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METODOLOGÍAS HUMANISTAS PARA LA INTEGRACIÓN SOCIAL.

Autor: 
Dr. Howard Richards

Metodologias humanistas para la integracion social.

 

Howard Richards, Universidad de Buenos Aires, 13 agosto 2010

 

Un vuelo de pájaro sobre un listado de métodos

 

Este es el primero de cuatro modulos sobre la metodología de la investigación científica. En los cuatro vamos a ver por lo menos en forma somera unos diecisiete temas sobre estrategias de investigación empírica y además unas referencias breves a otros. Comienzo con un vuelo de pajaro sobre las técnicas y métodos a tratar a fin de ubicarnos aunque sea burdamente en el terreno a indagar. Son:

 

1. Encuestas y cuestionarios

2. Entrevistas

3. Preguntas abiertas y cerradas

4. Codificación

5. Variables dependientes e independientes

6. Definiciones operacionales y conceptuales

7. Etnografías

8. Observación con participación con observación

9. Narrativas personales

10. Grupos focales

11. Análisis de casos

12. Distintos tipos de muestreo

13. Diseño experimentaly otros marcos teóricos

14. Entrevistas en lenguaje nativo

15. Teoría fundamentada (Glaser y Strauss)

16. Etnomedología (Garfinkel)

17. Interaccionismo simbólico (Goffman)

 

La metodología subyace y orienta el método

 

El módulo de hoy sin embargo es más teórico y menos técnico. Vamos a tratar menos de métodos y más de metodología.

 

Una metodología no es simplemente un conjunto de métodos. No es simplemente una caja de herramientas o de instrumentos de la cual se saca para una investigación determinada una u otra estrategia empírica.

La metodología es la filosofía subyacente que aporta los criterios para elegir las técnicas. Aporta los criterios para aplicar las técnicas. Tiene que ver con aquellos ramos de la filosofía que son la epistemología, la teoria del conocimiento, y la ética, la teoría de la acción humana. Intenta contestar las preguntas, ¿Qué es lo que es esta realidad social que estamos investigando cuando hagamos investigaciones sociales? Y ¿Con qué finalidad, o con cuáles finalidades, investigamos?

 

La metodología es, por lo tanto, un campo muy amplio y muy conflictivo. Todas las luchas por el poder al interior de la universidad y en la sociedad afuera llegan en determinado momento a ser luchas acerca de la metodología. La metodología es también algo intensamente personal. Cada uno de ustedes ya tiene de alguna manera una filosofía de la vida. A través de los cuatro módulos su filosofía va a crecer por un encuentro con temas candentes de la metodología de la investigación científica. En su práctica como investigadores, sea a pequeña escala sea a mayor escala, van a trascender su epistemología y su ética, vale decir su visión de qué es lo que es el conocimiento y para qué sirve, y van a trascender sus valores.

 

Primeras definiciones de “humanista” “integración social” y “transformación

 

Confieso en mi título que soy partidario de metodologías humanistas para la integración social. Soy partidario de una transformación
humanista que conduce a la integración. Durante el día voy a profundizar paulatinamente lo que quiero decir por “humanista,” por “integración social” y por “transformación.”

 

Comienzo con una primera pista: Una metodología es humanista cuando se acerca a los sujetos en su calidad de personas, en su calidad de seres humanos. Conviene agregar una pista negativa: Una metodología no es humanista cuando se acerca a los sujetos como si fueran cosas, o como si fueran máquinas.

 

Otra pista para comenzar: La integración social se refiere a la inclusión de las personas en un orden social normado. Es más que incluir a los carenciados en la repartición de alimentos, de vivienda, de servicios de salud, y demás necesidades básicas. Es incluir a las personas en la dignidad, en la responsabilidad, en la convivencia fraterna. Se refiere no solamente a la socialización de los pobres, sino también a la socialización de los ricos.

 

Una tercera pista para comenzar: La transformación significa un cambio de normas básicas, y no cualquier cambio sino cambio en un sentido bien ejemplificado en la vida y obra de Mahatma Gandhi, un cambio hacia una ética de servicio a los demás y hacia una verde austeridad armoniosa con la biosfera.

 

Metodología y filosofía general

 

No voy a intentar resumir las distintas escuelas de pensamiento sobre la metodología, lo que equvaldría a resumir toda la filosofía de las ciencias y toda la filosofía de la política y la ética. Lo que voy a resumir es la metodología mía, lo que es por supuesto la metodología que a estas alturas me parece la más recomendable. Es hasta nuevo aviso el fruto más actual de mis experiencias, lecturas, y reflexiones. Me voy a referir claro que sí a numerosos autores clásicos y contemporáneos de las cuales he sacado elementos de mi filosofía. Espero que ustedes van a ser lo mismo, derivando de sus experiencias, sus lecturas, y de sus reflexiones su propio pensamiento, su propia abordaje filosófico, y en fin su propio estilo para seleccionar y aplicar las técnicas o estrategias de investigación empírica.

 

Creo que en este momento de la historia de la humanidad nada menos que profundos cambios culturales son necesarios. Faltan soluciones a problemas básicos, como los son el desempleo, la delincuencia y la violencia en general, y la destrucción ecológica. No se encuentra soluciones al interior de las pautas culturales que actualmente organizan la vida humana. Los viejos paradigmas ya no funcionan. El marco normativo de la ley civil que nos gobierna ya no funciona. A nivel de la metodología de la investigación científica se puede hablar de la necesidad de humanismo y de la necesidad de aportar por la investigación a la integración social. Así mi pasión para aportar a la solución de los problemas principales de la humanidad ha llegado a ser una pasión filosófica a favor de determinados metodologías de investigación científica.

 

Evidentemente tengo que limitar mis ambiciones en cuanto a qué queremos lograr en cuatro módulos, y en cuanto a qué quiero lograr hoy. Aunque creo que no haya soluciones al interior de nuestra actual organización social al desempleo, a la violencia, y a la destrucción del medio ambiente, no me alcanza el tiempo para convencerles a ustedes que así es. Quizás ustedes ya lo creen antes que yo diga nada. Tampoco tengo tiempo en estos modulos para bosquejar planes para llegar a cero desempleo, para construir culturas de paz, y para salvar la biosfera. Aunque he bosquejado tales planes junto con varios co-autores y les mando por mail se les interese, no me alcanza el tiempo para presentarles aquí y ahora en detalle. Tampoco creo que haya planes únicos. Creo que las soluciones son múltiples y diversos. Creo que en gran parte tendrán que ser confeccionados sobre la marcha y no diseñados de antemano.

 

Sin embargo confieso que me acerco a la metodología de la investigación social con una visión pesimista y un proyecto ético. Ustedes no me van a entender sin este trasfondo. Soy pesimista porque más acá de transformaciones culturales de las normas que organizan la sociedad no creo que haya soluciones. Mi proyecto es ético. Aunque no les presento soluciones detalladas a problemas determinados, les voy a ofrecer una serie de pensamientos sobre la forma general de las soluciones necesarias. Tienen que ser cambios culturales, comenzando y terminando con cambios personales. Las normas, reglas, pautas que guian y organizan la acción humana tienen que subir a niveles mayores de solidaridad y de auto-disciplina.

 

Aunque esto general y vago, aunque siempre van a faltar detalles, creo que puedo indicar lo suficiente para orientar la metodología de la investigación. Aunque será limitado lo que puedo lograr en el tiempo disponible, creo que será suficiente. Será suficiente para fundamentar una preferencia para una metodología humanista. Será suficiente para mostrar que el tipo general de aporte que corresponde a la investigación científica, y así para orientar la selección y uso de técnicas específicas en los tres módulos restantes. La investigación debe ser una parte de la solución y no una parte del problema. Por eso debe ser humanista.

 

Teoría y práctica

 

Sospecho que me pasión por los problemas principales de la humanidad va a suscitar por lo menos en algunas almas ciertos reparos . No todos se apasionan para solucionar los problemas de la especie entera y del planeta entero. Algunos puedan decir, “Pero yo soy el ganapanes (o la ganapanes) de mi familia. Lo que quiero aprender en un curso de metodología de la investigación es cómo ser un trabajador más eficiente, para que me renten mejor y así aporto más a la casa. Puesto que tengo que pensar en el bien de mi pareja y mis hijos, no alcanzo a pensar ni siquiera en el bien de Argentina, menos en el bien de la humanidad.”

 

Por mi parte, no niego que soy sentimental, ni niego que como niño fui el mayor hermano en un hogar con padre ausente. Sabemos que los hermanos mayores como yo lo fui tenemos fama de ser preocupados por el bien mayor. Aunque así confieso que soy apasionado por el destino del planeta entero, ofrezco dos hipoteses por el consuelo de quienes no comparten mis mega-pasiones.

 

1. Un primer consuelo es la tesis de Mahatma Gandhi que nuestro mundo es tal que al servir a los más prójimos, la familia y los vecinos, uno sirve a la vez a la humanidad.

 

2. Un segundo consuelo para los ganapanes, y en fin para todos nosotros. Si es cierto que los problemas principales no tienen soluciones al interior del pensamiento ordinario, no puede ser inconveniente aprender algo sobre el pensamiento extraordinario alternativo que efectivamente aportara soluciones reales. No pueda dañarle la carrera a nadie aprender una metodología que resuelve problemas que las mayorías todavía no sepan resolver.

 

Invito pues a los ganapanes a acompañarme con la esperanza que algo vayan a aprender que les sirva para mejor atender a sus seres queridos y para avanzar en sus carreras. Comenzemos pues con metodología, en un sentido amplio y filosófico, confiando que no haya nada tan práctico como una buena teoría. Intentemos nada menos que comprender en forma general y sintética el mundo actual que nos rodea.

 

Tres conceptos introductorios

 

Con semejante finalidad grande y abarcadora ofrezco tres conceptos introductorios. Sirven como tres puentes para acercarnos a la realidad que vamos a investigar con las técnicas que vamos a aprender. Primero el concepto de “war system” (sistema de Guerra) de Betty Reardon. Segundo el concepto mío de “edad de caos.” Tercero el concepto de Emile Durkheim que sale en el título de este módulo: el concepto clave de “integración social.”

 

 

 

El sistema de guerra

 

1. Primer concepto introductorio: El sistema de guerra. Para comentar el concepto de sistema de guerra de Betty Reardon parto con el concepto de investigación científica para la paz de Kenneth Boulding. Boulding era junto con Johan Galtung y pocos otros fundador del campo de investigación científica para la paz en los años 40 y 50 del siglo pasado. Planteó lo siguiente: Ahora debido a las armas nucleares y otras armas de siempre creciente poder destructivo, la especie humana por la primera vez en su historia ha llegado a tener el poder de destruirse. Ya era creíble a mediados del siglo veinte pensar que el uso de las nuevas armas en escala mayor podría dejar la tierra tan envenenada con materiales radioactivos que la vida humana difícilmente podría continuar. Por lo tanto, dijo Boulding, hay que volcar todo el poder de la ciencia a solucionar aquel problema que tiene que ser la primera prioridad: la prevención de la guerra nuclear. Las soluciones de los demás problemas podrían postergarse. Como reza el refrán, “no se puede hacer dos cosas bien.” En cuanto al método científico, Boulding no tuvo mayores dudas. No le pareció en general necesario encontrar nuevas metodologías. Pensaba principalmente en aplicar conocidas técnicas de investigación científica. Pensaba Boulding en jerarquizar prioridades. La primera prioridad fue, o parecía ser en los años 50 del siglo pasado, conjurar la amenaza nuclear.

 

Medio siglo después, a finales del siglo veinte, Betty Reardon con su concepto de sistema de guerra desmiente al tipo de pensamiento que representaba Boulding. Según la autora la guerra no es una práctica humana separable de la institucionalidad vigente. Todos los aspectos de las sociedades en las cuales vivimos están organizados en torno a la guerra, e inclusos las relaciones entre los géneros, las relaciones entre los pueblos y etnías, la economía, los mitos e ideologías que dan sentido a la vida, las formaciones políticas –en fin todo. Es imposible volcar la atención prioritaria de los científicos a la guerra, abolirla, y acto seguido dedicarse a investigar las soluciones de los problemas de menor prioridad como las son la pobreza, el desempleo, la violencia étnica, la delincuencia, epidemias de enfermedad mental y alcoholismo, la ecología etc. Hay un solo sistema. El principio rector que más que ningún otro determina el rumbo este sistema único es aquella violencia organizada que se llama guerra.

 

El concepto de war system de Reardon nos conduce a una actitud cuestionadora hacia las principales metodologías de investigación científica. Cuestionamos si sean capaces de comprender sistemas, y en particular cuestionamos si sean capaces de comprender el sistema de guerra, puesto que Reardon lee el moderno sistema-mundo en el cual vivimos como un sistema de guerra. Por eso cuestionamos si valga la pena definir hipótesis y probarlas en cuanto a uno u otro problema social determinado. Ya nos parece necesario confeccionar un proceder científico capaz de captar la dinámica del sistema global de guerra y capaz de orientar un cambio de su rumbo. Por eso la metodología que buscamos debe ordenar las 17 técnicas que vamos a aprender en función de su capacidad para comprender un solo sistema. Como dice otro famoso partidario del concepto del sistema-mundo moderno Immanuel Wallerstein, la ciencia social tiene un solo objeto de estudio. Quienes pretenden estudiar problemas aislados no son científicos aunque pretenden serlo, porque los objetos que pretenden comprender no existen. Lo que existe es lo que Betty Reardon llama el sistema de guerra, o lo que otros llaman la economía global o el moderno sistema-mundo.

 

La edad de caos

 

2. Segundo concepto introductorio: mi concepto de “edad de caos.” Mi interpretación de la época que me ha tocado vivir como desde las últimas décadas del siglo veinte el principio de una edad de caos se refiere a nuestro rumbo hacia niveles cada vez mayores de caos social y catástrofe ecológica.

 

A mi parecer la tendencia al caos social y a la catastrofe ecológica es observable. Mucho depende de cómo uno describe lo que se ve todos los días. Elijo la palabra “caos” para nombrar una serie de problemas que ya tienen otros nombres: desorden, delincuencia, narcotráfico, niños que faltan respeto a los mayores, ingobernabilidad, violencia, juventud alienada, población marginal, exclusión social, y otros. Trato de hacer con “caos” algo semejante a lo que hizo Emile Durkheim con su concepto de “anomia.” Durkheim quería llamar la atención a un rasgo común de muchos problemas: faltan normas sociales gobernando la conducta humana. Hay una especie de vacío o agujero en la cultura; donde debe haber cultura no hay nada.

