ESTACIÓN OCHENTA Y SIETE - ENCUENTRO CON MAURICE BLONDEL

ESTACIÓN OCHENTA Y SIETE

ENCUENTRO CON MAURICE BLONDEL

 

Cuando Henri Bergson comenzó a alejarse noté que a cierta distancia se encontraban otros dos hombres sentados en una banca, que me dieron la impresión de haber estado escuchando en silencio. Eran los pensadores que esperaban su turno para encontrarse conmigo.

Uno de ellos se levantó al ver que el filósofo y yo nos despedíamos. Se dieron un abrazo afectuoso, y mientras Bergson se encaminó a tomar asiento donde había estado el hombre, éste se presentó ante mí.

No es mi intención molestar”. – dijo en tono amable. “Fui convocado por Sabiduría, y heme aquí, dispuesto a complementar con algunas ideas que elaboré cuando viví en la Tierra, la brillante lección que acabamos de escuchar a Bergson.

Soy Maurice Blondel, contemporáneo del maestro pues nací dos años después que él, y como él, fui francés”.

 

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Le expresé mi sincera alegría de poder escucharlo, le agradecí su disposición a enseñarme, y le pedí que me expusiera una síntesis de su pensamiento, especialmente en aquello que complementa y enriquece lo que habíamos recién escuchado a Bergson.

Así como Henri centró su investigación en la Vida y en el ‘elán’ o impulso que la lleva hacia el espíritu, yo centré mi estudio en la Acción, que en última síntesis se orienta también hacia el espíritu.

Mientras él enfatizó el pensamiento, la intuición y el conocimiento, yo enfaticé la voluntad, el querer y el actuar. No creo que se disguste si digo que fuimos como dos hermanos, muy distintos, pero que caminamos juntos, uno al lado del otro.

Yo parto de una pregunta”. Continuó: “¿Tiene, sí o no, la vida humana un sentido, y el hombre un destino? La cuestión es inevitable, y cada uno la resuelve, bien o mal, en sus acciones, en sus prácticas de vida. Por eso es necesario investigar la acción, para encontrar en ella la respuesta necesaria.

Ante todo, debemos asumir que actuamos, inevitablemente, pero sin saber en qué consiste la acción, sin haber deseado vivir, sin conocer exactamente quién soy ni por qué vivo. No es posible escapar al querer y al actuar, y por consiguiente, no es posible esquivar la pregunta por el sentido de ese querer y de ese actuar.

 

Pieter Bruegel

(Pieter Bruegel)

Actuamos inevitablemente, y ese actuar deja su huella en nosotros, y nos condiciona en lo que somos y en lo que queremos y en lo que podemos continuar realizando. En ello se esconde el sentido de la vida; y es allí donde podremos develarlo.

La voluntad siempre quiere algo. Pero el hecho clave que hay que ver, y que es donde se esconde el misterio del sentido de la vida humana, es la desproporción total que hay entre nuestra voluntad que quiere, que es ilimitada en sus aspiraciones y que no se sacia nunca, y lo que concretamente quiere, que es siempre algo determinado, por lo cual la voluntad permanece siempre insatisfecha.

En esa brecha entre lo que uno cree desear y satisfacerse cotidianamente, y lo que uno desea en profundidad, como movimiento espontáneo del desear ir siempre más allá, se descubre el sentido de nuestra existencia, que es, precisamente, no lo que concretamente deseamos y hacemos en lo cotidiano, sino aquello que en lo más íntimo nos mueve a desear y a actuar.

La acción nos saca de nosotros mismos, está destinada a intervenir en la naturaleza, en la sociedad, y en las relaciones de unos con los otros de quienes dependemos en virtud de la acción. La voluntad, la acción, engendran la familia, la comunidad y la sociedad humana. Pero allí no reposan, no se sacian, quieren más.

Pues la acción no permanece como algo puramente exterior, sino que es una toma de posesión de sí mismo. El hombre busca en la acción su perfeccionamiento, su propio acabamiento.

Para lograr ser mejor y más completamente uno, no se debe ni se puede permanecer solo. De hecho nunca actuamos solos. Toda acción es co-acción con el medio y con otros sujetos y, por esto mismo, la acción producida nunca es igual a la acción proyectada.

Además, una vez realizada, la acción tiende a interpelar y penetrar a otros actuantes; por eso es esencial la cooperación en el actuar.

"Pero debe entenderse que la acción, en cuanto verdadera acción humana, es manifestación de la voluntad del individuo, que es libre y que busca ser crecientemente autónomo. Los condicionamientos no determinan la acción, más que parcialmente.

Por eso, la acción es expresión de algo que no está sujeto enteramente a la materia, y que llamamos espíritu. La voluntad, al actuar, se libera aún más, se hace espíritu. La libertad se despliega y expande en la acción.

 

Renoir

(Renoir)

Como la voluntad humana no se satisface con nada, todos los intentos de acabamiento fracasan. Este fracaso es el gran misterio que plantea la acción. Pero ¿estamos condenados al fracaso?

No, pues en el mismo fracaso de la acción advertimos en nosotros una voluntad superior al fracaso mismo. Reconocer la insuficiencia de cualquier objeto presentado a la voluntad, sentir la debilidad de la condición humana, nos lleva a, y esa misma insatisfacción es, una referencia a algo superior.

En este conflicto de la voluntad se descubre, así, la presencia del ‘único necesario’. Y aquí se plantea el dilema: ser sin Dios, o ser con Dios.

La primera opción encierra al sujeto en sí mismo y le encamina al sinsentido. La segunda, lo pone ante una realidad que le es absolutamente imposible, inaccesible, y que al mismo tiempo le es necesaria.

