Minuto de Poesía

 
Seleccionamos para tí, cada día, una poesía de esas que trascienden el tiempo y que expanden el espíritu.
Cinco minutos diarios de poesía pueden ser suficientes para despertar nuestro espíritu y hacernos gustar la eternidad.
Porque como dijo Rabindranath Tagore, “la poesía es el eco del universo infinito en el corazón del hombre”. Aquí te invitamos a escucharlo.

 

de Pedro Calderón de la Barca

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte...

de Manuel Scorsa

América,
a mí también debes oírme.
Yo soy el estudiante
que tiene un solo traje y muchas penas.
Yo soy el desterrado
que...

de Manuel Scorsa

Tal vez mañana los poetas pregunten
por qué no celebramos la gracia de las muchachas;
tal vez mañana los poetas pregunten
por qué...

Camilo José Cela, español,1916-2002.

(Poemilla ínfimo y azorado, tenue, orgulloso y levemente soberbio, que...

de Nicomedes Santa Cruz

Muerte, si otra muerte hubiera
que de ti me libertara
a esa muerte pagara
porque a ti, muerte te diera.


(Anónimo)

La Señora Silenciosa.
La Veterana...

de Pedro Calderón de la Barca

Esos rasgos de luz, esas centellas
que cobran con amagos superiores
alimentos del sol en resplandores,
aquello viven, si se duelen dellas.

Flores nocturnas son; aunque...

de Alfonso Reyes

Flor de las adormideras:
engáñame y no me quieras.

¡Cuánto el aroma exageras,
cuánto extremas tu arrebol,
flor que te pintas ojeras
y exhalas el alma al sol!
Flor de las...

de Mario Benedetti

Todo mandato es minucioso
y cruel
me gustan
las frugales transgresiones
Por ejemplo inventar el buen
amor
aprender
en los cuerpos y en tu cuerpo
Oír la noche y no...

de Evaristo Carriego

La costurerita que dio aquel mal paso
y lo peor de todo, sin necesidad
con el sinvergüenza que no la hizo caso
después según dicen en la vecindad

se fue hace dos días. Ya no era...

de Pedro Prado

PRESENTIMIENTO

Todo en mi vida es un presentimiento.
Soy como hoja medio desprendida
que ya la agita, sin llegar el viento;
una hoja...

de José Santos Chocano

Enorme tronco que arrastró la ola,
yace el caimán varado en la ribera;
espinazo de abrupta cordillera,
fauces de abismo y formidable cola.

El sol lo envuelve en fúlgida aureola...

de Alfonso Reyes

Ni forma de vida, ni pensamiento pasa,

ni luz, ni voz, ni tengo calor de compañía.
cuando súbitamente, rompiendo el alma mía,
penetran, como pájaros, los ruidos de la casa.

¡Claro...

de Julio Barrenechea

 

Como la luz en su platino vivo,

envuelto en un metal de...

de Evaristo Carriego

Porque hoy has venido, lo mismo que äntes,
con tus adorables...

de Joaquín Dicenta

 

De la cañada en el fin,...

de Victor Domingo Silva

¿Nunca ya tu mano breve,
mitad ámbar, mitad nieve,
me enviará
otra dulce carta escrita
con su letra menudita?,
¿nunca ya?

¿En la tarde visionaria,
la casita...

de Joaquín Dicenta

 

¡Qué doloroso es amar...

y no poderlo decir!

Si es doloroso saber,

que va marchando la vida

como una mujer querida,

que jamás ha de volver.

Si es...

de Benjamín Taborga

Hoy se fue. Yo la amaba. No era buena.
"Bien -pensé neciamente- que la hiena
se vuelva para siempre a su zahurda.
Ahora venga la paz, la paz serena..."
Pero lo que ha venido es una pena...

de Luis Gonzaga Urbina

¿Que si me duele? Un poco; te confieso
que me heriste a traición; mas por fortuna
tras el rapto de ira vino una
dulce resignación... Pasó el...

De Germán Berdieles

Este niño pícaro
se burla de mí,
cierra los ojitos
y los vuelve a abrir.

Basta de jugar,
basta de reír,
cierre ya los ojos
y quédese así.
...

De Miguel Hernández

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna...

de Romildo Risso y Atahualpa Yupanqui

No me hagan tantos elogios
de esos que vienen al campo
y ruempen tuita la tierra
que logran tener a mano.

No digo que pa’ vivir
tenga que hacerse algún...

de Atahualpa Yupanqui

 

Caminito del indio:
Sendero colla
Sembrao de piedras.
Caminito del indio
Que junta el valle con las estrellas.

