempo; no hay tampoco explicitación de un acuerdo de intercambio, y el nexo entre las partes no es sólo económico, pudiendo basarse en una afectividad positiva o negativa, o en la simple búsqueda de un equilibrio para evitar relaciones de dependencia subjetiva. Como puede observarse, todos los casos mencionados se diferencian tanto de los intercambios como de las donaciones, pero pueden ubicarse en una especie de situación intermedia, al tener tales relaciones económicas características tanto de uno como del otro tipo de flujos.
Las recompensas y las gratificaciones son también tipos de relaciones económicas particulares, que comparten características tanto de los intercambios como de las donaciones y de las compensaciones.
Un caso muy particular de flujos económicos es el de los sorteos, rifas u otras modalidades en que es el azar o una ley de probabilidades quien determina cual sea el sujeto beneficiado entre un conjunto de sujetos que participan -generalmente por haber efectuado una contribución proporcional- en la relación económica.
Además de los tipos de relación económica que implican transferencias al interior de una organización y transferencias entre sujetos independientes, existen otros flujos económicos que, siendo menos observables y cuantificables que los anteriores, no por ello son menos reales. La característica esencial de los flujos económicos a que nos referimos consiste en que el sujeto manifiesto de la actividad económica que determina el flujo es uno solo, mientras que como resultado de dicha actividad se verifican transferencias económicas entre terceros.
Una gran empresa monopólica, alterando los niveles de producción o variando directamente los precios de sus productos, genera un conjunto de cambios en la estructura de la oferta y la demanda de productos relacionados, de manera que algunos sujetos económicos resultan beneficiados a expensas de otros, efecto éste que, probablemente, no ha sido expresamente buscado por el monopolista al tomar sus decisiones. El Estado eleva los aranceles de importanción de ciertos productos, favoreciendo de este modo a los productores internos que compiten en dicho sector de la producción, perjudicando a los consumidores por el alza de precios resultante, alterando la estructura de costos de otros productores, etc. El Estado fija contingentes (volúmenes máximos de actividad legalmente permitida), establece racionamientos (límites a las compras de ciertos productos), decide controlar niveles de precios y de salarios, otorga licencias preferenciales, subvenciona determinados rubros de actividad, establece impuestos especiales a determinados productores o a ciertas actividades económicas definidas; en todos estos casos, hay un efecto redistributivo de la renta, que significa siempre la generación de flujos y transferencias de riqueza entre los particulares, cuya dirección y magnitud pueden ser variables y diferentes si se considera el corto o el largo plazo. Este tipo de flujos económicos ha sido considerado por Boulding como caso de "donaciones implícitas", y las teorías económicas tradicionales los consideran como "incidencias" que se verifican en el mercado de los intercambios. Desde el punto de vista en que nos hemos puesto en este análisis, debemos reconocerlos como constituyentes de un tipo característico de relaciones económicas, distinto de las anteriormente consideradas, que podemos denominar relaciones de incidencia redistributiva.
9. No se agota aquí el panorama de las diferentes relaciones económicas que se observan en las sociedades modernas; pero las señaladas son indudablemente sus formas más importantes, y en su conjunto significan probablemente un volumen que se aproxima al 100% del total de los flujos económicos reales. En su presentación las hemos tipificado en base a ciertos patrones estructurales de comportamiento que son comunes a actividades que, sin embargo, son siempre particulares y por lo tanto siempre diferentes unas de otras en alguna medida. Distinguimos una forma específica de relación económica allí donde los comportamientos de ciertos sujetos económicos determinados han alcanzado un significativo grado de generalización, llegando incluso a normativarse, alcanzando así una creciente homogeneidad. Cuando esto sucede, el tipo de relaciones dado puede ser teorizado, habiendo adquirido carta de ciudadanía económica.
Ahora bien, cuando un tipo de relaciones económicas alcanza un cierto grado de difusión, de manera que los sujetos que proceden conforme a ella y los bienes que se transfieren en dicho modo llegan a constituir una realidad económica significativa, tiende a configurarse -en el seno de la economía global- una especie de circuito económico o "mercado" particular, dado por el entrelazamiento de las operaciones, flujos y sujetos involucrados en esas relaciones económicas. En este sentido pueden distinguirse, por ejemplo, un "mercado de intercambios", un "mercado de donaciones", un "mercado cooperativo", etc.
En la práctica, sin embargo, los entrelazamientos tienden a ser más complejos, en el sentido que se constituyen verdaderos sectores económicos donde se entrelazan comportamientos y relaciones económicas afines, que tienen en común algún elemento que los lleva a integrarse realmente. Es de este sentido que nos referimos más adelante a un sector solidario de la economía, constituido complejamente en base a relaciones de comensalidad, cooperación, reciprocidad y donación.
A su vez, todos los flujos y relaciones económicas, den o no lugar a "mercados" o a sectores particulares, se entrelazan unos con otros, se influyen y condicionan recíprocamente. Un mismo sujeto o unidad económica se relaciona con los demás a través de actividades y comportamientos que se inscriben en varios de los tipos de relación económica mencionados; un mismo activo económico puede circular en la sociedad pasando a través de diversas relaciones económicas. Por ejemplo, con el dinero recibido como donación una institución educativa compra en el mercado de los intercambios ciertos instrumentos pedagógicos, que luego asigna jerárquicamente a distintos departamentos de trabajo, para la realización de ciertas operaciones que se efectúan en forma cooperativa.
Llegamos así a la conclusión de que en toda sociedad concreta existe un complejo sistema de relaciones a través de las cuales los bienes, servicios y factores económicos fluyen, dando lugar a una determinada distribución de la riqueza y asignación de los recursos; es lo que se denomina mercado determinado, y que ahora reconocemos constituido por relaciones y flujos de comensalidad, cooperación, tributación, asignación jerárquica, intercambio, donación, reciprocidad, compensación, recompensa e incidencia redistributiva. El reconocimiento teórico de esta complejidad del mercado tiene la más alta importancia e innumerables implicaciones, como veremos más adelante.