 

Críticos de Durkheim han dicho que lo que él y sus seguidores llaman falta de normas es en verdad a menudo otro tipo de norma, por ejemplo las normas que reconocen los delincuentes entre sí. Rescato pues lo que quiso decir Durkheim enmiendolo con otra palabra, “caos.” Así me refiero al desorden general que se asocia con normas débiles o inexistentes, y también me refiero a normas que existen pero que sean notablemente anti-funcionales desde un punto vista social, por ejemplos las normas de los delincuentes o los que prescriben un consumo suntuario que conduce hacia la catástrofe ecológico.

 

Al nombrar así lo observado tengo en mente un análisis de sus causas y una propuesta de remedio. El remedio llamo “integración social.”

 

Resaltar “integración social” puede parecer un error porque puede parecer que los problemas más serios no sean sociales sino ecológicos. Entre los dos, caos social y catástrofe ecológica, evitar la catástrofe ecológica puede parecer la mayor prioridad por la misma razón que dio Kenneth Boulding por dar prioridad a evitar la guerra nuclear. Los seres humanos podemos por lo menos sobrevivir y reproducirnos como especie bajo condiciones de desintegración del tejido social. Pero no podemos siquiera vivir físicamente si se pierdan los delicados equilibrios que existen en en la cascara biosférica entre la superficie del planeta y la altura donde la atmósfera se acaba. Si enfoco el logro de la integración social como remedio, no es porque subestimo la importancia apremiante de hacer el comportamiento humano compatible con las leyes de la naturaleza. Es porque creo que no podemos realizar planes racionales para vivir en armonía con el medio ambiente por la falta de cohesión social que padecemos. Al decir de Herbert Marcase, somos presos de una racionalidad irracional. El camino a la integración pasa por superar nuestra irracionalidad y división. En la medida en que logremos integrarnos socialmente, estaremos en condiciones de crear el futuro verde y frugal que a mi juicio es el único futuro fisicamente posible.

 

Un ejemplo de nuestra racionalidad irracional es aquella dinámica que nos obliga a menudo elegir entre empleo y medio ambiente. Por dicha dinámica irracional no se atreve a menudo a imponer criterios verdes a la industria. Vivimos con el temor de desincentivar la industria y así perder puestos de trabajo. Se puede dar muchos otros ejemplos.

 

Uno de los determinantes principales del creciente caos es que ahora los ricos ya no necesitan a los pobres, ni para producir ni para consumir. Por eso hay una población excluida de la economía. A menudo viven sin trabajar a expensas del fisco público o a expensas de la caridad privada. O viven por la delincuencia. O viven por una combinación de actividades ilegales, caridad pública y privada, y trabajo legítimo de carácter precario. Es una población creciente que no se incorpore mayormente a la economía productiva, a veces por varias generaciones seguidas. Esta población marginada no es la única causa del caos, pero es una de sus causas importantes. Notablemente, la desindustrilización de las últimas décadas del siglo veinte ha dejado en la marginalidad muchos cuyos abuelos eran trabajadores industriales. Esta sequela de la desindustrialización nos da una razón por llamar “edad de caos” la época que ha sido recien comenzando a partir de los finales del siglo veinte, aunque seguramente las raices del caos remonten a un pasado más remoto.

 

Entre los que constatamos la gravedad de los problemas actuales, cada día somos más quienes hemos sacado la conclusión que no tienen soluciones más acá de los cambios culturales profundos. Son cada día menos quienes piensan que la solución sea pasar todas las industrias al sector público, o que sea pasar todas las industrías al sector privado, o que sea simplemente elegir a políticos honestos, o que sea posible imponer criterios ecológicos y sociales a la economía sin modificar la dinámica de rentabilidad que la mueva, o que sea posible aprender a solucionar los problemas principales con más investigaciones científicas al interior de los paradigmas científicas actualmente dominantes.

 

Dicho de otra manera, ahora muchos se dan cuenta que el idealismo es el único realismo que nos queda. A estas alturas lamentar que el idealismo no es factible ha llegado a ser equivalente a simplemente negar que nuestros problemas más vitales tengan solución alguna.

 

Las palabras “cambio de paradigma” se encuentran a flor de labios de cualquiera. Cualquiera reconoce que redoblar los esfuerzos sin cambiar el pensamiento es inútil. Con mis co-autores tratamos de ser más específico al proponer metodologías humanistas. Vale decir proponemos un idealismo sistemático.

 

He venido diciendo que la metodología no es el método sino la filosofía que subyace el método. Puede ser buen momento para dar un ejemplo para recalcar esta diferencia entre “metodología” y “método.”

 

Saco mi ejemplo del número 16 de mi listado de 17 estrategias de investigación empírica que vamos a ver. Es la etnomedología, una tendencia cuyo mayor referente ha sido Harold Garfinkel. Hace años me tocó realizar una investigación para evaluar un proyecto de desarrollo comunitario entre campesinos en el sur de Chile. Fue un proyecto inspirado en gran parte por la educación popular. Se sabe que una gran meta de la educación popular siempre ha sido lograr la participación de la gente. Queríamos averiguar si efectivamente en las reuniones de los campesinos se habían establecido la norma que todos tienen derecho a hablar y a ser escuchado.

 

Para averiguar la existencia del logro de la meta elegí una técnica propia de la etnomedología que se llama a menudo “Garfinkeling” por el nombre de su autor y promotor. Esta técnica consiste en violar la norma. Así se puede averiguar si la norma efectivamente existe o no. Me puse a dictar catedra a los campesinos sin darles ninguna oportunidad para cuestionar o comentar. El resultado fue positivo. Efectivamente se había sentado entre ellos las normas de la participación, lo que cercioré porque me criticaron por violar sus normas.

 

Así utilicé una técnica de Garfinkel, pero no utilicé su metodología. Según Garfinkel la etnometodología pertenece a la micro-sociología. Es muy distinto de los macro-sociologias que estudian las estructuras sociales mayores. La filosofía subyacente de Garfinkel separa lo que pasa al nivel micro de lo que pasa al nivel macro. Para mi al contrario la educación popular de los campesinos formaba parte de una serie de movimientos sociales destinados a transformar la sociedad en el sentido de lograr la integración social. Fue por eso que el proyecto promovió la participación. Con la finalidad de verificar el logro de una meta concreta vinculada a un proyecto de transformación social elegí un método de Garfinkel, pero lo apliqué con criterios metodológicos bien distintos de los suyos.

 

Enfoco el aporte de la ciencia a los cambios culturales tan necesarios para superar el desafió de la edad de caos. Utilizo una serie de estrategias de investigación empírica que provienen de autores que no comparten ni mi metodología ni otra metodología semejante. Utilizo sus métodos sin necesariamente compartir la epistemología y la ética subyacente.

 

Enfoco el desafió de lograr la integración social. Encuentro que la cohesion tan necesaria para resolver problemas vitales en forma racional está desintegrándose con una rapidez alarmante. Cualquier otro enfoque me parece encaminado quizás a ganar unas batallas pero condenado definitivamente a perder la guerra. Para variar la metáfora, si somos todos la tripulación y los pasajeros de una nave que se hunde, no tiene sentido indagar otra cosa si no indaguemos primero si haya manera de evitar que nuestra embarcación termine al fondo del mar.

 

La integración social

 

3. Falta precisar más el concepto positivo de “integración social” que corresponde al concepto negativo de “edad de caos.” Ya dije antes: “La integración social se refiere a la inclusión de las personas en un orden social normado. Es más que incluir a los carenciados en la repartición de alimentos, de vivienda, de servicios de salud, y demás necesidades básicas. Es incluir a las personas, por pobres o ricos que sean, en la dignidad, en la responsabilidad, en la convivencia fraterna.”

Agregamos ahora una segunda definición de la integración social que es la siguiente: “Como integración social se entiende aquel proceso dinámico y multifactorial que posibilita a las personas que se encuentran en una situación marginal, a participar del nivel de bienestar socio vital alcanzado en un determinado país.” Es la definición que se encuentra on line en Wikipedia.

Para elaborar más el concepto conviene referirse a sus origines históricos en las obras de Emile Durkheim (1858-1917). Durkheim escribía de “solidarité sociale” como sinónimo de “integración social.” En forma negativa, Durkheim destaca como instancias de falta de integración social lo que él llama anomia (el concepto recién citado de falta de normas), egoísmo, falta de coordinación, y una división de trabajo que excluye y margina a una clase de personas. En su famoso estudio del suicidio, Durkheim pudo mostrar que cuando hay altos niveles de integración social hay bajas tasas de suicidio. Las altas tasas de suicidio corresponden a la desintegración social. Corresponde la desintegración social a fenómenos incluidos en lo que he venido llamando “caos.”

Investigaciones posteriores han confirmado las líneas generales de los hallazgos de Durkheim. (p.ej. Breault 1986) Las ideas de integración social y desintegración social han servido para aclarar otros fenómenos sociales más allá del suicidio y de la marginalidad económica, como los son el divorcio (Booth et al 1991), la delincuencia (Hartjen 1982), y el abuso de sustancias como el alcohol (Glassner y Berg 1980). Se ha podido mostrar que las enfermedades mentales ocurren con mayor frecuencia entre las personas en situaciones precarias y solas. La enfermedad mental es menos frecuente entre quienes gozan de la seguridad económica y de una familia y comunidad unida. (Nelson et al 2001)

Se puede extraer de Durkheim (principalmente de su estudio del suicidio y de su estudio de la división social del trabajo) (Durkheim 1897, 1893) una tercera definición de “integración social,” esta vez una definición que destaca rasgos estudiados en sus investigaciones empíricas:

Donde haya integración social:

  1. Las pasiones de los individuos son reguladas por símbolos culturales compartidos;

  2. Los individuos son unidos a las instituciones por rituales y rutinas de la vida diaria en las cuales todos participan, y que dan fuerza a su normatividad

  3. Las acciones son reguladas y coordinadas por normas sociales y por estructuras políticas legitimas

  4. Las desigualdades existentes son consideradas legítimas. Corresponden a distintos aportes a la sociedad cuyos méritos son generalmente reconocidas. (Turner, 1981)


 

Podemos decir, pues que la integración social es aquella felicidad y seguridad que corresponde a ser un miembro sólido de una familia u otro grupo social también sólido. Por eso Durkheim lo llama también “solidaridad social.” Lo llamo idealismo porque es un tejido de normas culturales. La cultura suele definir nuestros ideales.

Un marco epistemológico para una metodología humanista

 

Ahora termino mi discusión de mis tres conceptos introductorios: el concepto de “war system” de Betty Reardon con sus afinidades al concepto de “sistema-mundo moderno” de Immanuel Wallerstein; el concepto mío de “edad de caos;” y el concepto de Emile Durkheim de “integración social.” Debe servir esta introducción como puente para pasar de la vivencia de la desintegración social actual hacia algo que debe ser más universal y abarcador. Este algo es la epistemología, también llamado teoría del conocimiento.

 

Ahora voy a aquel terreno más universal y abarcador. Esbozaré un marco epistemológico para fundamentar metodologías humanistas de la investigación científica: Primero, propondré bases para el conocimiento científico de los seres humanos. Segundo, propondré bases para el conocimiento científico del sistema-mundo moderno, o sea del war system o la economía global.

 

Lamentablemente en el clima académico actual uno no puede simplemente proponer bases para un conocimiento general de los seres humanos, ni para un conocimiento general del sistema-mundo moderno. Tengo que decir por lo menos unas pocas palabras para defenderme contra quienes insisten que en principio no es posible ni deseable ningún conocimiento general de nada.

 

Es común hoy en día y ha sido común ya durante un siglo insistir que la ciencia social en principio debe limitarse a verdades específicos. Debe renunciar cualquier pretensión al descubrimiento de conocimientos generales. Aunque el mundo que nos rodea desciende cada día más al caos y al catastrofe es prohibido decirlo. Decirlo, dicen voces clamorosas, incide en el territorio vedado de generalidades que precisamente por su elevado nivel de generalidad no pueden ser ciencia. Es peor. Por ser “pensamientos totales” tienen olor a “totalitario.”

 

No puedo olvidar un incidente que presencié en Chile poco después del golpe militar de septiembre de 1973. Todos quienes trabajabamos en aquel entonces en la investigación científica de la educación chilena fuimos citados a dar cuenta de nuestras actividades ante el nuevo Ministro de Educación, un almirante vestido en un espléndido uniforme blanco sentado solo en el escenario frente a un auditorio lleno de investigadores. Todos tuvimos que decir algo para explicarle al almirante qué investigábamos y con qué finalidad. Se le ocurrió a un compañero investigador desahogar la inquitud que faltaba alguna síntesis de nuestras diversas investigaciones para sacar las conclusiones pertienentes para la política educativa. El almirante nos dio una orden. Todos debíamos limitarnos a nuestras especialidades específicas. Las conclusiones generales las iban a sacar las fuerzas armadas.

 

La orden del almirante no distaba mucho de lo que han venido diciendo ya más de un siglo distinguidos intelectuales. Es muy común hoy en día declarar que la ciencia social en principio debe limitarse a verdades específicos. Dicen que debe renunciar cualquier pretensión al descubrimiento de conocimientos generales. Michel Foucault, por ejemplo, se declara partidario de los “intelectuales específicos” y se opone a los “intelectuales generales.” Karl Popper y Albert Camus entre otros encuentran que los conceptos unificadores de gran generalidad no solamente carecen de validez científica alguna sino que son peligrosos porque fundamentan tendencias políticas opresivas y totalitarias. Según ellos el camino desde el conocimiento general a la teoría total y de allí al estado totalitario es directo.

 

Los idealistas realistas por nuestra parte no nos dejemos silenciar, aunque seamos atacados en formas hasta arrogantes por muchos que se dicen las portavoces de toda metodología de investigación científica legítima. Además de Betty Reardon con su concepto de sistema de guerra, ya hemos citado a Immanuel Wallerstein, el distinguido historiador autor de la celebre frase “el sistema-mundo moderno.” Según Wallerstein quienes pretenden ser científicos precisamente porque confeccionan hipótesis específicos sobre temas altamente especializados no son científicos. Estudian algo que no existe, porque no existe el fenómeno social singular y aislado.