Caminito que anduvo
De sur a norte
Mi raza...

de Luis Fernández Ardavin

Se ha de ver tu calavera al final de este camino,
en las manos afiladas de un trapense o agustino…
Y donde hoy entran las locas alondras del pensamiento
...

de Jorge Guillén

Miro hacia atrás, hacia los años, lejos,
y se me ahonda tanta perspectiva
que del confín apenas sigue viva
la vaga imagen sobre mis espejos.

Aun vuelan, sin embargo, los vencejos...

de José Somoza

La luna mientras duermes te acompaña,
tiende su luz por tu cabello y frente,
va del semblante al cuello, y lentamente
cumbres y valles de tu seno baña.

Yo, Lesbia, que al umbral de tu...

de Rosalía de Castro

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
De mí...

de Francisco de Quevedo

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Es un descuido que nos da cuidado,...

de Félix de Azúa

Ahora es mi turno, cuando cierro los ojos
y me olvido de ti, de tu salvaje higuera y tus higos salvajes,
cuando tu carne, como un libro de cuentos, resplandece en la noche
a la luz de un hogar...

de Féliz de Azúa

Estás triste, los desnudos no te afectan
y sus caricias resbalan por tu dorada piel.
Salidos de una piscina de sangre diluida,
estos ángeles rojos no te afectan y en ellos sólo ves bronce,...

de José Emilio Pacheco

La silenciosa noche. Aquí en el bosque
no distingo rumores, no, de ninguna especie.
Los gusanos trabajan.
Los pájaros de presa hacen lo suyo
(seguramente).
Pero no escucho nada...

de José Emilio Pacheco

Pero el agua recorre los cristales
musgosamente:
ignora que se altera
lejos del sueño todo lo existente.

Y el reposo del fuego es tomar forma
con su pleno poder de...

de Juan Ramón Jiménez

Si yo, por ti, he creado un mundo para ti,
dios, tú tenías seguro que venir a él,
y tú has venido a él, a mí seguro,
porque mi mundo todo era mi esperanza.
Yo he acumulado mi...

de Pablo Neruda

Mi muchacha salvaje, hemos tenido
que recobrar el tiempo
y marchar hacia atrás, en la distancia
de nuestras vidas, beso a beso,
recogiendo de un sitio lo que dimos
sin alegría,...

de Juan L. Ortiz

A la orilla del río
un niño solo
con su perro.
A la orilla del río
dos soledades
tímidas
que se abrazan.

¿Qué mar oscuro,
qué mar oscuro,
los rodea,
...

de León Felipe

Aquí estoy...
En este mundo todavía... Viejo y cansado... Esperando
a que me llamen...
Muchas veces he querido escaparme por la puerta maldita
y condenada
y siempre un ángel invisible...

de José Moreno Villa

Yo detesto las rosas;
una rosa me encanta.

Yo detesto los árboles;
pero un álamo, un chopo,
un níspero, un olivo
son como gente mía.

Yo detesto las piedras,...

de Luis Rosales

De lirio en oración, de espuma herida
por el paso del alba silenciosa;
de carne sin pecado en la gozosa
contemplación del niño sorprendida;

de nieve que detiene su caída
sobre la...

de Jaime Sabines

¡Qué risueño contacto el de tus ojos,
ligeros como palomas asustadas a la orilla
del agua!
!Qué rápido contacto el de tus ojos
con mi mirada!

¿Quién eres tú? !Qué importa!...

de Álvaro Mutis

A la vuelta de la esquina
un ángel invisible espera;
una vaga niebla, un espectro desvaído
te dirá algunas palabras del pasado.
Como agua de acequia, el tiempo
cava en ti su arduo...

de José Eustasio Rivera

Sintiendo que en mi espíritu doliente
la ternura romántica germina,
voy a besar la estrella vespertina
sobre el agua ilusoria de la fuente.

Mas cuando hacia el fulgor...

de Carlos Sabat Ercasty

Más allá de la luz y los diáfanos ojos,
más allá del paisaje efímero y cambiante,
más allá de las noches curvadas de tinieblas
y de las ruedas lúcidas y ciegas de los astros,

...

de Salvador Reyes

Mar, yo hermano de la Costa te formulo mi promesa:...

de José Martí

Cultivo una rosa blanca
en junio como en enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga...

de Claudia Lars

Como abeja obstinada
exploro inefables reinos
que desconoces
y al entrar en la memoria de tu corazón
señalo parajes virginales.

¡Aquí la eternidad
modificando nuestro...

de Miguel Hernández


Dos especies de manos se enfrentan en la vida,
brotan del corazón, irrumpen por los brazos,
saltan, y desembocan sobre la luz herida
a golpes, a zarpazos.

La mano es la...

de Jorge González Bastías

El agua vierte, vierte, vierte.
sangre de un generoso corazón,
fecundará simientes.

