ÁLGEBRA

El álgebra y el dinero son esencialmente niveladores, el primero intelectualmente, y el otro de manera efectiva. La vida de los campesinos provenzales dejó de parecerse a la de los campesinos griegos descritos por Hesiodo hace aproximadamente cincuenta años. Por la misma época se ha producido la destrucción de la ciencia tal y como la concebían los griegos. El dinero y el álgebra han triunfado simultáneamente.

Entre las características del mundo moderno no hay que olvidar la imposibilidad de apreciar en concreto la relación entre el esfuerzo y el efecto del esfuerzo. Demasiados intermediarios. Como en tantos otros casos, esa relación que no radica en pensamiento alguno, radica en una cosa: el dinero.

Cesa la relación entre signo y significado; el juego de los intercambios de signos se multiplica por sí mismo y en su propio beneficio. Y la dificultad creciente exige signos para los signos... Dinero, maquinización, álgebra. Los tres monstruos de la civilización actual. Analogía perfecta.

Dado que el pensamiento colectivo no puede existir como tal pensamiento, pasa a las cosas (signos, máquinas...). De ahí la paradoja: es la cosa la que piensa y el hombre quien queda reducido al estado de cosa.

No existe pensamiento colectivo. En cambio, nuestra ciencia es colectiva, como lo es nuestra técnica. Especialización. No solamente heredamos resultados, sino incluso métodos que no entendemos. Por lo demás, ambas cosas son inseparables, porque los resultados del álgebra proporcionan los métodos al resto de las ciencias.

¿Qué significa hacer balance o crítica de nuestra civilización? Tratar de poner en claro de una manera precisa la trampa que ha llevado al hombre a ser esclavo de sus propias creaciones. ¿Por dónde ha penetrado la inconsciencia en el pensamiento y la acción metódicos? Escaparse a una vida salvaje es una solución perezosa. Hay que encontrar de nuevo el pacto original entre el espíritu y el mundo en la misma civilización en que vivimos. Se trata por lo demás de una tarea imposible de cumplir a causa de la brevedad de la vida y de la imposibilidad de colaboración y sucesión. Pero eso no es óbice para no emprenderla. Nos encontramos en una situación análoga a la de Sócrates cuando esperaba la muerte en su celda aprendiendo a tocar la lira... Cuando menos, habremos vivido...

Al sucumbir bajo el peso de la cantidad, al espíritu no le queda otro criterio que el de la eficacia. La vida moderna se ha entregado a la desmesura. La desmesura lo invade todo: la acción, el pensamiento, la vida pública y la privada. De ahí la decadencia del arte. No hay ya equilibrio en ningún sitio. El movimiento católico reacciona parcialmente en contra de ello: por lo menos sus ceremonias han quedado intactas. Pero tampoco tienen nada que ver con el resto de la existencia. El capitalismo ha consumado la liberación de la colectividad humana en relación con la naturaleza. Pero esa misma colectividad ha heredado inmediatamente frente al individuo la función opresiva que antes ejercía la naturaleza. Incluso materialmente es verdad esto. Del fuego, del agua, etc. De todas estas fuerzas de la naturaleza se ha adueñado la colectividad. Pregunta: ¿Puede transferirse al individuo la liberación alcanzada por la sociedad?