 

La metodología de la investigación científica es pues un terreno altamente contestado. Lo ha sido desde las disputas entre Sócrates y los sofistas en Atenas en el siglo cinco antes de Cristo en adelante, y sigue siéndolo hoy. Si se sigue o no los pasos de una metodología de investigación determinada se suele usar como criterio para juzgar si lo que uno hace es o no es ciencia. Decir que algo es o no es ciencia es decir que es o no es conocimiento. Es decir quien recibe fondos para investigar y quien no, quien consigue trabajo en la universidad y quien se margina del mundo intelectual reconocido. Es decir qué se publica en las revistas especializadas y qué se rechaza por falta de calidad intelectual.

 

Entre el clamor de la batalla les confieso ante Dios y ante ustedes mis hermanas y hermanos las bases de mi epistemología. Pretendo justificar afirmaciones al nivel de generalidad que las que les voy a ofrecer. Mi base es realista según la escuela actual de epistemología que se llama “realismo crítico.” Lo menciono para que sepa que los realistas que nos atrevemos a justificar generalidades tenemos defensores sofisticados hoy, aunque no tengo tiempo para explicar en qué consiste el “realismo crítico.”

 

Dicho esto, me esfuerzo lo más que puedo para hablar en forma responsable. No me retiro cuando me parezca que la responsabilidad exige formular afirmaciones generales del tipo que a la brevedad les voy a ofrecer. Siguiendo el abordaje filosófico que se llama “Actos de habla” identificado a menudo con las obras de John Searle y Jurgen Habermas, pienso que todo hablar, toda comunicación verbal y en fin toda comunicación sea verbal o no, es una forma de acción. La vocación de toda acción es ser responsable. La acción responsable es por definición acción a la luz de sus consecuencias. La finalidad es producir consecuencias que sirvan la vida y resisten la muerte. Si nos limitemos siempre a angostas especialidades como nos ordenó el almirante chileno después del golpe militar no podemos ser responsables.

 

 

Abordajes filosóficos a la definición de lo que es y no es humano

 

Antes de atreverme a proponer generalidades sobre lo que somos los seres humanos, comento brevemente otros abordajes importantes al tema que no son el mío.

 

Ustedes deben saber que quienes dicen definir la naturaleza humana suelen pretender hablar con una voz que no es la voz del ser humano ordinario, ni es siquiera la voz de la investigación científica ordinaria. Durante gran parte de la historia quienes definieron lo que es y lo que no es humano pretendían hablar con la autorización sobrenatural de la revelación divina.

 

Aun sin revelación divina los filósofos modernos a menudo han pretendido establecer verdades sobre la naturaleza humana con métodos superiores a cualquier método científico. Según Manuel Kant lo que diga él sobre la libertad y autonomía de las personas tiene que ser así porque concebir el ser humano a la manera kantiana es una condición previa a toda experiencia posible. Según Martín Heidegger hay conocimientos anteriores a toda teoría, que ninguna teoría ni ningún dato empírico pueda desautorizar. Entre otros conocimientos así privilegiados hay las características principales de lo que Heidegger llama dasein, que no es ni más ni menos del ser humano.

 

Es común en la filosofía pretende usar un método que es más que ciencia, más cierto, más exacto, y prueba a balas contra cualquier intento de desmentir sus resultados con datos. Es común, como en los casos citados de Kant y Heidegger, usar semejante método súper-científico para sacar conclusiones sobre temas sobremanera importantes, como el tema de que es lo que es el ser humano, lo que equivale a definir el objeto de estudio de la investigación cientifica de lo social.

 

Mi abordaje es distinto pero quizás no es menos atrevido. Propongo decir lo que es el ser humano sin apoyarme en ningún privilegio epistemológico súper-científico. Lo que pretendo hacer es sintetizar en pocas palabras ciertos hallazgos de gran importancia que la ciencia misma ha descubierto sobre el ser humano.

 

Como llevo dicho mi abordaje es realista. Sostengo que de hecho existen conocimientos sobre los seres humanos. Sostengo que de la historia y la antropología y de la biología y de todas las investigaciones hechas por las ciencias naturales y sociales podemos sacar algunas conclusiones en cuanto a nuestra naturaleza. Intento en forma responsable formular unas tesis exactas y útiles a la luz de mis experiencias y a la luz de mis estudios, a sabiendas por supuesto que hay muchos libros que no he leído y muchos datos que desconozco.

 

Afirmaciones sobre lo que es humano, y por ende lo que es una metodología humanista

 

Afirmo que los seres humanos somos creadores de culturas. Nuestro nicho ecológico como especie es ser el animal cultural. Por la cultura hemos sobrevivido y florecido en la competencia entre las especies. El cuerpo humano con todas sus capacidades tendencias ha evolucionado en calidad de cuerpo de un animal con vocación cultural. Somos programados biológicamente para ser programados culturalmente. Es por eso que puedo ser idealista y realista a la vez. La realidad es que el cuerpo humano está programado biológicamente para que el comporamiento humano sea guiado por ideales.

 

Siguiendo a Emile Durkheim y otros encuentro que una característica central de cualquier cultura humana se puede identificar como su normatividad, o sea sus reglas, sus normas. Aunque las culturas se organicen por su mitología, por su lenguaje, por sus relaciones sociales, por sus tecnologías, por sus ritmos y bailes, y por otros dispositivos, siempre en algún momento la cultura orienta lo que la gente hace. En este encuentro decisivo entre cultura y acción se radica la regla, la norma.

 

He leído los argumentos de Pierre Bourdieu, de Clifford Geertz, de Michael Oakeshott y otros quienes aconsejan no considerar la norma o regla como concepto fundamental para comprender la cultura y el comportamiento humano. Tienen razón en el sentido que destacan errores a los cuales el hablar siempre de reglas se presta. Me esfuerzo para evitar los errores que destacan. Pero no abandono mi creencia que la normatividad es un objeto de estudio central e imprescindible para las ciencias sociales.

 

Sugiero que la ética define la especie humana. Donde hay normas hay humanidad. Donde no hay normas no hay humanidad. La organización del comportamiento por una normatividad cultural ha sido el nicho, el secreto del éxito, y a mi entender la definición de nuestra especie.

 

Ya les ofrecí una primera definición de metodología humanista. Dije que una metodología es humanista cuando se acerque a los sujetos en su calidad de personas, en su calidad de seres humanos. Dije que conviene agregar una pista negativa: Una metodología no es humanista cuando se acerca a los sujetos como si fueran cosas, o como si fueran máquinas

 

Ahora podemos agregar una segunda definición de metodología humanista. Es una metodología no-violenta.

 

De acuerdo con Mahatma Gandhi, afirmo que aunque sea la violencia en gran parte la ley del reino animal en general, no es la ley que distingue y define la especie nuestra. Hemos evolucionado y surgido por la cooperación organizada por la cultura. Cuando caigamos en la violencia caigamos fuera de lo que es lo propiamente humano.

 

Creo que esta segunda definición de una metodología humanista calza con nuestras intuiciones y con el sentido común. Todos sabemos que la violencia es muy frecuente. Si el criterio de la definición de lo humano fuese simplemente la estadística, tendríamos que decir que la conducta del ser humano es tan violento como cualquier otro animal, y a veces más violento. Pero solemos calificar una determinada conducta como “muy humano” o “inhumano” sin referirnos simplemente a lo que es muy frecuente o poco frecuente en nuestra especie. En un caso de violencia doméstica por ejemplo, si un hombre golpea a una mujer, solemos decir que fue “brutal” o “inhumano,” lo que significa que aunque la conducta fue común, en el sentido que son numerosos los hombres que pegan a sus mujeres, sin embargo no representa lo distintivo de la especie. No representa la cultura que nos da un nicho ecológico especial entre todos los animales.

 

Mencionaré para tratar con más detención después un criterio que utilizó el mismo Gandhi para calificar la acción no-violenta. El requisito único e indispensable para la acción no-violenta dijo Gandhi es creer que cada ser humano tiene un alma. Es creer en las almas de los demás no como planteamiento teórico abstracto sino como una fe viviente que motiva la acción.

 

Recordemos la filosofía de los actos de habla: Todo hablar es una especie de acción. En nuestro caso se trata de un tipo de acción científica, de una metodología de investigación científica no-violento. Hemos insinuado que Gandhi tuvo razón al conectar la no-violencia con algo que se llama “alma.” Volveremos al concepto de alma para conectarlo con los conceptos de acción y lenguaje.

 

 

Reflexiones sobre la realidad social ¿En fin de cuentas es violencia o es cultura?

 

Por insistir con Gandhi que lo no-violento coincide con lo humano, y la violencia con lo bestial, no estoy necesariamente en desacuerdo con Betty Reardon cuando ella dice que vivimos en un sistema de guerra. Estoy necesariamente en desacuerdo con Max Weber cuando él dice que la realidad social en fin de cuentas es violencia. Según Weber toda autoridad (Herrschaft) en las sociedades humanas es una forma más o menos disfrazada de poder (Macht) impuesto en fin de cuentas por la violencia física (Gewalt). Estoy necesariamente en desacuerdo con muchos otros quienes coinciden con Weber que la violencia en fin de cuentas es el principio que determina la institucionalidad y en fin todas las relaciones sociales. Pero no estoy en desacuerdo con Betty Reardon.

 

La razón es que ella dice que vivimos en un sistema de guerra, un sistema altamente masculinista. Pero este mismo sistema es una normatividad. En fin de cuentas la realidad social es cultura. Hemos organizado culturalmente una forma de vivir que glorifica y legitimiza la guerra. Hasta nuestra sexualidad glorifica el machismo guerrero. La guerra no es, pues, según Betty Reardon, una fuerza natural inevitable y eterna, que necesariamente tiene que seguir dominando la sociedad. Los seres humanos hemos inventado muchas culturas, y entre otras hemos inventado la cultura de la guerra. Lo que nos domina es un sistema que nuestros antepasados han construido. Nosotros los vivientes somos capaces también de construir culturas de la paz.

 

El pensamiento de Betty Reardon es en fin de cuentas optimista. Aunque sea cierto que vivimos en un sistema de guerra, no es necesariamente cierto. Aunque nos domina una institucionalidad masculinista y violenta, los seres humanos somos capaces de portarnos según normas menos masculinistas y menos violentas.

 

Unas ventajas de destacar la cultura en la metodología de la investigación

 

Quiero destacar una ventaja de mis opciones; o sea una ventaja de mi forma de hablar, de mis actos de habla. Lo considero responsable destacar la cultura y las normas al tratar de que es lo que es el ser humano, y lo considero responsable identificar lo humano con lo no-violento. Al hablar así preparo el terreno para la construcción de culturas de paz. Preparo el terreno para realizar investigaciones científicas que aportan a la construcción de culturas integradas en las cuales la conducta humana es normada. Insisto que mi manera de hablar no es solamente humanista sino también realista. Lo que digo es conforme con los hechos y no les cuento mentira alguna.

 

Otra ventaja de destacar el papel de la norma en la metodología de las ciencias sociales es unificar las ciencias prácticas con las ciencias teóricas. Entre las ciencias prácticas considero la administración de empresas, la administración publica, la contabilidad, el derecho, y el estudio de los impuestos. Todas tienen que ver con normas; tienen que ver con gestionar las instituciones que de hecho tenemos en el mundo moderno. La contabilidad, por ejemplo, se aprende en la universidad según las leyes y los reglamentos vigentes. Si decimos ahora que las ciencias sociales mas teóricas como las son las ciencias económicas, la sociología, la antropología, y las ciencias políticas, también versan sobre normas, que los principios causales que justifican sus explicaciones de los fenómenos se refieren a las reglas culturales que organizan la vida humana, entonces la separación entre las prácticas y las teóricas no es tan grande. Las prácticas tienen más fundamentación teórica, porque son vistos como aplicaciones de reglas determinadas, las de la institucionalidad vigente. Situamos la administración de empresas por ejemplo dentro de un paradigma más amplio que visualiza la institucionalidad vigente como solamente una instancia de todas las institucionalidades que históricamente han existido y filosóficamente puedan existir. El saber se encuentra epistemológicamente más unido, y pragmáticamente más útil.

 

Vínculo entre el concepto del ser humano y metodología humanista

 

Parto de la base que los seres humanos somos animales cuyo nicho ecológico es la cultura. El corazón de la cultura se encuentra en sus normas, sus reglas. Sean los que sean los demás dispositivos de la cultura, en algún momento la cultura tiene que orientar lo que la gente hace. Allí está donde las papas se queman. Por eso en la metodología de la investigación científica es inteligente destacar sobre todo el estudio de las normas, y por lo tanto aquellos métodos capaces de comprender las normas. Vale decir: las metodologías humanistas.

 

¿Y cuando no? ¿Existe una metodología que pretende ser científica que no sea capaz de comprender las normas? Claro que sí. Es aquel tipo de metodología que parte de las variables, de las funciones matemáticas en las cuales para cada valor de x corresponde un valor de y en forma automática y mecánica, de las variables dependientes e independientes; y cuando no encuentra variables en la naturaleza inventa variables para que sean medibles, como por ejemplo el CI, el coeficiente de inteligencia, o los varios índices construidos para medir el estatus socio-económico, o el crecimiento del producto nacional.

 

Definición de “regla” o lo que vale lo mismo de “norma”

 

Para entender mejor las normas y las metodologías necesarias para comprenderlas, conviene contestar con cierta detención la pregunta, ¿Precisamente que es lo que es una norma, o dicho lo mismo de otra manera, una regla?

 

Sigo el análisis de H.L.A. Hart, de la cátedra de jurisprudencia de la Universidad de Oxford. Una regla o norma tiene tres elementos.

 

Primero describe una conducta que se observa en una población determinada con una cierta regularidad, o sea es una conducta observada común y duradera.

 

Segundo la regla autoriza la crítica y a veces el castigo de quien sale de la norma y así se porta de una manera que no cuenta con la aprobación del grupo.

 

Tercero los mismos actores, los seres humanos miembros del grupo que tiene la regla, se orientan y se guían por la regla. Hart llama este tercer elemento, “el aspecto interno de las reglas.”

 

Un concepto clave: las reglas constitutivas

 

Mi punto de vista general, y mi análisis del sistema-mundo moderno que habitamos utiliza no solamente el concepto de norma o regla, sino especialmente el concepto más preciso de una regla de determinado tipo que se llama “regla constitutiva,” casi siempre en plural, “reglas constitutivas.” Puesto que mucho de lo que tengo que decir depende del concepto de “reglas constitutivas” voy a detenerme para definirlo y explicarlo.