No hay viento, no hay sequía que la ciegue.
No hay soles que la turben.
El agua...

de Baldomero Fernández Moreno

Setenta balcones hay en esta casa,
setenta balcones y ninguna flor.
¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?
¿Odian el perfume, odian el color?

La piedra desnuda de...

de Ángel Cruchaga

¿Más allá de qué monte, de qué dormida estepa
lejanísima y sola viene tu voz de llama?
Eres como una herida de miel en mi tristeza.
Llegas como la tarde perfumando mi casa.

Voz que...

de Evaristo Carriego

Está lloviendo paz. ¡Qué temas viejos
reviven en las noches de verano!...
Se queja una guitarra allá a lo lejos
y mi vecina hace reír al piano.

Escucho, fumo y bebo en tanto el...

de Enrique Banchs

I

Entra la aurora en el jardín; despierta
los cálices rosados; pasa el viento
y aviva en el hogar la llama muerta,
cae una estrella y raya el firmamento;

canta el...

de Ismael Enrique Arciniegas

Leía y meditaba. Era la hora
en que el alma en la carne se agiganta.
El sol caía en la naciente sombra;
la tarde se apagaba.

Meditaba, y mi espíritu subía,
subía...

de Olga Acevedo

Hay un espeso amor de tréboles rosados,
un delicioso impulso de oscuras músicas terrestres.
Gozo puro, coral de nidos y de arcángeles,
arboledas que trinan como arpas encantadas.
Hora de...

de Guillermo Carnero

Alguno que otro día
me amanece el deseo de invitarte un café,
de abrazarme a la certeza
con la que me nombraste para siempre.
Quiero escuchar como respira en vos el universo
y...

de José Martí

Cuando me puse a pensar
la razón me dio a elegir
entre ser quien soy, o ir
el ser ajeno a emprestar,

Mas me dije: si el copiar
fuera ley, no nacería
hombre alguno, pues...

de Hernán del Solar

Es un claro de luna desmoronado, ciego,

que lóbregos estambres enarbola; es un claro

de luna en la pared del comedor, y avanza,

por garras de candor, las alas a la rastra.

Bajel...

de María Victoria Arencia

Eramos gente hechas al don de mansedumbre
y a la vaga memoria de un camino a algún sitio.
Y nadie dio la orden. -Quién sabría su instante.-
Pero todos, a un tiempo y en silencio,...

de Carlos Bousoño

Yo iba contigo. Tú con tristes ojos
parecías la tarde en la mañana.
Mi amor, al verte triste, atardecía.
Atardecía, pero alboreaba.

Pues yo te quise más. Para alegrarte,
la...

de Alfonso Costafreda

No sé de dónde vienen
tu risa, tu alegría,
en qué instante aprendiste
a mirar frente a frente
todo lo que tememos.
A mirarlo en los ojos
como si nada hubiera
que...

de Mario Benedetti

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de paciencia y asco?
¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
también les queda no decir amén
no dejar que les maten el amor
...

de Manuel Reina

El salón, por deliciosas
mujeres, se halla adornado;
parece estuche dorado
lleno de piedras preciosas.
¡Oh brillante diversión!
...

de León Felipe

Siempre habrá nieve altanera
que vista el monte de armiño
y agua humilde que trabaje
en la presa del molino.

Y siempre habrá un sol también
—un sol verdugo y amigo—
que...

de Pedro Calderón de la Barca

Cuentan de un sabio que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas hierbas que cogía.
¿Habrá otro, entre sí decía,
más pobre y triste que yo?...

de Gabriel Celaya

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,
...

de Alonso de Ercilla

Chile, fértil provincia y señalada
en la región antártica famosa,
de remotas naciones respetada
por fuerte, principal y poderosa;
la gente que produce es tan granada,
tan...

de Ramón del Valle-Inclán

¡Tengo rota la vida! En el combate
de tantos años ya mi aliento cede,
y al orgulloso pensamiento abate
la idea de la muerte, que lo obsede.

Quisiera entrar en mí, vivir...

de Belisario Roldán

Y bien, compañera, ha llegado el día
el día y la hora del último beso...
Nada de sollozos, ¡no caigas en eso!
Tienen estos trances su melancolía;
pero hay que ser fuertes, como...

de Vicente Huidobro

El invierno ha llegado al llamado de alguien
Y las miradas emigran hacia los calores conocidos
Esta noche el viento arrastra sus chales de viento
Tejed queridos pájaros míos un techo de...

de Pablo de Rokha

Soy el hombre casado, soy el hombre casado que inventó el matrimonio;
varón antiguo y egregio, ceñido de catástrofes, lúgubre;
hace mil, mil años hace que no duermo cuidando los chiquillos y las...

de Nicanor Parra

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros...

de Jaime Sabines

Te desnudas igual que si estuvieras sola
y de pronto descubres que estás conmigo.
¡Cómo te quiero entonces
entre las sábanas y el frío!

