BASTA UNA SEMILLA ALADA AL CAPRICHO DE LOS VIENTOS - Antoine De Saint-Exúpery

BASTA UNA SEMILLA ALADA AL CAPRICHO DE LOS VIENTOS

Siempre has visto lo que es fuerte aplastado por lo que es débil. Sin duda, esto es falso en el instante mismo, de lo que resultan las ilusiones de tu lenguaje. Porque olvidas el tiempo. Y, por cierto, el niño miserable si suscita la cólera del gigante, el gigante lo pisará. Pero no es del juego ni del sentido del niño miserable provocar esta cólera del gigante. Sino no ser observado. O ser amado. Y en la adolescencia, quizás ayudado a fin de que el gigante tenga necesidad de él.

Después llega la edad de las invenciones, y el niño crecido forja un arma. O bien, muy simplemente, sobrepasa al otro en talla y en peso. O bien, más simplemente todavía, el niño habla y drena mil hombres alrededor de sí, que conducirá contra el gigante y que serán para él como una armadura. ¡Ve a tocarlo a su través!

Y el campo de trigo, si descubro una sola semilla de cizaña, lo reconozco vencido. Y el tirano y sus soldados y sus gendarmes, si hay en algún lugar en su pueblo un niño como el de Ibrahín que comienza a desarrollarse y a madurar la imagen nueva que ordenará al mundo como un justillo de hierro (porque descubro prontas las líneas de fuerza), lo veo ya desmantelado y arrojado a tierra como esos templos de los que una sola semilla ha llevado a su fin; porque era de un árbol gigante que ha desarrollado sus raíces con la paciencia del que se despierta y se estira y lentamente hincha los músculos de su brazo. Pero esta raíz hizo vacilar un contrafuerte, la otra derribó un casco. El tronco ha reventado la cúpula en su piedra angular, y la piedra angular se ha derrumbado. Y el árbol reina en adelante sobre los materiales en desorden transformados en polvo, del que extrae su jugo para nutrirse.

(...) Me basta con una semilla alada al capricho de los vientos.

¿Qué muestras si el tiempo se desarrolla? Ciertamente, es invisible, en apariencia, esta ciudad dentro de su armadura. Pero sé leer. Pero semilla sin germinar aún y que no conoce su propio poder. Mi ejército ha brotado del agua profunda del pozo de El Ksour. Somos semillas salvadas por Dios. ¿Quién se opondrá a nuestra marcha? Me basta con hallar la falla en el armadura, para rajar ese templo con el despertar del árbol encerrado en su semilla.

(De la Nota 159)

 

EL PODER INFORMULABLE DE LAS ESTRUCTURAS NUEVAS Y FÉRTILES

”Si oyes que una religión se queja de que los hombres no se dejan conquistar, limítate a reír. La religión debe absorber a los hombres, no los hombres sometérsele. No reprochas a la tierra no formar un cedro.

”¿Crees que todos aquéllos que van predicando una religión nueva, si la distribuyen por el mundo y alinean a los hombres en ellas, es a causa del ruido que hacen, de la habilidad de sus reclamos o el lujo de su alboroto? Pero he escuchado demasiado a los hombres para no comprender el sentido del lenguaje.

Y qué resulta de acarrear del otro a ti algo de fuerte que es punto de vista nuevo y que busca por sí mismo alimentarse. Hay palabras que arrojas como semillas, las cuales tienen el poder de drenar la tierra y organizarla en cedro. Y, ciertamente, hubieras podido sembrar el olivo y organizar en olivo. Y el uno o el otro prosperará, multiplicándose por sí mismo. Y, por cierto, en el cedro que crece oirás cantar al viento más y más fuerte. Y si la raza de hienas se multiplica oirás el grito de las hienas llenar más y más la noche. ¿Irás a decirme, sin embargo, que es el ruido del viento en las hojas del cedro el que llama a los jugos de la tierra, o la magia del grito de las hienas que cambia en hiena la carne de las gacelas salvajes? La carne de las hienas se recluta en la carne de las gacelas, la carne del cedro se recluta en los jugos de la rocalla. Los fieles de tu religión nueva se reclutan entre los infieles. Pero ninguno jamás es determinado por el lenguaje si el lenguaje no tiene el poder de absorber.

”Y absorbes cuando expresas. Y si te expreso eres mío. Te conviertes en mí necesariamente. Porque tu lenguaje en adelante soy yo. Y por eso digo del cedro que es lenguaje de la rocalla; pues ella se hace, a través de él, murmullo de los vientos.

”Pero ¿quién si no yo te propone un árbol dónde llegar a ser?» .

(...) No busco ni siquiera explicar la acción del hombre, por las palabras enunciadas o los móviles o los argumentos inteligentes, sino por el poder informulable de las estructuras nuevas y fértiles como el que hay en ese rostro de piedra que has mirado y que te cambia.

(De la Nota 160)

 

 

LOS ACONTECIMIENTOS CARECEN DE FORMA. TIENEN LA QUE EL CREADOR LES ACORDARÁ

(Mi padre) tomó a uno de sus convidados y lo empujó a la ventana:

—¿Qué forma dibuja aquella nube?

El otro observó largamente:

—Un león echado -murmuró por fin.

—Muéstralo a éstos.

Y mi padre, habiendo dividido en dos partes la asamblea, empujó a los

primeros a la ventana. Y todos vieron el león echado que les hizo reconocer el primer testigo trazándolo con el dedo.

Después mi padre los colocó a un lado y empujó a otro convidado hacia la ventana:

—¿Qué forma dibuja esa nube?

El otro observó largamente:

—Un rostro sonriente -dijo al fin.

—Muéstralo a éstos.

Y todos vieron el rostro sonriente que les hizo reconocer el segundo testigo trazándolo con el dedo.

Después mi padre apartó a la asamblea lejos de las ventanas.

—Esforzaos por poneros de acuerdo en la imagen que configura la nube –les dijo. Mas se injuriaron sin provecho; el rostro sonriente era demasiado evidente para los unos y el león echado para los otros.

—Los acontecimientos -les dijo mi padre- carecen igualmente de forma. Tienen la que el creador les acordará. Y todas las formas son verdad.

—Lo comprendemos respecto a la nube -le objetaron-; pero en cuanto a la vida… Porque si se alza el alba del combate y tu ejército es despreciable en comparación con la potencia de tu adversario, no tienes poder para actuar sobre el resultado del combate.

—Ciertamente -dijo mi padre. Como la nube se extiende en el espacio los acontecimientos se extienden en el tiempo. Si quiero amasar mi rostro tengo necesidad de tiempo. No cambiaría nada de lo que esta tarde debe concluirse; pero el árbol de mañana saldrá de mi semilla. Y ella es hoy. Crear no es descubrir para tu victoria de hoy una astucia que el azar te hubiera ocultado. Quedaría sin mañana. Ni una droga que te enmascare la enfermedad; porque la causa subsistiría. Crear es volver la victoria o la curación tan necesarias como el crecimiento del árbol.

(De la Nota 166)