 

Cabe decir que aunque mi abordaje hoy privilegia el concepto de “reglas constitutivas” no es el único canal posible para comunicar mi mensaje a la vez idealista y realista. Trabajo hoy también un poco con el concepto de “paradigma.” Podría trabajar con el concepto de “estructura cultural básica” o como Noam Chomsky con el concepto de “gramática profunda.” Muchos trabajan con la idea de “sistema abierto.” Hay otros abordajes que también se prestan a explicar por qué necesitamos cambios culturales profundos y por qué no haya soluciones a nuestros problemas vitales mas acá de cambios culturales profundos. Hay otros enfoques que se prestan a guiar las acciones y las investigaciones que sirvan para lograr los cambios necesarios. Hoy me dedico principalmente a “reglas constitutivas.”

 

No voy a definir la regla constitutiva en forma abstracta. La voy a definir concretamente las reglas constitutivas del sistema-mundo actual. A pesar de los grandes adelantos de la actualidad, a pesar del tremendo progreso que la modernidad representa, según mi entender las mismas reglas que constituyen nuestro sistema de vida nos conducen todos los días un paso más en el camino al caos social y colapso ecológico.

 

Observase que nos estamos acercandonos a una metodología que cumple con el desafío que Betty Reardon e Immanuel Wallerstein nos plantea: el desafío de armar una ciencia social capaz de comprender el sistema del mundo, y no solamente capaz de estudiar hechos sociales aislados, como si existiesen hechos sociales independientes de la economía global.

 

A mi entender camino cuesta abajo al caos y colapso es un camino que ha llegado a ser obligatorio por los imperativos sistémicos y racionalidades irracionales que nos dominan. El concepto clave de “reglas constitutivas” nos va a ayudar a comprender dichas racionalidades irracionales y por qué nos dominan. Ayudará también a explicar el sentido de la frase “imperativo sistémico.”

 

Las reglas constitutivas del sistema-mundo hoy imperante son en las palabras de Charles Taylor las reglas constitutivas de una “bargaining society.” Se puede intentar captar el significado de la frase en español diciendo que se trata de “una sociedad de regateo,” o “una sociedad de relaciones sociales mercantiles.”

 

La regla constitutiva” se suele distinguir de “la regla regulativa.” Escribe John Searle, “Tengo cierta fe en la validez de la distinción [entre regla constitutiva y regla regulativa] pero no la encuentro fácil aclarar. Para partir, digamos que la regla regulativa regula formas de comportamiento que ya existen antes de la regla, o que existen independientes de la regla. Por ejemplo hay muchas reglas de buenos modales que regulan relaciones sociales entre personas que ya existen independientes de dichas reglas. Pero reglas constitutivas no simplemente regulan. Crean o definen nuevas formas de comportamiento. Las reglas de fútbol o de ajedrez por ejemplo no simplemente regulan el fútbol o el ajedrez. Como quien dice las reglas crean la posibilidad de jugar aquellos juegos.” (Searle 1969, p. 33)

 

Las reglas constitutivas constituyen (y también regulan) una actividad cuya existencia depende lógicamente de las reglas.” (Searle 1969, p. 34)

 

Reglas constitutivas del sistema-mundo moderno

 

Las reglas constitutivas forman sistemas. No es una sola regla aislada que constituye el ajedrez. Es un conjunto de reglas que hace posible jugar a ajedrez, o a fútbol, o a la negociación de contratos. Este último, la negociación de contratos es lo que define el mercado, y por lo tanto el mercado mundial, y por lo tanto el sistema-mundo moderno.

 

Escuchemos a Adam Smith, el gran pionero y fundador de las ciencias económicas. Comprar y vender, nos dice Smith, “…es una tendencia común en todos los seres humanos, y no existe en ningún otro animal. Los demás animales parecen no conocer ni ésta ni ninguna otra especie de contrato.”

 

El contrato en fin es el instrumento legal que genera la división del trabajo. Si necesitamos algo de otra persona, nos dice Smith, no hablamos nunca de nuestra necesidad ni de lo que nos conviene a nosotros. Hablamos siempre de lo que le conviene al otro. Dame esto que quiero, y yo te doy este otro que tu quieres. Así llegamos al acuerdo voluntario entre dos personas libres; llegamos a la venta de lo que tengo y la compra de lo que quiero.

 

En el lenguaje actual de John Searle las reglas que posibilitan las compras y ventas, constituido por las normas que definen y defienden la propiedad de cada quien, y por las normas que establecen las reglas del juego del mercado son las reglas constitutivas del sistema moderno. Adam Smith lo llama “el sistema de libertad natural.” También lo llama “justicia natural” o simplemente “justicia.” También lo llama “civilización.” Para Adam Smith decir “sociedad comercial” y decir “sociedad civilizada” es decir lo mismo.

 

El filósofo actual canadiense Charles Taylor ha analizado los mismos conceptos fundamentales que analizó hace dos siglos y medio Adam Smith, esta vez aprovechando de la filosofía actual de actos de habla y específicamente de la idea tan fecunda que es la de la regla constitutiva. Cuando tú sabes como aplicar la regla constitutiva tú sabes entre otras cosas como dar el nombre correcto a una determinada conducta humana. El ejemplo que da Taylor es la conducta de “terminar las negociaciones.” Sin las reglas de juego que lo hacen posible negociar, no se puede decir que en determinado momento una persona “terminó de negociar,” por ejemplo por salir de la sala o por escribir una carta con determinadas palabras.

 

Además, por conocer las reglas constitutivas uno sabe las consecuencias de determinadas acciones. Siguiendo otra vez a Taylor, una regla constitutiva como “cuando hay un acuerdo de las partes, escrito y firmado, hay un contrato” no es meramente una regla regulativa. Define costumbres que permitan acciones humanas socialmente reconocidas. En las palabras de H.L.A. Hart posibilita “acciones-en-la ley.” Lo mismo se puede decir de la promesa, institución que es según Hanna Arendt “la célula básica del organismo social,” por ejemplo la promesa de citarse a tomar café con un amigo mañana a las 17 horas en determinado lugar.

 

Taylor destaca que el juego lingüístico de negociar contratos, y en fin cualquier actividad definida por reglas constitutivas, requiere significados compartidos. Requiere la participación del sujeto en significados que no son del sujeto. No pertenecen a individuos, sino al orden social en el cual los individuos participan. No son simplemente significados comunes en el sentido que sucede que los varios actores tienen los mismos significados subjetivos privados en mente. Quien es “el dueño de la propiedad,” quien es el “comprador,” y quien es el “vendedor” son papeles sociales que no dependen de la subjetividad de las personas. Las personas nacen, crecen, envejecen, y mueren, pero las mismas reglas constitutivas del orden social siguen antes de su nacimiento y después de su muerte, siendo los papeles por ellas prescritas desempeñados por distintos individuos en el transcurso del tiempo. Las reglas básicas de negociación de contratos por ejemplo existieron antes de una negociación determinada y seguirán existiendo después de esta negociación y con toda probabilidad después del fallecimiento de todas las partes.

 

Sin el juego y sus reglas constitutivas una acción determinada, como “firmar un contrato” o “comprar un terreno” o “terminar las negociaciones” no existe. Con las reglas “…salir de la sala, decir o escribir determinadas palabras, constituye la acción de terminar las negociaciones.” (Taylor 1971, p. 22)

 

El lenguaje de nuestra sociedad reconoce entidades o acciones como las siguientes: entrar en negociaciones, terminar negociaciones, ofrecer negociar, negociar en buena fe, concluir las negociaciones, hacer una nueva oferta, etc.” (Taylor 1971, p. 22) De no tener las reglas que constituyen tales entidades y acciones, nuestra sociedad no seria la sociedad que es. De igual manera el ajedrez se disuelva o se transforme en otro juego si dejase de existir las reglas constitutivas del ajedrez.

 

La metodología debe surgir de la realidad a estudiar, y no al revés

 

He dedicado tiempo a explicar el concepto de reglas constitutivas porque creo que nos da pistas importantísimas para orientar la metodología de la investigación científica. Aquí si estoy de acuerdo con Martin Heidegger, y más allá de Heidegger con Aristóteles: la realidad a estudiar determina la metodología de investigación científica válida para estudiarla, y no al revés. No debemos postular primero un “método científico” universal y eterno, y acto seguido procesar los datos de la realidad para que calcen con nuestro método.

 

Una metodología no es un método, ni es un conjunto de métodos, vale decir no es un conjunto de estrategias o técnicas de investigación. La metodología es la filosofía subyacente que orienta la selección de la técnica, define su finalidad, guía su implementación, y evalúa sus resultados. Entre las estrategias de investigación empírica que vamos a ver se encuentra por ejemplo la técnica de grupos focales. (Focus group en inglés) Dos investigadores pueden usar la misma técnica, por ejemplo el grupo focal, pero con distintas metodologías, o sea con distintas filosofías subyacentes.

 

Por ejemplo, me he dedicado recién a animar grupos focales con jóvenes universitarios. He podido constatar que si bien es cierto que hay cinismo entre la juventud, también hay idealismo. En el caso mío una filosofía subyacente que destaca la importancia del idealismo guió la selección del grupo focal como estrategia de investigación, guió la forma de implementar la estrategia, y guió la redacción del informe.

 

Ver nuestro sistema-mundo como un juego entre muchos posibles

 

El concepto de “reglas constitutivas” nos permite ver nuestra realidad con la perspectiva de científicos con mente abierta, listos para dejar que los hechos encontrados modifiquen sus ideas. Veamos nuestra realidad social como si fuéramos antropólogos conociendo una tribu hasta ahora desconocida por la ciencia, o como si fuéramos seres extraterrestriales llegados en OVNIs conociendo por primera vez las costumbres de los habitantes del planeta tierra.

 

Sin el concepto de “reglas constitutivas” podríamos creer lo que fue una vez el lema de Néstor Kirchner, “Argentina puede ser un país normal.” Podríamos hacer lo que Thomas Kuhn llama “ciencia normal” al interior del paradigma actualmente dominante. Con el concepto de reglas constitutivas nos damos cuenta que toda normalidad es una normalidad relativa. Depende de las reglas del juego. Que la torre se mueve en linea recta y el obispo en linea diagonal es normal para quien juega a ajedrez, pero no forma parte de la normalidad de otros juegos.

 

Al darnos cuenta de las reglas constitutivas, vemos lo que antes fue invisible porque fue demasiado obvio. Somos menos etnocéntricos. Ahora sabemos que las distintas culturas del mundo no siempre juegan el mismo juego con distintas reglas. A menudo juegan juegos distintos.

Nos damos cuenta que todas las normalidades son normales al interior de ciertas reglas básicas de la convivencia establecidas en una sociedad determinada sitiada y fechada. Somos más históricos en el sentido que vemos la institucionalidad de hoy como el producto del pasado. Vemos lo que estamos haciendo hoy para transformarla como el comienzo del futuro.

 

Nuestras sociedades “híbridas”

 

A poco andar nos damos cuenta de lo acertado del planteamiento del antropólogo argentino Néstor García-Canclini que nuestras sociedades modernas no son cien por cien modernos. Son híbridos. Funcionan con distintas reglas del juego a la vez. García-Canclini analiza la cultura popular, por ejemplo la música rock, en el cual se encuentra temas y ritmos de todos los continentes. Analiza las culturas de los emigrantes indígenas que viven en las calles de Buenos Aires codo a codo con los mestizos, con los italianos, en fin con numerosas culturas con tradiciones distintas.

 

El sociólogo norteamericano Robert Bellah ha mostrado que Estados Unidos es lo que el argentino García-Canclini llamaría una sociedad hibrida. Estados Unidos es moderno pero no es solamente moderno. Aunque Argentina seguramente sea diferente a los Estados Unidos, me atrevo a decir que algunos de los hallazgos de Bellah se podrían verificar en este continente y en este país.

 

Bellah encuentra que funcionan en Estados Unidos no un solo conjunto de reglas constitituvas, sino cuatro principales. En su vocabulario son cuatro lenguajes. Se puede hablar de cuatro lógicas, o de cuatro juegos básicos.

 

  1. Primero está la lógica de los negocios. Es lo que hemos venido analizando siguiendo a Charles Taylor. Es conformado por las reglas que constituyen el mercado.

 

  1. Segundo está la lógica de la psicología y de la terapia. Bellah encuentra que en los Estados Unidos las personas a menudo organizan sus vidas por sus relaciones de afecto con otras personas, por sus compromisos amorosos, por su salud mental o falta de salud mental, por sus estados depresivos o felices, sus dependencias emocionales y llegado el caso sus dependencias químicas. Es otro juego, con reglas distintas.

 

  1. Tercero está el lenguaje de la religión. Tiene reglas constitutivas mucho más viejas que las reglas de la modernidad. Sigue funcionando en los corazones de gente que viven entre autopistas y rascacielos, a pesar de que sus textos se refieran a pescadores, a huertos de olivos, y a pastores con sus rebaños.

 

  1. Cuarto es la lógica de la virtud cívica. La constituyen las reglas de la ciudadanía, o sea de la participación en la vida pública y en la sociedad civil.

 

Las perspectivas de Robert Bellah y de Néstor García-Canclini nos muestran que una metodología de transformación no parte de la nada. Si elegimos por ejemplo el grupo focal como nuestra estrategia de investigación empírica, lo podemos elegir a sabiendas que vivimos en una sociedad hibrida. Si escuchamos a los participantes en el grupo focal con una perspectiva histórica y antropológica, vamos a encontrar los ecos del pasado y los atisbos del futuro.

 

Si mi pesimismo es válido, una metodología transformadora no es solamente posible. Es también necesario. Si nos quedamos solamente con lo que Charles Taylor identifica como las reglas que constituyen la modernidad, seguimos caminando hacia el caos social y la catástrofe ecológica. Al darnos cuenta que otro mundo no es solamente posible, sino también está ya funcionando entre nosotros en las distintas lógicas que conforman nuestras realidades híbridas, nos sentimos capaces de construir una metodología de la esperanza. Podemos aprender la técnica del grupo focal, y aplicarla no solamente para comprender la realidad sino también para transformarla.

 

En los grupos focales con jóvenes universitarios antes referido encontré, para usar el vocabulario de Bellah, que funcionan en la juventud no solamente el lenguaje de los negocios, sino también los lenguajes de la religión y de la ciudadanía. Son pistas de transformación.

 

No me ha tocado todavía realizar grupos focales con empresarios, pero he realizado entrevistas con empresarios utilizando estrategias de investigación empírica que ustedes van a aprender en estos cuatro módulos. He encontrado que los empresarios también tienen un discurso híbrido. Hablan de rentabilidad, pero también hablan de ética, de valores. Se dan cuenta que el mundo no puede seguir por su rumbo actual. Mis entrevistados empresarios se dieron cuenta que necesariamente tenemos que buscar soluciones novedosas a aquellos problemas que parecen no tener solución alguna al interior del paradigma dominante, como los son los problemas del desempleo, de la delincuencia, de la desigualdad, del avance implacable de la cultura narco, y de la degradación del medio ambiente.