Te pones a flirtearme como a un desconocido...

de Alfonso Reyes

No cabe duda: de niño,
a mí me seguía el sol.

Andaba detrás de mí
como perrito faldero;
despeinado y dulce,
claro y amarillo:
ese sol con sueño
que sigue a los niños....

de Ricardo Nieto

Por los callejones y las alquerías               
que el sol ilumina con leves reflejos,           
recordando siempre sus mejores días             
pasan renqueando los caballos viejos...

de Rubén Darío

En su país de hierro vive el gran viejo,
bello como un patriarca, sereno y santo.
Tiene en la arruga olímpica de su entrecejo
algo que impera y vence con noble encanto.

Su alma del...

de Miguel de Cervantes

¿Quién dejará, del verde prado umbroso,
las frescas yerbas y las frescas fuentes?
¿Quién, de seguir con pasos diligentes
la suelta liebre o jabalí cerdoso?

¿Quién, con el son...

de Nicanor Parra

Yo soy el Individuo.
Primero viví en una roca
(Allí grabé algunas figuras).
Luego busqué un lugar más apropiado.
Yo soy el Individuo.
Primero tuve que procurarme alimentos,
...

de Miguel D'Ors

Es misteriosa como el tiempo y el mercurio,
delirante y exacta, álgebra y fuego.
Cuando nadie la espera, coronada de escarcha
baja tarareando con pies maravillosos
por entre los helechos. ...

de Antonio Machado

 

La primavera besaba

suavemente la arboleda,

y el verde nuevo brotaba

como una verde humareda.

 

Las nubes iban pasando

sobre el campo juvenil...

...

de Pablo Neruda

Llega el invierno. Espléndido dictado
me dan las lentas hojas
vestidas de silencio y amarillo.

Soy un libro de nieve,
una espaciosa mano, una pradera,
un círculo que espera,...

de Pablo Neruda

La mariposa volotea
y arde —con el sol— a veces.

Mancha volante y llamarada,
ahora se queda parada
sobre una hoja que la mece.

Me decían: —No tienes nada.
No estás...

de León de Greiff

No te besé la boca sino cuando
me decías que el viento te besaba...
Si te gocé, ello fue si te gozaba
también Eros....: con él te iba gozando.

Yo sólo se decir como es "amando"
ni...

de José Gorostiza

Iremos a buscar
hojas de plátano al platanar.

Se alegra el mar.

Iremos a buscarlas en el camino,
padre de las madejas de lino.

Se alegra el mar.

Porque...

de Oscar Castro

Luna de cantos mojados,
pulida de viento y alba.
Calles de esquinas desnudas.
Casas de ciegas ventanas.


En una esquina sin nadie,
el viento encontró a la flauta;
...

de Juan Ramón Jiménez

Señor, matadme, si queréis.
(Pero, señor, ¡no me matéis!)

Señor dios, por el sol sonoro,
por la mariposa de oro,
por la rosa con el lucero,
los corretines del sendero,...

de Violeta Parra

Volver a los diecisiete
después de vivir un siglo
es como descifrar signos
sin ser sabio competente.
Volver a ser de repente...

de Manuel Gutiérrez Nájera

Quiero morir cuando decline el día,
en alta mar y con la cara al cielo,
donde parezca sueño la agonía
y el alma un ave que remonta el vuelo.

No escuchar en los últimos...

de Claudio Rodriguez

Después de tantos días sin camino y sin casa
y sin dolor siquiera y las campanas solas
y el viento oscuro como el del recuerdo
llega el de hoy.

Cuando ayer el aliento era...

de Juan Arolas

Sobre pupila azul, con sueño leve,
tu párpado cayendo amortecido
se parece a la pura y blanca nieve
que sobre las violetas reposó:
yo el sueño del placer nunca he dormido:
se más feliz...

de Emilio Prados

Te llamé. Me llamaste.
Brotamos como ríos.
Alzáronse en el cielo
los nombres confundidos.

Te llamé. Me llamaste.
Brotamos como ríos.
Nuestros cuerpos quedaron
...

de Alberto Lista

Es tarde ya para que el amor me prenda
en su lazo halagüeño y fementido;
que aunque tal vez de la razón me olvido,
el hielo de la edad ¿quién hay que encienda?

Es tiempo ¡ay! triste...

de Andrés Sánchez Robayna

Todo comienzo es ilusorio.
Todo comienzo es sólo un enlazarse
del principio y del fin en la cadena
del tiempo, es el instante
en que creímos ver el nacimiento
y el...

de Viviane Natham

Dejaré las notas en su sitio,
miraré más allá de los objetos,
cantaré hacia adentro, como siempre,
lloraré hacia fuera,
tomaré el peso acostumbrado de mi cuerpo,
giraré los pasos:...

de Sor Juana Inés de la Cruz

Que no me quiera Fabio al verse amado
es dolor sin igual, en mi sentido;
mas que me quiera Silvio aborrecido
es menor mal, mas no menor enfado.