Quien ame la verdad tendrá que preguntarse si es o no razonable suponer la existencia de Dios, en base al deseo de Dios.

 

Diego de Velásquez

(Diego de Velásquez)

Pero no se trata de encontrar una respuesta con la razón, sino en la misma acción. Es la acción la que convoca a un complemento necesario de ella misma. En la acción vamos descubriendo que lo que busca la voluntad, es a Dios.

La acción no se completa en el orden natural. Es necesario vivir y actuar con el corazón, actuar como práctica de la libertad y del amor, para ver el espíritu.

Si hablo de espíritu, de lo sobrenatural, de Dios, no es algo extraño, impuesto desde fuera. Es un grito de la naturaleza, de la voluntad, del amor necesario en búsqueda de su plena realización.

De algún modo, en última instancia, la acción genera el deseo de dejarnos sustituir por Dios, en una comunión universal. Esta comunión es posible sólo porque el Ser es amor, y el amor es mezcla de sustancias”.

Blondel dio por terminada la lección. Yo lo había escuchado con atención e interés; pero un cuestionamiento se había formado en mi mente y sentí la necesidad de discutir con él.

Pensé oportuno no ir directamente al punto sino establecer un nexo, algo personal que nos vinculara, que facilitara la conversación y que suavizara la crítica que pensaba plantearle. Le dije:

Usted escribió su obra principal, que lo hizo célebre, en la soledad de una casa campestre que sus padres poseían en Borgoña. También yo estudio, me inspiro y escribo en la sosegada condición de la vida del campo. ¿Piensa usted que ese apacible ambiente campesino ejerce influencia sobre el pensamiento y queda de algún modo reflejado en la obra que allí se crea?

El pensamiento requiere concentración, y la soledad y el silencio mantienen distantes las distracciones que lo descentran de su objeto” – respondió.

Profesor – le dije –, su concepción de la acción me parece fascinante, pero me surge una cuestión muy seria sobre la que quisiera pedirle su opinión. ¿Me permite?

¡Adelante!” – respondió simplemente.

Animado por esa invitación comencé a detallar mi inquietud.

Existe actualmente en el mundo una suerte de endiosamiento de la acción, de la praxis, de la voluntad, de los deseos. En mi opinión, ello es éticamente discutible y genera graves daños. El principal de ellos es que aleja, especialmente a los jóvenes, del estudio, la reflexión y la contemplación.

Se trata de una tendencia poderosa, voluntarista y pragmática, que adopta distintas formas y que tiene diferentes manifestaciones.

En la escuela no se enseña a pensar, la filosofía es asignatura marginal, mientras se privilegian las técnicas y las competencias prácticas.

Incluso en el desarrollo de las ciencias, la especialización extrema conlleva el desprecio de las teorías generales, al tiempo que se esperan resultados eficaces de la aplicación metódica de protocolos técnicos.

Yo sospecho, más bien yo creo, que las élites dominantes fomentan el desprecio de los saberes teóricos porque de ese modo las multitudes son más fácilmente manipulables, y las personas cumplen roles subordinados, como ejecutores dóciles de las decisiones e intereses de quienes reservan para sí el conocimiento y la conducción social.

Entonces, cuando usted centra su filosofía sobre la acción, y la levanta como sede privilegiada del sentido de la vida, ¿no será que ha fomentado una orientación nociva?

Usted, como filósofo cristiano, ¿no cree haber influido en el desarrollo de teologías centradas en la acción, como son por ejemplo la teología de la política, la teología de la revolución, la teología de la acción y otras similares?

Incluso me atrevo a ver en la metodología del ‘ver, juzgar y actuar’ que se emplea tan abundantemente en la formación de los cristianos, una orientación pragmática, en cuanto el ‘actuar’ se presenta como la meta, el fin, el objetivo, mientras que el conocimiento, o sea el ver y el juzgar, es instrumental, un medio para ir a la acción.

Blondel me escuchó en silencio. Me pareció que su rostro ensombrecía. Afligido, pensativo, finalmente exclamó:

Me entristece pensar que mis obras puedan haber fomentado las tendencias que describe, que son enteramente ajenas a mi pensamiento.

 

Diego de Velasquez

 

Déjeme decirle, ante todo, que para mí el pensamiento constituye una forma eminente de la acción. La acción no excluye, sino que incluye al pensamiento. Escribí que “por Acción hay que entender el acto concreto del pensamiento vivo que nos expresa a nosotros mismos juntamente con todo lo demás; tanto como la iniciativa por la que nuestros instintos, nuestros deseos y nuestras intenciones se expresan en todo el resto”.

Pero no solamente eso. Toda mi elaboración apunta a señalar que la Acción es, en definitiva, insuficiente, pues en ella no es posible alcanzar el fin al que la misma acción, la voluntad y el querer aspiran.

La acción debe ser trascendida. En tal sentido es que dije: “Yo estudio, en la acción, aquello que precede y prepara, aquello que sigue y desarrolla, el hecho mismo del pensamiento”.

Llegado a ese punto Blondel volvió la vista hacia el tercer hombre, que escuchaba sentado junto a Bergson. Lo vi ponerse de pie y caminar hacia nosotros. Blondel fue a su encuentro, se abrazaron, y el hombre al llegar frente a mí se presentó:

Soy Teilhard de Chardin, también francés, contemporáneo de los dos maestros que acabas de escuchar, y también convocado por Sabiduría para exponerte lo esencial de mi aporte al conocimiento y al desarrollo espiritual del mundo.”

Lo que me explicó Teilhard lo resumo en el relato que sigue.


 

Luis Razeto

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