 

En mis entrevistas con empresarios y mis grupos focales con universitarios se puede ver otra vez como la metodología, la filosofía subyacente, orienta el método.

 

Comparando la cultura global comercial actualmente dominante con otras culturas

 

Cito otra vez a Charles Taylor: “Nuestra noción entera de negociación se conecta con las identidades distintas y la autonomía de las partes, con el carácter voluntario de sus relaciones; es una noción muy contractual. Pero otras sociedades no cuentan con concepto semejante alguno. Se relata de la aldea tradicional japonesa que el fundamento de su vida social fue una forma poderosa de consenso. Fue altamente preciada la decisión unánime. El espíritu de consenso se haría trizas si hubiera dos partes separadas con distintas metas, cada uno intentando imponerse por votación o por transar en términos favorables a ellos mismos. Claro que tiene que haber alguna especie de discusión, y alguna manera de ajustar las diferencias. Pero nuestra noción de negociación, que presume la existencia de partes distintas y autónomas, con relaciones voluntarias entre sí, no tiene lugar allí.” (Taylor 1971 p. 23, referencing Smith 1959 chapter 5)

 

Taylor tomó su ejemplo del campo tradicional japonés, pero pudo haber escogido un ejemplo entre los pueblos indígenas de América. Hubo estructuras culturales semejantes entre los antepasados de los mismos indígenas que hoy en día migran a las ciudades buscando trabajo. Suelen instalarse en la periferia del conurbano bonaerense. Hay más. Se puede revisar los estudios hechos de las culturas arcaicas en todos los continentes, como lo ha hecho el antropólogo francés y yerno de Emile Durkheim Marcel Mauss y más recién Marshall Sahlins el antropólogo de Chicago, y así constatar que lo típico de la especie humana durante los miles de años de su existencia en el planeta antes de la modernidad no ha sido el individualismo que hoy en día nos parece normal.

 

Méritos de las culturas arcaicas

 

Además de ser menos individualistas que nosotros, las culturas arcaicas tuvieron en general y con contadas excepciones dos méritos impagables que hemos perdido nosotros:

 

1. Vivieron de una manera sostenible, sin destruir el medio ambiente.

 

2. Eran socialmente inclusivos, gozando cada quien del status de miembro de un clan u otro, y teniendo cada clan acceso a los medios que utilizaban los indígenas para subsistir.

 

El carácter inclusivo de las instituciones arcaicas, instituciones cuyos valores sobreviven todavía en las enseñanzas de las grandes religiones del mundo, ha sido recalcado por Walter Rodney en el caso de África. El historiador negro afirma que antes de la conquista del continente africano por los europeos no existía en Africa ni el desempleo ni personas en situación de calle. (En inglés homeless). Las culturas africanas no conocían las reglas constitutivas de la modernidad. No existieron lo que Michel Foucault llamaría las condiciones históricas de la posibilidad de desempleo. No tenían los conceptos jurídicos que entre nosotros han creado la posibilidad y la realidad de personas humanas que no tienen derecho de estar en ninguna parte, y por lo tanto duermen en la calle, calle donde tampoco tienen derecho de estar.

 

No quiero perderme en un debate sin fin sobre exactamente que pasó en la historia y que no pasara, ni tampoco en un debate sin fin sobre si la modernidad sea buena o mala. Menos quiero desarmar la modernidad y regresar al medioevo o a la época de los recolectores y cazadores. Ni tampoco quiero defender a pie de la letra todo lo que dijera Emile Durkheim, lo que seria en todo caso imposible porque su pensamiento fue profundamente contradictorio, entre otras razones porque Durkheim escribió un libro sobre la metodología de la investigación científica, que se llama Las Reglas del Método Sociológico y posteriormente en la práctica hizo investigaciones reñidas con su propia metodología.

 

Salvar la sociedad mercantil por complementarla con relaciones sociales no-mercantiles

 

Encuentro sí oro en las minas que son las obras de los grandes fundadores de la sociología, y entre el oro encuentro la siguiente lección de Durkheim: la modernidad, vale decir la sociedad económica cuyas instituciones centrales son el mercado y la burocracia, no crea las condiciones de posibilidad para su propio funcionamiento. Es más. La modernidad socava las bases morales del mercado. Dicho de otra manera, las relaciones sociales de tipo mercantiles solamente puedan funcionar sobre la base de personalidades honestas, disciplinadas, y trabajadoras, y en más de un sentido solidarias. Pero estas personalidades no son productos solamente de mercados. Son productos también de familias, de religiones, de escuelas, de comunidades. Digo esto a sabiendas de que tengan cierta cuota de razón quienes recalcan que el mismo mercado cuando esté bien establecido tiende a promover las virtudes del buen comerciante, el comerciante disciplinado y honesto.

No por nada insistió otro gran fundador de la sociología Max Weber que la sociedad moderna, que Weber llama Gesellschaft es por definición un tipo determinado de comunidad humana, lo que Weber llama Gemeinschaft Si no hay comunidad, no hay sociedad civil ni hay mercado limpio y eficaz. No por nada recalca Weber las afinidades entre el capitalismo moderno y la religión protestante, ni por nada recalcan investigadores más recientes las relaciones de apoyo mutuo en Asia entre el capitalismo y las antiguas religiones chinas.

 

Si vemos en el mundo de hoy una serie de sociedades que en sus casos extremos se llaman estados fracasados; si vemos sociedades que en principio intentan ser modernos y capitalistas, pero que en la práctica son kleptocracias en las cuales por la corrupción y por la falta de transparencia no funciona nada; y si en todo el mundo las exageraciones de la mentalidad comercial socavan las bases del comercio mismo, estamos viendo la confirmación de lo que nos enseñó Emile Durkheim hace un poco mas de un siglo: Las relaciones humanas basadas en la división del trabajo y los intercambios mercantiles solo puedan prosperar sobre la base un sustrato de relaciones humanas que no son mercantiles. El mercado no funciona sin la moral. En el lenguaje de Max Weber, no puede haber sociedad sin comunidad.

 

Como se verá a la brevedad aún en el mejor de los casos los mercados no van a solucionar todos los problemas. Necesitan apoyo de otras instituciones para que solucionen aquellos problemas que sí puedan solucionar.

 

Un proyecto humanista, transformación por complementar las reglas constitutivas dominantes con otras lógicas

 

Mi proyecto pues no es destruir la modernidad sino rescatarla. Lo que la rescata es una serie de valores rescatables de las tradiciones pre-modernas, y una serie de valores inventables que los seres humanos por nuestra vocación de creadores de culturas somos capaces de inventar. He sugerido que Mahatma Gandhi fue un buen ejemplar del tipo de los valores necesarios, por su vida dedicada al servicio, a la auto-disciplina, y a la austeridad.

 

Los seres humanos somos los animales cuyo nicho ecológico es ser creadores de culturas. Vivimos por nuestra sociabilidad. Las culturas funcionan con normas. Algunas de las normas son reglas constitutivas. Sin caerme en un debate infinito sobre los datos empíricos, llamo la atención a un distingo lógico entre dos tipos de reglas constitutivas. Son normas con lógicas que se manifiestan más o menos, en menor o mayor grado, en todas las culturas históricamente observables.

 

1. Hay reglas exclusivas. Son típicas de lo que Taylor llama nuestra bargaining society, la sociedad comercial. Adquirir los alimentos y en general lo básico para vivir depende de vender. Quien no tenga nada vendible en el mercado es excluido. Son reglas que constituyen la posibilidad de personas en situación de calle. La lógica de las normas hace posible que haya personas con empleo precario o ningún empleo.

 

2. Distintas son las sociedades con reglas inclusivas. Son entre otras las sociedades arcaicas en las cuales clanes y diversas relaciones de parentesco a menudo míticas otorgaron a cada quien un lugar determinado en la formación social. Para cada persona con necesidades hay una red de personas con la obligación de atender sus necesidades.

 

Sir Henry Maine en su obra Ancient Law llamó el primer tipo de sociedad una sociedad de contrato. El segundo tipo Maine llamó una sociedad de status. Mahatma Gandhi en su obra polémica contra la modernidad de 1909 Hind Swaraj llamó el primer tipo de sociedad adharma, lo que significa sin dharma, lo que se traduce sin deber o sin religión. La modernidad occidental según Gandhi tiene derechos pero no tiene deberes, no tiene self-restraint, vale decir no tiene un tejido social que requiere auto-disciplina y servicio a los demás a los individuos. Por eso dijo Gandhi que la modernidad que el imperio británico había impuesto por la fuerza a la India fue una civilización satánica, lo que es una acusación repetida hoy en día por los talibanes, y por una serie de fundamentalismos tanto musulmanes como hindúes y a veces también fundamentalismos anti-modernos de estirpe judía o cristiana.

 

El segundo tipo de sociedad, la con reglas constitutivas inclusivas, Gandhi identificaba con la aldea tradicional de la India, en la cual según Gandhi antes de la conquista y la colonia los hindúes vivían por miles de años en armonía entre sí y en armonía con su medio ambiente.

 

Según Max Weber, el primer tipo de sociedad se caracteriza por un determinado tipo de racionalidad, la Wertrationalitat, o racionalidad instrumental. Sus instituciones típicas son el capitalismo y la burocracia. El segundo tipo es la base de toda convivencia humana, se funda en Einverstanden, o sea en relaciones sociales cuya base es el entendimiento mutuo, la expectativa mutua. Según Weber el segundo tipo es la forma genérica de sociabilidad, de la cual la modernidad es una especie.

 

Según el propio Durkheim las sociedades arcaicas eran societés segmentées, organizados por sistemas de parentesco. Las modernas se basan en la división del trabajo organizado por el principio de contrato, o sea por el intercambio mercantil.

 

Según el servidor que les habla, la naturaleza humana es tal que los seres humanos hemos inventado muchas culturas y somos capaces de inventar muchos más. Sucede que hemos inventado una cultura económica ahora globalmente dominante que genera sistemáticamente la desintegración social, y así socava las bases de su propio funcionamiento. El desafío actual es generar sistemáticamente la integración social, a fin de equilibrar la modernidad y a fin de resolver sus problemas crónicos como los son el desempleo, la delincuencia, y la ecología. Nos faltan metodologías de investigación capaces de aportar a la transformación necesaria.

 

De las ciencias económicas a la epistemología: John Maynard Keynes

 

Sigo pues con el análisis del sistema mundo actualmente vigente, y con el análisis epistemológico de las metodologías capaces de comprenderlo. Es común entender este mundo nuestro como un sistema económico. Voy a sugerir que los conceptos propios de las ciencias económicas lo describen tan solo superficialmente. Para conocerlo profundamente hay que ir al nivel epistemológico, a la teoría del conocimiento. A este nivel encontramos otra vez las reglas constitutivas.

 

Me refiero ahora al genio inglés quien más que ningún otro pensador del siglo veinte iluminó el funcionamiento del capitalismo. Fue John Maynard Keynes. Analizo bravamente dos planteamientos centrales de Keynes. Luego retornaré por una ruta que pasa por Keynes a las reglas constitutivas y a las metodologías transformadoras.

 

Paul Krugman, el ganador del Premio Nobel en ciencias económicas de 2008, en su libro más reciente analiza la serie de crisis económicas que ha sacudido el mundo desde los años noventa, y que sigue sacudiéndolo hoy. El análisis de Krugman concluye que la actualidad nos enseña la validez de las teorías de Keynes que datan de los años 30. Efectivamente, como nos dijera Keynes hace tiempo, el sistema es inestable. Efectivamente existe el déficit crónico de demanda efectiva que Keynes analizó y destacó.

 

El déficit de la demanda, y los diversos esfuerzos para solucionar los problemas producidos por él, son las claves que nos permiten descifrar las causas de las crisis actuales. El premio Nobel de 2008 nos enseña que los hechos han desmentido quienes habían pretendido mostrar que Keynes se equivocara en 1936.

 

Desempleo y el imperativo sistémico de mantener confianza

 

Hoy me refiero brevemente a dos planteamientos claves de Keynes que con co-autores hemos analizado con mayor detención en otros espacios. Primero, el desempleo. Escribe Keynes: “…el pleno, o aun el aproximadamente pleno, empleo rara vez ocurre, y cuando ocurre es pasajero.” [Keynes p. 250] Segundo, comentando lo que Keynes llamaba “confianza” voy a cumplir mi promesa de explicar lo que Ellen Wood llama un imperativo sistémico. En otras palabras todavía, el imperativo sistemico y la confianza dicen relación con lo que la escuela de los economistas regulacionistas de Francia llama la necesidad de un régimen de acumulación. Un régimen de acumulación organiza la manera de vivir y la manera de ser de un pueblo entero para lograr una sola cosa imprescindible: la rentabilidad de las inversiones.

 

Sin descartar la etiqueta de Wood “imperativo sistémico” ni la etiqueta de los regulacionistas “régimen de acumulación,” voy a nombrar el mismo fenómeno con la etiqueta de Keynes: es la necesidad de lograr, para que el sistema siga funcionando lo que Keynes llama “la confianza.” Escribe Keynes, “El estado de la confianza como lo llaman es un asunto al cual los hombres practicos siempre prestan la más exacta y ansiosa atención.” [Keynes p. 148] Hoy se puede encontrar referencias a la confianza en La Nación, en Clarín, o en cualquier diario. Se trata de la confianza de los consumidores, de la confianza de los inversionistas, de la confianza de los prestamistas, de la confianza de los mercados, de la confianza en general. El “imperativo sistémico” de Wood no es ni más ni menos del imperativo de mantener la confianza.