¿Qué sufrimiento no estará...

de José García Nieto

Se oye levísima la voz
del viento. Suena entre los árboles
quizá como nunca sonó.
La noche nace como un río
de las manos mismas de Dios.

Yo miro desde mi ventana.
Yo...

de José Santos Chocano

Indio que asomas a la puerta
de esa tu rústica mansión:
¿Para mi sed no tienes agua?
¿Para mi frío cobertor?
¿Parco maíz para mi hambre?
¿Para mi sueño, mal rincón?
¿...

de José Santos Chocano

Hace ya diez años
que recorro el mundo.
¡He vivido poco!
¡Me he cansado mucho!

Quien vive de prisa no vive de veras:
quien no hecha raíces no puede dar fruto.
...

de Luis Rosales

Como es misericordia la locura y el espacio nos brinda la bienaventuranza,
como es la noche viva, la lluvia silenciosa que va del corazón del hombre hasta los ojos
en un encendimeinto de sombra y hermosura....

de Claudio Rodriguez

Dejad que el viento me traspase el cuerpo
y lo ilumine. Viento sur, salino,
muy soleado y muy recién lavado
de intimidad y redención, y de
impaciencia. Entra, entra en mi lumbre,...

de Amado Nervo

Como duerme la chispa en el guijarro
y la estatua en el barro,
en ti duerme la divinidad.
Tan sólo en un dolor constante y fuerte
al choque, brota de la piedra inerte
el relámpago de...

de Dámaso Alonso

Tú le diste esa ardiente simetría
de los labios, con brasa de tu hondura,
y en dos enormes cauces de negrura,
simas de infinitud, luz de tu día;

esos bultos de nieve, que bullía...

de Julia de Burgos

Despierta de caricias,
aún siento por mi cuerpo corriéndome tu abrazo.
Estremecido y tenue sigo andando en tu imagen.
¡Fue tan hondo de instintos mi sencillo reclamo...

!De mí se...

de Garsilaso de la Vega

Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y...

de Enrique Gil y Carrasco

Mariposa, mariposa,

que das al viento gentil

de tus alas de oro y púrpura

el espléndido matiz;

que, veleidosa y ligera,

la tímida flor de abril

besas y al...

de Jorge Guillén

Sí, más verdad,
objeto de mi gana.

Jamás, jamás engaños escogidos.

¿Yo escojo? Yo recojo
la verdad impaciente,
esa verdad que espera a mi palabra.

¿Cumbre? Sí...

de Leopoldo Panero

Para inventar a Dios, nuestra palabra
busca, dentro del pecho,
su propia semejanza y no la encuentra,
como las olas de la mar tranquila,
una tras otra, iguales,
quieren la...

de Luis Pimentel

Te enseñaré sin gritos.
El poeta es un maestro sin ira.
Te llevaré a mi reino,
donde te aguarda
la bandera de la esperanza....

de Ramón Pérez de Ayala

Con sayal de amarguras, de la vida romero,
topé, tras luenga andanza, con la paz de un sendero.
Fenecía del día el resplandor postrero.
En la cima de un álamo sollozaba un jilguero....

de José María Valverde

Oigo viejas campanas que llegan del pasado,
campanas de la tarde en los pueblos tranquilos...
Campanas que no he visto, y ahora están cantándome
desde los dulces valles del pasado...

de Miguel Arteche

La encantada, la ofendida,
la trocada y trastocada,
la que a mí me mudaron
como árbol sin hojas,
como sombra sin cuerpo.
Dios sabe si es fantástica o no es fantástica,
si en...

de Ramón del Valle-Inclán

Esta emoción divina es de la infancia,
cuando felices el camino andamos
y todo se disuelve en la fragancia
de un Domingo de Ramos.

El campo verde de una tinta tierna,...

de Julia de Burgo

¡Te adoré tanto anoche!
-Me adoraste en ausencia.

-¡Te besé tanto anoche!
-Me besaste en ausencia.

-¡Te miré tanto anoche !
-Me miraste en ausencia.

-¡Te adoré
...

de José Hierro

Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
un misterioso sol amanecía.

Era la alegría la mañana fría
y el...

de Esteban Gumucio

 

La cortante espada de Dios hendió los aires

y desde la profundidad de la herida nació el viento.

Al viento nunca lo hemos visto,

sólo adivinamos su presencia elemental.

...

de Rafael Sánchez Mazas

 

Alguna vez hemos hallado una

casita verde y blanca, en el paseo,

a principios del mes de junio, alguna

tarde, cuando empezaba el veraneo.