 

Paul Krugman, confirmando en su libro de 2009 lo que escribió Keynes siete décadas antes en su libro de 1936, trata del “juego de la confianza.” Keynes dedica el capítulo 12 de su Teoría General al tema. Vivimos en un mundo tal como la producción, y por eso el consumo y el empleo, dependen de la confianza de los que adelantan fondos. Se trata de su confianza que sus fondos van a regresar con creces, o sea la confianza que habrá rentabilidad. Pero esta confianza, Keynes destaca, depende de las ventas futuras y por eso depende de adivinar si los demás inversores van a tener confianza. Los demás a su vez van a tener confianza o no según opinan o no que el público en general, los consumidores y los demás inversionistas, vayan a tener confianza. Todo depende de estimar con bases siempre precarios lo que otros van a estimar. Especialistas inteligentes compiten para ganar enormes cantidades de dinero sin producir ningún bien o servicio, sino especulando sobre la base de sus predicciones del futuro de la confianza. Sus especulaciones a menudo perjudican más que adelantan el bien común. Hay más. El poder legislativo y el poder ejecutivo, solemnemente encargados de realizar las diversas metas de la buena gobernanza, de hecho se topan con la necesidad de lograr una sola meta. Pase lo que pase, los legisladores y el ejecutivo forzosamente tienen que hacer lo que fuese necesario para mantener la confianza. Llegado el caso sacrifican el bienestar de las personas y la sostenibilidad del medio ambiente para lograr lo que en el mundo moderno ha llegado a ser lo más indispensable, sin el cual nada se mueve y nada funciona: la confianza. El premio Nóbel de 2008 escribió en 2009 que nuestra necesidad de sacrificar todo lo que fuese necesario sacrificar para mantener siempre la confianza es “loco.” (Krugman p. 114) Keynes en 1936 en el capítulo 12 de su Teoría General dijo lo mismo sin usar la palabra.

 

Trataré la confianza y el desempleo juntos porque son dos caras de la misma moneda. Más desempleo es una señal de menos confianza. Más confianza significa más empleo, y en la medida en que el desempleo sea motivo de la delincuencia más confianza significa menos delincuencia. Se conecta aquí también la ecología. Subir la confianza y defender el empleo se encuentran entre las razones más comunes para tomar otro paso más en el camino que conducee hacia la catástrofe ecológica.

 

Keynes nos mostró en el plano teórico como el déficit crónico de demanda efectiva y una tendencia permanente hacia el desempleo son dos aspectos del mismo problema. [Keynes pp. 21-22] La demanda del mercado determina la tasa de empleo, y por lo tanto una falta de demanda determina el desempleo. Una falta crónica de demanda es un resultado permanente de lo que Keynes llama “la preferencia por la liquidez.” Vale decir la gente prefiere tener efectivo, o algo rápidamente convertible en efectivo. Keynes hace un listado de doce razones por las cuales la gente prefiere la liquidez. Vale decir prefiere guardar una parte de sus ingresos en la forma de efectivo o en una forma que sea casi efectivo. Por guardar su efectivo gastan menos. Gastar menos significa menos demanda en el mercado, lo que significa menos empleo. Gastar menos también significa menos rentabilidad para quienes ofrecen productos en el mercado para vender. Menos rentabilidad socava la dinámica que anima el sistema.

 

Las reglas constitutivas ya implican la inestabilidad, el imperativo sistémico de mantener la confianza, y la soledad

 

Lo que hemos destacado nosotros en varios escritos, siendo “nosotros” un servidor y co-autores, es que Keynes no tuvo ninguna necesidad de poner en lista doce razones. Las reglas constitutivas de la modernidad ya hacen inevitable su conclusión, con o sin doce razones para preferir la liquidez. Las mismas reglas básicas, las reglas de lo que Adam Smith llamaba “libertad natural” traen como su consecuencia inevitable que el bienestar de la población entera depende de la confianza de los mercados. Es inevitable también que dicha confianza siempre va a ser frágil.

 

El razonamiento de Keynes es válido, pero es superficial. La razón profunda que justifica su conclusión se encuentra en las reglas constitutivas de lo que llama Taylor “bargaining society.” Dichas normas básicas constituyen, como Taylor ha destacado, voluntades autónomas quienes pueden o entrar en contratos de compra y venta o guardar su efectivo, según su libre albedrío. Es de partida inevitable que por alguna razón o por ninguna razón la demanda de los compradores en el mercado va a ser débil frente a la necesidad que tiene cada quien de vender algo para poder vivir.

 

La inestabilidad e inseguridad analizado por Keynes y por otros economistas como Krugman siguiendo a Keynes, se debe al contraste básico que destaca Mahatma Gandhi entre una sociedad cuya base es dharma y deber y una sociedad cuya base es adharma y derecho. Es por eso que decimos que nada menos que un cambio cultural profundo es necesario, y que por eso son necesarios las metodologías humanistas de investigación científica, siendo ellas las únicas metodologías capaces de hacer visible las normas que guían la conducta y por ende revisarlas y transformarlas.

 

Dharma y adharma

 

Miramos un poco más de cerca la lógica de Gandhi en su contraste entre el dharma de la tradición hindú y la modernidad adharma. Si vivo en una aldea tradicional hindú, o en cualquiera de las culturas indígenas organizadas según principios de parentesco ampliado, mis necesidades serán atendidas debido a las reglas culturales que organizan la cooperación. Los deberes de los demás son la seguridad mía. Los deberes de los demás son la seguridad mía.

 

La seguridad por parentesco sobrevive hasta hoy aun en la ciudad moderna aunque sea en forma reducida. La seguridad del niño se encuentra en el amor y compromiso de su madre y en el caso cada vez menos frecuente del hogar bien formado también en el amor y compromiso del padre. La seguridad de los ancianos reposa aunque sea en forma cada vez más débil en los deberes de sus hijos y nietos. En los estados benefactores reposa también en un fisco público que protege a los ancianos de los vaivenes del mercado. Sabemos todavía que pasada cierta edad los mayores, y antes de cierta edad los menores, no tienen posibilidades de vender suficiente para poder vivir. En ciertos casos las instituciones no-mercantiles que complementan el comercio moderno establecen algo de dharma, tal como los deberes de los unos constituyen la seguridad de los otros.

 

 

Desde el momento en el cual dependo de ventas en el mercado para satisfacer mis necesidades básicas, se me va la seguridad porque mi seguridad depende de encontrar un comprador quien quiera y quien pueda comprar lo que ofrezco para la venta. El contraste que hace Gandhi entre dharma y adharma ilumina el déficit crónico de demanda efectiva señalado por Keynes. En el sistema moderno el déficit existe siempre simplemente porque nunca se sabe a ciencia cierta si haya alguien quien quiere comprar lo que ofrezco al mercado. Si no hay contrato no hay obligación. Si nadie tiene obligación de ayudarme cuando esté necesitado, no tengo seguridad.

 

Como destacó en forma clásica Emile Durkheim en sus estudios del suicidio y de la división social del trabajo, la modernidad tiende siempre hacia la anomia, hacia el aislamiento y la soledad, hacia la desintegración social. Durkheim hasta dibujó mapas de la Europa de su época para mostrar que en las regiones más modernizadas la tasa de suicidio fue mayor, mientras en las más tradicionales el suicidio fue menor. Por eso fue partidario, y yo también soy partidario, de promover adrede la integración social, no para destruir la modernidad, sino para completarla con su necesario complemento.

 

La ética y la necesidad de transformar la investigación científica

 

La ética es el complemento necesario del mercado. Todo lo que promueva la integración es el complemento necesario de un sistema cuya tendencia lógica es hacia la desintegración.

 

De esto se desprende la necesidad de nuevos paradigmas en la metodología de la investigación científica. El auge de la ciencia se asocia históricamente con el auge de la modernidad. Hay toda una tradición de investigación que supone que mientras más se aleje de la religión, mientras más se aleje de la ética, mientras más se analice la sociedad con los conceptos propios de la física, mientras más se calcule con números y menos se recoge el lenguaje del pueblo, más científica es la investigación. Sugiero que es por eso que vivimos con la siguiente paradoja: Hay cada día más investigaciones, cada día más datos, mas matriculación en las universidades, más doctores, más expertos, y sin embargo seguimos rumbo al caos y a la catástrofe. La investigación misma ha llegado a ser un brazo del Frankenstein que domina la humanidad. La paradoja es que homo sapiens se destruye a la vez que cuenta cada día más información y más estudios supuestamente científicos. El saber que deba ser su salvación no le salve.

 

El optimismo de la socialdemocracia fracasada no vino de Keynes

 

Muchos asocian el optimismo del desarrollarismo de América Latina y la democracia social en Europa de las décadas desupués de la segunda guerra mundial con el nombre de Keynes. Pero abe decir que John Maynard Keynes no aceptó el optimismo que se asocia comúnmente con sus seguidores los keynesianos. Según muchos keynesianos existen soluciones que no requieren cambios culturales profundos. Según ellos la ciencia de la economía política, o macro-economía, es capaz de mostrar el camino hacia el empleo pleno sin inflación. Según ellos, y dicho sea de paso según también los seguidores de Karl Popper, la ciencia social es capaz de guiar una ingeniería social eficaz. Guiado por estudios serios aportados por los académicos, los políticos deben ser capaces de diseñar políticas públicas capaces de solucionar todos los problemas sociales y ecológicos.

 

Keynes mismo nunca fue tan optimista. Las frustraciones de las democracias sociales de inspiración keynesiana muestran limitaciones del sistema que el propio Keynes ya reconocía. Muestran que los proyectos reformistas del siglo veinte, y también los proyectos revolucionarios del siglo veinte, no eran factibles. Chocaron con las reglas constitutivas de la modernidad. (Richards y Swanger 2006) Es cierto que Keynes fue partidario de las obras públicas para compensar la falta de demanda efectiva en el sector privado. Pero cuando tuvo que contestar la pregunta si a largo plazo los gastos públicos podrían ser siempre capaces de compensar el déficit crónico de demanda efectiva, sin que el fisco caiga en un endeudamiento sin fondo, la respuesta de Keynes fue simplemente “A largo plazo estaremos todos muertos.”

 

Hay un párrafo hacia el final de la Teoría General donde Keynes reconoce que solamente cambios culturales profundos son capaces de revertir los defectos del sistema mundo moderno. Keynes termina un capítulo resumiendo sus conclusiones pesimistas escribiendo: “Pero no debemos sacar la conclusión que la situación típica [o sea el desempleo y estancamiento crónicos] es inevitable. Parece ser establecida por tendencias naturales, vale decir por aquellas tendencias que probablemente van a persistir, falta de medidas diseñadas adrede para corregirlas. Pero no es establecida por leyes necesarias. La vigencia de tales condiciones es un hecho observado en el mundo como es y ha sido, pero no es un principio necesario que no pueda ser cambiado.” [Keynes, p. 254] Dicho de otra manera, variando poco el lenguaje de Keynes, lo que parece ser una necesidad natural no es ni más ni menos de lo que es forzosamente determinado por las reglas constitutivas de lo que Taylor llama la bargaining society. Pero no es imposible –al contrario es una tarea necesaria— enmendar aquellas reglas constitutivas. Además, como hemos visto, la Argentina actual es al decir de Néstor García Canclini una sociedad híbrida, en la cual coexisten juntos con la modernidad una serie de normas culturales pre-modernas y pos-modernas. Ya existen alternativas cultivables. Funcionan ya en las mismas ciudades donde funciona el mercado.

 

La transformación

 

Ahora puedo definir la palabra “transformación” que he venido utilizando a menudo. Al comienzo dije: “La transformación significa un cambio de normas básicas, y no cualquier cambio sino cambio en un sentido bien ejemplificado en la vida y obra de Mahatma Gandhi, un cambio hacia una ética de servicio a los demás y hacia una verde austeridad armoniosa con la biosfera.” Ahora agrego: Transformación es un cambio a nivel de las reglas constitutivas. Transformación puede ser sencilla o compleja; puede ser local o global; puede ser consensual o conflictivo. Puede inventar algo nuevo o puede ampliar una práctica solidaria ya existente en las culturas híbridas que habitamos. El criterio que distingue lo que es y lo que no es transformación es lógico: si promueve o no una normatividad constitutiva distinta. En términos de dos ejemplos de Searle, el fútbol y el ajedrez, transformar no es simplemente cambiar las reglas del juego. Es cambiar el juego.

 

La entrevista humanista

 

Ahora también puedo avanzar hacia una tercera definición de metodologías humanistas de investigación científica. Agregaré una tercera definición de lo humano y por lo tanto de lo humanista en el contexto de considerar la técnica más común en la investigación social. Es la entrevista. La gran mayoría de investigaciones sociales utilizan una u otra forma de entrevista.


 

Para aclarar lo que sería un criterio metodológico humanista cuando la estrategia de investigación es realizar entrevistas, comenzamos destacano unos aspectos de la filosofía del educador brasileño Paulo Freire. Al comienzo de su libro La Pedagogía del Oprimido escribe Freire que la humanización es el mayor desafío y la primera prioridad de la época que vivimos. Esta premisa inicial informa el libro entero.

 

Un rasgo central de los métodos educativos de Freire es que se otorga a los participantes, en nuestro ejemplo el entrevistado, el derecho de hablar. Más que eso, se otorga el derecho de ser escuchado. Al decir de Freire, los sujetos antes silenciados “toman la palabra.”

 

Seguidores de Freire a menudo dicen que los sujetos “hallan su voz.”

 

Respetar así el respeto por las personas que expresan sus propias opiniones en sus propias palabras me parece acordar con el sentido ordinario de la palabra “humanista.” Nos inclinamos a hablar de “metodología humanista” cuando la investigación procede en un lenguaje natural comprendido y utilizado por los participantes. Por otra parte, y a mi parecer lamentablemente, nos inclinamos a hablar de “metodología científica” cuando las variables investigadas son definidas por las operaciones e instrumentos que las miden. En este último caso son los investigadores quienes toman la palabra, entendiéndose entre si en un lenguaje profesional. Lo que quiero decir es que aquí el mismo paradigma es equivocado. Con mayor razón diríamos que la investigación de las palabras de los entrevistados, los que funcionan en sus vidas, los que canalizan sus deliberaciones y guían sus acciones, son la verdadera mina de oro del conocimiento científico.

 

Insisto que ser humanista es también ser realista. Entre otras razones es realista porque se ajusta a las realidades de los entrevisados. No impone la forma de pensar del entrevistador.

 

Aquí la filosofia subyacente, la metodología, sugiere la selección de la estrategia empírica que es el número 14 en nuestro listado de técnicas. Es la entrevista en lenguaje nativo. Hagamos pues una pausa para realizar un pequeño ejercicio en el uso de esta técnica.

 

[El ejercicio]

 

Recién utilicé el método de entrevista en lenguaje nativo en una investigación en liceos chilenos. Seleccioné para entrevistar a los alumnos de peor conducta en las escuelas de peor rendimiento. Ya sabíamos por el uso de otra técnica, una pauta para observar las clases, que los profesores ocuparon menos de la mitad de su tiempo enseñando y más de la mitad del tiempo intentando imponer una especie de orden para poder enseñar. Sabíamos también que fue principalmente una minoría desordenada que entorpecía el aprendizaje de los demás. Utilicé entrevistas humanistas para conocer a esta minoría. El objetivo fue encontrar normas operativas en la cultura de ellos que se podría aprovechar para construir culturas de paz en los liceos de peor rendimiento del país.

 

A veces conversé con un solo alumno, a veces con varios en forma simultanea. Si ellos se pusieron a hablar sin ningún estímulo de mi parte, me puse a seguir las pistas que ellos me dieron, repitiendo sus propias palabras y pidiendo aclaraciones. Si el alumno se quedó callado, usé la técnica de “gran tour” en el tiempo. Pedí que me cuente lo que haga en el día, desde la hora de despertarse hasta la hora de acostarse, con todos las horas intermedios. Efectivamente encontré lo que llamamos “temas aprovechables,” vale decir temas en la cultura de ellos que se prestan para la construcción ética de una cultura mejor: entre otros amistad, familia, música, deporte.

 

Se ve otra vez como la metodología orienta el uso del método.

 

Lenguaje y acción humana, deliberación

 

Captar en la investigación las voces de las personas se conecta estrechamente con captar su autonomía, su calidad de agentes generadores de acciones. Destacar la calidad de las personas como actores autores de su propia actividad es otra razón por calificar una metodología de investigación con el calificativo “humanista.” Les recuerdo que a estas alturas tenemos ya dos definiciones para distinguir lo que es humanismo en la investigación:

 

  1. Su carácter no-violento, lo que según Gandhi algo tiene que ver con la idea de “alma.”

  2. La captación de las voces de las personas, las palabras que efectivamente funcionan en sus vidas.

 

Ahora agregamos una tercera:

 

  1. El respeto por la autonomía de las personas como sujetos generadores de sus acciones.

 

Veremos que la autonomía de las personas es una autonomía social, puesto que los seres humanos al tomar decisiones consideremos precisamente las pautas sociales vigentes en nuestros medios. Es el “aspecto interno de las reglas” de H.L.A. Hart.

 

El vínculo entre voz (criterio 2) y agencia (criterio 3) es la deliberación. En la psicología ética de Aristóteles es prohairesis. La deliberación es la conversación del alma con sí mismo en su fuero interno y también es la conversación con los demás, el intercambio de significados sociales. El resultado de la deliberación es la decisión práctica, lo que se decida hacer o no hacer. En la tradición occidental que ahora ha llegado a ser la civilización dominante a nivel global, se da un nombre especial a aquella entidad que delibera, decide, y actúa. Este nombre es persona.

 

Pero la palabra persona recalcada por Kant y otros filósofos modernos, se refiere a lo que los antiguos llamaron alma. Ahora podemos comentar la idea de Gandhi: creer en el alma de la persona es creer en su autonomía como sujeto generador de sus acciones. En este sentido funcionaba la palabra psuche en el griego antiguo, siendo dicha palabra el ancestro lineal de anima en Latin y alma en español. Los textos clásicos en griego antiguo, Platón, Aristóteles, los evangelios, las cartas de San Pablo, han sido traducidos al español poniendo alma por psuche, aunque dicho sea de paso la Biblia utiliza muy poco la palabra psuche prefiriendo la palabra pneuma que se traduce “espíritu.¨”

 

Recordemos también la definición de “voz” que nos legó Aristóteles. Una voz es un sonido emitido por un ser que tiene alma. Así las técnicas de entrevista humanista que captan las voces de las personas, se prestan también al respeto por las almas, y en fin a la construcción no violenta de culturas de paz.

 

Las metodologías humanistas no son ciencia blanda

 

 

Alto. Cuidado. Nos van a decir que lo que hacemos los humanistas es investigación blanda y sentimental. Nos van a decir que solamente los newtonianos de las ciencias sociales hacen investigaciones duras. Con mayor razón nos van a echar de la fraternidad científica si citamos a Aristóteles y si ocupamos palabras con olor a ética, como las son “respeto” y “persona” y peor todavía palabras con olor a religión como la es “alma.”

 

Es cierto que cuando respetamos a las personas, sus opiniones, y sus palabras en nuestras investigaciones, cuando elegimos una estrategia de investigación como narrativas personales (nuestra técnica numero 9) o participación con observación (nuestra técnica 8), estamos actuando de acuerdo con nuestros valores. No solamente estudiamos; también construimos. Gozamos de un sentimiento de calor humano porque nos sentimos en el corazón nuestra entereza, nuestra consecuencia. Por eso quizás nos sentimos tentados a dejar de lado lo que es la razón de ser de cualquier investigación: determinar los hechos. Veamos las cosas con lentes color de rosa. Cuando ellos nos dicen que somos los blandos y que quien quiera datos confiables no debe confiar en nosotros sino en los duros, las tentaciones de nosotros coinciden con las acusaciones de ellos.

 

Les quiero plantear que en los casos de investigaciones a la vez humanistas y realistas, cuando son bien realizadas, lo cierto es al revés. El humanismo cercano a los hechos concretos es duro. Las fantasías matemáticas sobre la base de bancos de datos que almacenan enormes cantidades de información sin contexto suelen alejarse de las realidades del terreno, y por eso a pesar de sus pretensiones duras son efectivamente blandas.

 

Hay más. La ciencia, según su definición clásica, es “el conocimiento de las cosas por sus causas.” Por lo tanto, aquella metodología de investigación que revela las causas de los fenómenos observados es científica. Mientras he contado a ustedes algo de filosofía general, he venido anticipando este momento del desafío de la acusación que la ciencia humanista es poco seria. He venido preparando mi defensa epistemológica. En resumidas cuentas, resumiendo lo antedicho, mi defensa es la siguiente:

 

Ser el animal cultural es el nicho ecológico de la especie humana. Aunque las culturas se organizan de múltiples maneras, siempre es central aquel momento en el cual la cultura deriva en acción. Es central la pauta. Por eso destacamos en una cultura cualquiera sus normas, vale decir sus reglas. Reglas son causas. Explican los fenómenos sociales. Las personas deliberantes son causas; generan acciones, y típicamente generan acciones acordes a las normas del medio. Las normas tienen lo que H.L.A. Hart llama su aspecto interno. Los seres humanos utilizamos las reglas para guiar y organizar nuestra conducta. Las reglas tienen un aspecto social en el sentido que los demás tienen licencia a criticar a quien se desvía de la norma sentada en el grupo. Por lo tanto explicaciones causales importantes del comportamiento humano se encuentran en el lenguaje y en las imágenes que figuran en la deliberación, y en las reglas que organizan la práctica.

 

Aun si fuera el caso que he exagerado en alguna medida la importancia de las reglas en la construcción social de la convivencia, y aun si fuera cierto que otro vocabulario, por ejemplo el habitus de Pierre Bourdieu, fuese preferible, sigue siendo cierto que para comprender cómo las personas organizan sus mundos y guían su conducta es necesario comprender su punto de vista, su subjetividad. Por lo tanto es necesario utilizar metodologías humanistas. Por lo tanto una buena investigación humanista tiene seriedad científica. Ilumina las causas de los fenómenos observados. Me refiero aquí especialmente a las ciencias económicas. Si uno sabe las reglas de contabilidad, los cálculos, y hasta los principios morales y sentimentales que de hecho ocupen los empresarios y los demás actores económicos, vas a conocer las causas de los fenómenos observados.

 

Un testimonio personal

 

Por encima de este razonamiento teórico quiero agregar mi testimonio personal como investigador social. La experiencia me ha enseñado que si uno quiere saber qué pasa en un medio determinado, el camino más corto al descubrimiento de los hechos es un camino humanista y realista. Escucha a la gente. Vaya con menos hipótesis derivada de la literatura académica especializada y más apertura para encontrar lo inesperado. Siga las pistas que sugieran los informantes. Triangula sus asertos con una variedad de estrategias cuantitativas y cualitativas. Así vas a aprender quien pelea con quien y sobre qué. Vas a aprender los códigos locales que enmascaran los conflictos personales y políticos que envenenan la vida del lugar; vas a aprender a comprender el por qué de las mentiras, quien las diga y con cuáles finalidades. Vas a aprender a dónde fue el dinero y dónde están enterrados los muertos.

 

Por otra parte si quieres maquillar, si quieres que nadie sepa nada, en este caso emprender un estudio cuantitativo con un marco teórico recetado. Hacer entrevistas con una muestra aleatoria de entrevistados y con preguntas cerradas. Repartir una encuesta de papel y lápiz con preguntas igualmente cerradas redactadas en tu oficina en el quinto piso de un edificio en la ciudad capital. Pasar los datos recogidos por el SPSS u otro software para que salga un análisis estadístico y una serie de cuadras y tablas. Así puedes asegurarte que los esqueletos van a quedarse tranquilos en sus tumbas. Tu informe oficial con adornos científicos servirá para conjurar la amenaza peligrosa que salgan verdades inconvenientes.

 

Por lo menos así ha sido la experiencia mía. Mi experiencia ha sido que los poderosos resisten la investigación humanista no porque es blanda, sino al contrario porque es eficaz para desvelar realidades que los poderosos prefieren ocultar.

 

La acción transformadora local es a la vez global, porque las reglas constitituvas son las mismas a ambos niveles

 

Ahora estamos en condiciones de reforzar el primer consuelo que ofrecí a quines no se sientan en condiciones de asumir la responsabilidad ciudadana de preocuparse por el bien de la humanidad y del planeta. Dije: Un primer consuelo es la tesis de Mahatma Gandhi que nuestro mundo es tal que al servir a los más prójimos, la familia y los vecinos, uno sirve a la vez a la humanidad. Ahora podemos aprovechar el concepto de reglas constitutivas de la modernidad.

Es notable que aquellas reglas son las mismas al micro-nivel de las relaciones personales y al macro-nivel de la economía global. Por eso tiene mayor razon Mahatma Gandhi cuando dice que para cambiar el mundo el primer paso es cambiar a uno mismo. Es hacer de uno mismo el sirviente de la familia y el sirviente de los prójimos inmediatos que son los vecinos del barrio y el sirviente de los compañeros y clientes del lugar de trabajo. A diferencia de Garfinkel, Goffman y otros no creo cuando estoy haciendo una investigación micro para promover una cultura de paz en un liceo o para promover la participación comunitaria entre campesinos que las cuestiones mayores del destino de la especie y del planeta no son las mías. No creo que el estudio de las grandes estructuras sociales sea otro campo que pertenece a otro género de especialistas. Al contrario, creo que lo que las investigamos locales, en cualquiera de los millones de medios locales sitiados en todo el planeta, tienen todo que ver el destino de la especie y del planeta.

Cada quien podemos elegir, como eligió Gandhi, de ser el cambio que queremos ver. Podemos cambiar el juego a pequeña escala por vivir nosotros mismos según reglas distintas. Podemos tratar de convencer a otros, como también lo hizo el mismo Gandhi. Gandhi escribió en promedio a mi parecer unas cuatro cartas y unos párrafos de algún discurso o artículo para la prensa cada día de su vida adulta. Además el enseñó a los demás por el ejemplo de su propia vida. Decía Gandhi que si uno quiere el cambio hay que comenzar con cambiar a una sola persona, a uno mismo. De allí puede el cambio pueda llegar a 10 personas o 100 o mil o un millón. Pero si se comienza con cero, no importa cuantas veces se multiplique por cero, será siempre cero.

 

Pero no quiero insistir demasiado en el ejemplo de Gandhi. Hay miles de maneras distintas de cambiar las reglas de juego que constituyen la vida humana. Gandhi dijo que su vida fue su mensaje, y por su vida mostró que es posible vivir siguiendo las pautas de otro paradigma. Pero no mostró un camino único a la transformación social. Mostró un camino entre miles.

 

El déficit de racionalidad

 

Regresamos al nivel macro tan bien analizado por John Maynard Keynes. La especie entera y el planeta se encuentren amenazados, como hemos visto en el análisis de Keynes, por un déficit de demanda efectiva. El bien de todos depende de la confianza que habrá rentabilidad. Esta confianza es siempre frágil por razones que remontan a las reglas básicas que constituyen la vida moderna.

 

Dicho lo mismo de otra manera hay un déficit de racionalidad. Es un déficit que aparece en la vida cotidiana local, y el mismo déficit de racionalidad aparece en las guerras, el terrorismo, las crisis económicas, y las crisis ambientales que sacuden el planeta. En las palabras de Gandhi es un déficit de verdad generada por un déficit de dharma.

 

Lo que debe hacer la racionalidad, lo que debe hacer el cerebro, lo que debe hacer la investigación científica, lo que debe hacer el conocimiento es mostrar a nosotros los seres humanos las acciones que debemos emprender para salvarnos. Así la racionalidad, el cerebro, la ciencia, cumpliría su función biológica.

 

Una verdadera racionalidad, funcional para servir la vida, nos enseñaría como lograr el empleo y abastecimiento de cada ser humano con dignidad y auto-disciplina. La integración social de cada quien que una verdadera racionalidad promoviera es lejos de la decadencia romana ahora repetida en Argentina y en otros paises, tal como se reparte pan gratuito a beneficiario pasivos del fisco público. La racionalidad debe mostrarnos cómo integrar a los delincuentes y los narco-traficantes a la sociedad legítima y sana. La racionalidad debe mostrarnos las tecnologías verdes y los estilos de vida austeros que serían compatibles con eco-sistemas sostenibles.

 

El déficit de nuestra racionalidad, que es también el déficit de nuestras metodologías de investigación científica, se manifiesta en la paradoja de la ciencia. La paradoja es que hoy en día más que nunca tenemos un enorme superávit de información. Cualquiera pueda encontrar en diez minutos en el Internet más estudios supuestamente científicos y una abundancia de datos cuantitativos sobre cualquier problema. Sin embargo los problemas siguen cada día peores.

 

El déficit de la racionalidad se encuentra en cantidades infinitas de información organizada con paradigmas intelectuales inseparables de las reglas constitutivas que establecen las pautas de nuestra sociabilidad. En este sentido la cultura moderna es semejante a las demás culturas estudiadas por los antropólogos. Siempre la estructura del saber y la estructura de la sociedad corresponden el uno al otro.

 

El déficit de racionalidad es etnocéntrico. Como una tribu cualquiera aceptamos nuestras pautas culturales como si fueron leyes naturales. Como observó Keynes aceptamos como natural e inevitable lo que es la consecuencia de nuestras instituciones.