Nos miramos los dos;...

de Francisco Brines

Oyendo aquí los pinos, miro el cielo;
mis ojos, inocentes; soy el niño
que se esconde a mirar y oír el mundo,
a sorprender la noche cómo roba.

Sigo oyendo los pinos, sigue el cielo,...

de Tomás Segovia

He visto los caminos sutiles de la noche
conducir las ciudades
hacia una forma apasionada,
fantástica, lejos de toda imparcialidad.
Y el ansia nos ha puesto arenas en los ojos
y...

de José Marí Blanco White

¿Adónde te hallaré, Ser Infinito?
¿En la más alta esfera? ¿En el profundo
abismo de la mar? ¿Llenas el mundo
o en especial un cielo favorito?

"¿Quieres saber, mortal, en...

de Garcilaso de la Vega

Con ansia extrema de mirar qué tiene
vuestro pecho escondido allá en su centro,
y ver si a lo de fuera lo de dentro
en apariencia y ser igual conviene,

en él puse la vista: mas detiene...

de Gloria Fuertes

En las noches claras,
resuelvo el problema de la soledad del ser.
Invito a la luna y con mi sombra somos tres.

de Nicolás Augusto González

Ni el candor de tu rostro, que revela
que tu sensible corazón dormita,
ni tu...

de Jorge Guillén

Llegamos al final,
a la etapa final de una existencia.

¿Habrá un fin a mi amor, a mis afectos?
Sólo concluirán
bajo el tajante golpe decisivo.

¿Habrá un...

de Jaime Gil de Biedma

Pasada ya la cumbre de la vida,
justo del otro lado, yo contemplo
un paisaje no exento de belleza
en los días de sol, pero en invierno inhóspito.
Aquí sería dulce levantar la...

de José Bergamín

La música traiciona el sentimiento,
Delia, en tus ojos, tan divinamente
que hacen su noche oscura transparente
de sobrenatural entendimiento.

Los astros, que armonioso movimiento
rige,...

de Tomás Segovia

No puedo piensa el Nómada
parar aquí llegado de tan lejos
sabiendo que ni huella
ni semilla
ni herida mía alguna he de dejar
sin buscarle los ojos a esta tierra
de mirada...

de Rafael Alberti

Tejidos sois de primavera, amantes,
...

de José Luis Hidalgo

Ha llegado la noche para todos:
yo reclino mi frente en esta piedra,
donde los siglos, ciegamente, pasan,
mientras fulgen, arriba, las estrellas.
Entre duros peñascos me arragazan...

de José Luis Hidalgo

Déjame que, tendido en esta noche,
avance, como un río entre la niebla,
hasta llegar a Ti, Dios de los hombres,
donde las almas de los muertos velan.
Los cuerpos de los tristes que...

de Juan Ramón Jiménez

¡Ay tus manos cargadas de rosas! Son más puras
tus manos que las rosas. Y entre las...

de Garcilaso de la Vega

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que...

de Pablo Neruda

Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas, 
...

de Pedro A. de Alarcón

 Fumaba yo, tendido en mi butaca,
...

de Antonio Machado

Era una noche del mes 
de mayo,...

de Antonio Machado

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, 
y un huerto claro donde madura el...

de Samuel A. Lillo

 

Su padre, un guerrero de...

de Amado Nervo

Tan rubia es la niña que 
cuando hay...

de Manuel Machado

Esta es mi cara y ésta es mi alma: leed.
Unos ojos de hastío y una boca de sed...
Lo demás, nada... Vida... Cosas... Lo que se sabe...
...

de Mario Benedetti

No te rindas, aún estás a tiempo

de alcanzar y comenzar de nuevo,

...

de María Victoria Atencia

Ya está todo en sazón. Me siento hecha, 
me conozco mujer y clavo al suelo 
profunda la raíz, y tiendo en vuelo 
la rama, cierta en ti, de su cosecha. 

¡Cómo crece la rama y...

de Victoriano Crémer

¿Cómo no amar la rosa? Pero falta
descubrirla entre tanta incertidumbre,
entre tanta apariencia. ¿Quién no ama
la música si acierta a despojarse
del grito, rebotado por la sangre...?...

de Enrique Díez-Canedo

Yo me quiero morir como se muere
todos los años el jardín, y luego
renacer de igual modo que renace
todos los años el jardín. Se han ido
los pájaros; volaron, pero no tenían alas....

de José de Cadalso y Vázquez

Si el cielo está sin luces,
el campo está sin flores,
los pájaros no cantan,
los arroyos no corren,
no saltan los corderos,
no bailan los pastores,
los troncos no...

de José María Valverde

Mírala aquí delante.
Es la playa donde empieza el extraño
mar de la realidad. Toma su mano breve
y déjate llevar sin preguntar.

Esta mirada clara
ya la habías soñado;...

de José Zorrilla

Ese vago clamor que rasga el viento
es la voz funeral de una campana;
vano remedo del postrer lamento
de un cadáver sombrío y macilento
que en sucio polvo dormirá mañana.

Acabó...

de Ángel González

Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo el mar y toda tierra,
fértiles vientres...

de Gabriel Álvarez de Toledo

Esto que vive en mí, por quien yo vivo,
es la mente inmortal, de Dios criada
para que en su principio transformada,
anhele al fin de quien el ser recibo.

Mas del cuerpo...

de Jorge Guillén

¡Cima de la delicia!
Todo en el aire es pájaro.
Se cierne lo inmediato
resuelto en lejanía.

¡Hueste de esbeltas fuerzas!
¡Qué alacridad de mozo
en el espacio airoso,...

de Rubén Darío

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, 
...

de Leopoldo Lugones

Cuando te hablen del luto más amargo,
de las desolaciones más amargas,
de la...

de Juan Luis Panero

                                   "Ed é subito sera"
                                Salvatore Quasimodo

Vivir es ver morir, envejecer es eso,
empalagoso, terco olor de muerte,
...

de Pablo Neruda

Hoy que es el cumpleaños de mi hermana, no tengo
nada que darle,...

de Francisco Villaespesa

Turbia de sombra, el agua del remanso
reflejó nuestras trémulas imágenes,
extáticas de amor, bajo el crepúsculo,
en la enferma esmeralda del paisaje…

Era el frágil olvido de las...

de Gaspar Núñez de Arce

I
¡Gloria al genio inmortal! Gloria
al profundo
Darwin, que de este mundo
penetra el hondo y pavoroso arcano!
¡Que, removiendo lo pasado incierto,
sagaz ha...

de Ángela Figuera

Dadme un espeso corazón de barro,
dadme unos ojos de diamante enjuto,
boca de amianto, congeladas venas,
duras espaldas que acaricie el aire.
Quiero dormir a gusto cada noche.
...

de Ángela Figuera

Cuando nace un hombre
siempre es amanecer aunque en la alcoba
la noche pinte negros cristales.

Cuando nace un hombre
hay un olor a pan recién cocido
por los pasillos de la casa;
...

de Sor Juana Inés de la Cruz

Miró Celia una rosa que en el prado
ostentaba feliz la pompa vana
y con afeites de carmín y grana
bañaba alegre el rostro delicado;

y dijo: Goza, sin temor del hado,...

de Laureano Albán

Si no fuera poeta ¡qué silencio!

Quizá hubiera ganado una medalla
y no tendría
esta torpeza azul entre las manos,
y no caería al amor, transfigurado,
lámpara a lámpara,
...

de Ramón de Basterra

Sombra. Callejas frescas con fachas de hidalgo:
trapos en los balcones de leño azul. Hay algo
que recuerda el silencio de oro de las colmenas.
Se labora moviendo a los labios apenas.
¿...

de José A. Soffia

 …“!Que grande que viene el río!
¡Que grande se va a la mar ¡
Si lo aumenta el llanto mío....

de León Felipe

Ser en la vida romero,
romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos.
Ser en la vida romero,
sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo.
Ser en la vida romero, romero..., sólo romero.
Que...

de Manuel Machado

Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron
...

de Manuel Machado

Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.

Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben cantares:...

de Carolina Coronado

Tú, huéspeda de villa populosa,
yo de valle pacífico vecina,
tú por allá viajera golondrina,
yo por aquí tortuga perezosa:
tú del jardín acacia deliciosa,
yo del arroyo zarza...

de Alfonsina Storni

Quisiera esta tarde divina de octubre 
pasear por la orilla lejana del mar; 
que la...

de Juan Guzmán Cruchaga 

Restablecido apenas de mis males
principescos, percibo la elegancia
de los...

de Luis Fernández Ardavin


Este dolor de vivir no viviendo
y este sufrir de saber que no vivo,...

de Luis Muñoz Rivera

Dios puso en los abismos del espacio
esos vapores tenues,
que, en nube convertidos, se coloran
con tinta suave cuando el alba viene.

La nube engendra el rayo
que...

de Jaime Sabines

Codiciada, prohibida, 
cercana estás, a un paso, hechicera. 
Te ofreces con los ojos al que pasa, 
al que te mira, madura, derramante, 
al que pide tu cuerpo como una tumba. 
Joven...

de Pablo de Rokha

El mundo no lo entiendo, soy yo mismo
las montañas, el mar, la agricultura,
pues mi intuición procrea un magnetismo
entre el paisaje y la literatura.