 

El déficit de racionalidad se manifiesta cuando en vez de ampliar el abanico de opciones nos limitamos a considerar siempre las mismas medidas para echar a andar la máquina económica que nuestros antepasados nos legaron. En vez de ampliar la mente para buscar abastecimiento y dignidad para todos, cerramos la mente y ciegamente buscamos subir la tasa de empleo por hacer más rentables las inversiones. Quedamos con las trilladas medidas para estimular las inversiones a fin de estimular indirectamente el empleo.

 

El déficit de racionalidad se manifiesta cuando en vez de abrir las mentes para pensar en cómo liberarnos de tanta necesidad de mantener la confianza, quedamos con las mismas trilladas y nunca cien por cien exitosas medidas para mantenerla.

 

El déficit de racionalidad se manifiesta cuando no se abre a un análisis científico del tipo que intentó el gran pionero de la ciencia Buckminister Fuller con el objetivo de resolver los problemas vitales de la humanidad dentro de los limites impuestos por las leyes de la física, la química, y la biología. En vez de la seriedad científica de un Fuller, los ingenieros suelen realizar estudios limitados por principios económicos inmovibles. Intentan vanamente resolver los problemas vitales al interior del tipo de pensamiento económico actualmente dominante.

 

Hay un vacío intelectual, una distancia entre el pensamiento socialmente dominante y lo que en principio debe ser la ciencia. Por una parte hay una racionalidad limitada por el imperativo sistémico de promover las ventas y por ende la rentabilidad. Las reglas constitutivas de nuestra civilización dictan que las personas tienen que vender para vivir. Dictan que la producción depende de la rentabilidad.

 

Metodologías para superar el déficit de la racionalidad

 

Ojala que nos salve el ideal de la ciencia, tan lastimado en nuestros días pero todavía no muerto. Existe en nuestras tradiciones siempre en alguna medida híbridas la autorización de una ciencia más racional. Sería más racional en el sentido de considerar más alternativas antes de identificar la mejor solución a un problema. Es siempre más racional una mente abierta. Es siempre más racional reconocer que las instituciones actualmente dominantes no son las únicas posibles. Ni siquiera son, como nos recuerdan Nestor Garcia-Canclini y Robert Bellah, las únicas existentes.

 

Para ser legítima una metodología debe por lo menos hacer visible las reglas que organizan nuestra cultura moderna. Aquellas metodologías que simplemente ignoran las normas sociales son por eso cuestionables. Hacen invisibles las reglas constitutivas. Tratan la normalidad de la cultura vigente como si fuera natural.

 

Si es necesario cambiar las normas, la investigación científica debe aportar por lo menos información fidedigna en cuánto a cuáles son las normas que ya tenemos, cómo funcionan, y cómo son matizadas por todas las complejidades de nuestras sociedades híbridas y siempre cambiantes.

 

Faltan metodologías humanistas para corregir el déficit de racionalidad por razones que ya hemos visto. La tarea pertenece al campo de la ética, y por eso al campo de lo humano; o sea aquel campo que no solamente comprende la cultura sino que también evalúa y reinventa la cultura. Nos falta una cultura verde, austera, y solidaria que no tenemos; en fin otras reglas constitutivas estableciendo otras relaciones de los seres humanos entre sí y entre ellos y la naturaleza.

La ética

 

Déjame explicar porque he recalcado en ciertos momentos la palabra “ética.”

 

En un primer sentido la palabra “ética” no agrega nada a una metodología humanista. Una persona cuya conducta sea conforme a las normas de su cultura es una persona correcta. Su conducta acata las pautas de la ética vigente. Al estudiar las acciones humanas guiadas por las normas culturales, que es lo que hacen las metodologías humanistas, automáticamente uno estudia la ética. Esto se desprende de la raíz griega de la palabra “ética.¨ La palabra “ética” significa simplemente la norma cultural. Significa “costumbres.”

 

En un segundo sentido, la palabra “ética” agrega otra dimensión. Al correr de los años, la palabra “ética” ha llegado a significar no solamente lo que es sino lo que debe ser. Una norma cultural conforme con la ética es más que una norma cualquiera que la gente practique un cierto lugar en cierta época. Es una norma que debe ser practicado. Allí está la clave. Es la clave al cambio. Es la clave a la supervivencia.

 

Por ejemplo, en un primer sentido de la palabra “ética” las costumbres de la cultura moderna, sus leyes y sus principios morales, autorizan a los ricos o relativamente ricos a gastar lo que queremos gastar en el consumo suntuario. Nuestra propiedad es de nosotros, según el principio romano suum cuique todavía vigente entre el pueblo argentino, pueblo que nadie menos que Juan Domingo Perón ha llamado los romanos del mundo moderno.

 

Con lo que dominamos podemos perfectamente hacer lo que queremos, aunque los ricos seamos precisamente quienes estamos destruyendo el planeta por nuestras formas de vida físicamente insostenibles. Otra vez el déficit de racionalidad. Según la racionalidad social actualmente vigente tenemos derecho a consumir lo que se nos antoje, e incluso se promueva el consumo suntuario porque así se promueva la confianza de los mercados y por ende el funcionamiento de la máquina económica que genera el pan diario de todos.

 

Pero según una racionalidad realista conforme a las leyes de las ciencias naturales, el gran objetivo de la sociedad actual, vale decir eliminar la pobreza y generalizar a todos el estilo de vida de los ricos, es una locura insensata. Lo racional sería promover una vida verde y austera, mucho más cercana a la vida de las mayorías pobres de hoy, y distante de la vida de las minorías ricas.

 

La ética en un segundo sentido pregunta si debemos seguir las pautas culturales vigentes. Nos pide responsabilidad, vale decir, nos pide actuar tomando en cuenta las consecuencias de nuestras acciones. La ética nos pide no solamente seguir la norma, sino evaluar y revisar la norma.

 

Ética y poder

 

Cuando digo lo que les estoy diciendo, nunca me faltan quienes plantean el reparo que la ética no tiene ningún poder. Según una lectura de la historia muy común, la historia nos enseña que el cambio social es siempre el resultado de una lucha por el poder. La ética no cambia nada. El poder decide todo. Por lo tanto en vez de dedicarnos a metodologías de investigación científica cuya tendencia y meta es subir el nivel de la ética, debemos dedicarnos a la lucha. La lucha, según ellos, es la única causa que surte efectos. Según ellos la lucha es la única fuente posible del cambio social.

 

Respondo a semejantes reparos diciendo que uno pueda hablar del poder cuanto quiera, pero si no cambien las reglas no cambia nada. De hecho la forma de nuestras vidas está determinada por las reglas constitituvas del mercado; por otras reglas constitutivas hibridas, o sea al decir de Pierre Bourdieu las reglas que constituyen los distintos “campos” de la vida social, como los son el arte, la religión, el deporte etc.; y por otras normas y pautas sociales, las cuales al decir de Searle (siguiendo una tradición que remonta a Manuel Kant) son las normas que “regulan” pero no “constituyen.” Tenga quien tenga el poder, vivimos en mundos socialmente construidos. El material del cual son construidas es más que nada la normatividad. Echar del poder a los unos y colocar en el poder a los otros no cambia nada mientras no haya cambios de las pautas culturales.

 

Me refiero otra vez a Mahatma Gandhi. Su gran amigo Jawaharlal Nehru dijo que Gandhi fue un inocente porque Gandhi creía que los capitalistas iban a reformarse en forma voluntaria, mientras toda la historia enseña que nadie entrega el poder en forma voluntaria. Gandhi contestó que Nehru fue el inocente, porque Nehru pensaba que al nacionalizar la industria y ponerla en manos de políticos los políticos iban a ser honestos y solidarios. Todo el problema, dijo Gandhi, está en subir el nivel moral. Dijo Gandhi textualmente que si se puede lograr la unidad de los corazones, se puede lograr todo; y si no se puede lograr la unidad de los corazones no se puede lograr nada. Contestó a Nehru que si es posible convertir los corazones de los políticos para que sean honestos y solidarios, también es posible convertir los corazones de los capitalistas en el mismo sentido.

 

Gandhi no tenía el concepto de reglas constitutivas, y por eso no pudo decir que la transformación necesaria incluye el cambio de ellas. No alcanzó a formular el pensamiento de Keynes que tenga quien tenga el poder, el imperativo sistémico de mantener la confianza de los mercados nos domina a todos. A mi me parece obvio, pero lamentablemente parece no ser obvio a todos, que puesto que la dinámica misma del sistema moderno nos lleva a todos al caos y a la catástrofe, conviene a todos revisar las instituciones vigentes para que sean más funcionales. Conviene a todos un mundo sin pobreza y sostenible. Conviene a todos una ciencia racional.

 

Me refiero a revisar instituciones a la luz de una ciencia racional. ¿Y qué es lo que es una institución? Una institución es un conjunto de reglas. Es un conjunto de normas. Para cambiarlo tenemos que entenderlo. Para entenderlo necesitamos metodologías humanistas de investigación científica.

 

Cuarta definición de “humanista”

 

Ahora les puedo ofrecer una cuarta definición de metodología humanista. Digamos que una metodología es “humanista” si y solo si: rastrea y promueve los patrones de comportamiento que son los que caracterizan la especie humana, a saber: el comportamiento culturalmente pautado que opera a través de las deliberaciones y las acciones de agentes.

 

Quinta definición de “humanista”

 

Para terminar quiero sugerir una quinta definición de “humanista” y “humanizante.” Parto de un principio que informa el trabajo de mi amiga Chiqui González, actualmente Ministra de Cultura e Innovación de la provincia de Santa Fe, anteriormente Secretaria de Educación y Cultura de la Municipalidad de Rosario. Ella junta con el Italiano Francesco Tonucci es la diseñadora de los tres famosos parques educativos de Rosario, el Jardín de los Niños, La Granja de la Infancia, y la Isla de los Inventos. Ella en sus labores educativas y culturales parte de la base que “El niño es siempre una parte.¨ Hace eco del obispo y premio Nóbel de la paz africano Desmond Tutu quien declara, “Somos humanos porque pertenecemos, porque participamos, porque compartimos.¨

 

Este principio, que los niños no nazcan individualistas, sino que nazcan ya destinados a compartir una vida social, encuentro justificado por lo que sabemos de la historia y la prehistoria de la especie humana. En una obra ya clásica de la antropología Nancy Tanner de la Universidad de California ha mostrado que hasta la evolución del cuerpo humano hay que entender como la evolución de un animal cultural. Ella destaca que durante los 400 mil años de la existencia de la especie humana y sus prototipos inmediatos nuestros antepasados han sido recolectores y cazadores viviendo en pequeños grupos. Aprendieron a cooperar para sobrevivir frente a la competencia de especies físicamente más fuertes que ellos. En este ambiente y contexto se formó el cuerpo humano con todas sus tendencias emocionales.

 

Amén de nuestra larga experiencia formadora en pequeños grupos de recolectores y cazadores, los seres humanos hemos vivido miles de años como pastores, como pescadores, y como agricultores. Son menos de 400 años que las mayorías hemos vivido en sociedades en las cuales la producción depende principalmente de la confianza que se pueda vender los productos a precios convenientes, vale decir a precios que cubren los costos y dejen además una margen de ganancia suficiente para motivar a los emprendedores e inversionistas. Las reglas constitutivas más antiguas, nos dicen los especialistas quienes se han dedicado a la materia, eran más que nada normas de obligación recíproca al interior de los clanes y entre un clan y otro. Nos dice el antropólogo francés Marcel Mauss que las sociedades arcaicas entendieron poco o nada el concepto de compra y venta. Lo que entendieron fue enemistad y amistad. Los enemigos peleaban. Los amigos compartían

 

Sugiero que sea lo que sea la mentalidad que organiza el comercio moderno en la sangre y el cuerpo del ser humano sigue en vida el deseo arcaico de ser parte de una tribu. Lo veo en la muchedumbre que acude a los partidos de fútbol para vitorear a su equipo. Lo veo en los cantos y en las ceremonias de las religiones. Lo veo en el amor entre parejas y entre familiares; y lo veo como lo vio Emile Durkheim en los suicidios cuyos números aumentan siempre en navidad y otros días festivos en los cuales las personas aislada y sin amor sienten con mayor dolor su soledad. Lo veo en las muchedumbres que acuden a los conciertos de los rockeros y los reggaetoneros para moverse al ritmo de sus ídolos musicales. Lo veo en los sentimientos masivos de solidaridad que siempre motivan caudales de ayuda fraternal cada vez que haya un terremoto o un tsunami. Lo veo cada vez que aterriza un avión y los pasajeros comienzan a hablar a sus familiares con sus celulares. Saco la conclusión que el deseo de ser parte, de pertenecer, de participar, de compartir sigue vigente en la sangre y en el cuerpo.

 

Saco la conclusión que los cambios culturales profundos más probables y más factibles serán aquellos que retornan a los seres humanos a lo que ha sido la naturaleza humana durante los milenios. Serán los cambios que corrigen las desviaciones de la normalidad humana que han hecho del cuerpo humano un organismo alienado. Serán los cambios que anhelamos por tendencia instintiva los homo sapiens que queremos vivir según las tendencias sociales de nuestros cuerpos y nuestras emociones.

 

La motivación necesaria para la transformación necesaria ya existe. Fue instalada hace muchos siglos en los códigos ADN que estructuran nuestros cuerpos.

 

A la luz de mi hipótesis que las emociones humanas se formaron durante siglos de vida cooperativa, y que por lo tanto las reglas mercantiles que constituyen la modernidad son una desviación de lo que es normal para nuestra especie, propongo una quinta definición de lo que es una metodología humanista de investigación científica. Es humanista aquella metodología que rastrea y promueve nuestra tendencia genérica a una sociabilidad de tipo familiar, o sea a la hermandad, a la fraternidad. Una sociabilidad del tipo que Durkheim llamó segmentée, organizado por estructuras de parentesco en parte biológicas y en parte míticas, ha sido típica de la mayoría de las culturas que los seres humanos hemos inventado. Es típica de la cultura humana, y calza naturalmente con el cuerpo humano. Es por eso que puede decir Chiqui González que los niños siempre quieren ser partes de algo mayor que ellos mismos. Los adultos también queremos trascender nuestra soledad. En el corazón, en el cuerpo, queremos la integración social. Llamamos pues “humanista” a aquella metodología que reconoce y afirma esta tendencia profundamente sentimental que nos caracteriza y nos define como especie.

 

Les agradezco la atención. Ha sido un placer estar con ustedes, y compartir con ustedes, y será un placer regresar en septiembre para realizar el segundo de los cuatro módulos dedicados a la metodología.

 

 

 

Betty Reardon, Sexism and the War System. Syracuse: Syracuse University Press, 1996.