Los anchos ríos hondos en...

de Sor Juana Inés de la Cruz

Rosa divina que en gentil cultura
eres, con tu fragante sutileza,
magisterio purpúreo en la belleza,
enseñanza nevada a la hermosura.

Amago de la humana arquitectura,...

de Arturo Capdevila

Ayer pasó la muerte por mi casa...
Se hizo una noche solitaria en torno,
y en medio de las sombras de la noche,
se hacinaron escombros sobre escombros.

El isócromo golpe de las...

de Dámaso Alonso

Gota pequeña, mi dolor.
La tiré al mar.

Al hondo mar.
Luego me dije: ¡A tu sabor
ya puedes navegar!

Más me perdió la poca fe...
La poca fe
de mi cantar.
Entre...

de Vital Aza 


-Haga usted un buen soneto a una corista-
dice Francos, autor de «El Señorito»,
y yo en estos renglones me permito
probar que su candor salta a la vista.


A una chica del...

de Victor Domingo Silva

Ni cartas que encadenen, ni manos que despidan
¡Soledad de las penas que en el alma se...

de Juana de Ibarbourou

¡Ah, qué estoy cansada! Me he reido tanto,
...

de Juan de la Cruz

Entreme donde no supe
y quedeme no sabiendo,
toda ciencia tracendiendo.

      I

Yo no supe dónde entraba,
pero cuando allí me vi
sin saber dónde me estaba
grandes...

de Amado Nervo

En el convento vivía 
una monja que pasaba 
por santa, y que se llamaba 
la hermana...

de Gabriela Mistral

 Tres árboles caídos
quedaron a la orilla del sendero.
El leñador los olvidó, y...

de Arturo Capdevilla

¡Cuánto verso de amor, cantado en vano!
¡Oh!, cómo el alma se me torna vieja
cuando...

de Luis Cernuda

Fortalecido estoy contra tu pecho 
de augusta piedra fría, 
bajo tus ojos crepusculares...

de Pedro Sienna

Esta vieja herida que me duele tanto,
me fatiga el alma de un largo ensoñar;
florece en...

de Serafín y Joaquín Álvarez Quinteros

Era un jardín sonriente; 
era una tranquila fuente 
        de...

de Ramón de Campoamor

 

¡Señor juez, un malvado, un asesino,

...

de Juan de Dios Peza

Viendo a Garrik —actor de la Inglaterra—
el pueblo al aplaudirlo le decía:
«Eres...

de Jerónimo Lagos Lisboa

 

Oprimí su cabeza

y adiviné las sombras de sus pupilas,

desvanecí en mis manos su tristeza

y ungí mis sueños con su olor de lilas.

 

Palpó el silencio para...

de Octavio Paz


Entre irse y quedarse duda el día,
enamorado de su transparencia.

La tarde circular es ya bahía:
en su quieto vaivén se mece el mundo.

Todo es visible y todo es elusivo,...

de Carlos Pezoa Véliz

Este es un artista de paleta añeja
que usa una cachimba de color coñac
y habita una boharda de ventana vieja
donde un reloj viejo masculla: tic tac...

Tendido a la larga sobre...

de Enrique Díez – Canedo

Triunfan en tu cuerpo todos los pecados, 
son tus labios rojos flores de mentira. 
Son simas de orgullo tus ojos rasgados,
tus palabras roncas, torrentes de ira.

Tenazas de gula son tus...

de Daniel de la Vega

 

¡Vieja tienda bohemia, te dejamos! Mañana

se irá por el camino la alegre caravana;

pájaros que persiguen el temblor de una estrella,

nosotros, los gitanos nos marchamos con...

Lope de vega


Madre, unos ojuelos vi, 
verdes, alegres y bellos. 
¡Ay, que me muero por ellos 
y ellos se burlan de mi! 

Las dos niñas de sus cielos 
han hecho tanta mudanza, 
que la color...

de Hector Pedro Blomberg

Era una flor de tragedia, con sus claras pupilas
y su pálido rostro sin luz de juventud;
la amaban en noches siniestras e intranquilas
los ásperos jasones de la dársena Sud.

Era...

de Ismael Enrique Arciniegas

Llegaron mis amigos de colegio 
y absortos vieron mi cadaver frío. 
“Pobre”, exclamaron y salieron todos: 
ninguno de ellos un adiós me dijo. 
Todos me abandonaron. En silencio...

de Sor Juana Inés de la Cruz

Al que ingrato, me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo, ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata,
maltrato a quien mi amor busca constante.

Al que trato...

de Pedro Mata

Me da miedo quererte. Es mi amor tan violento 
 que yo mismo me asusto de mi modo de amar; 
 de tal forma me espanta mi propio pensamiento 
 que hay noches que no quiero dormir por no soñar. ...

de Juana de Ibarbourou

Me ha quedado clavada en los ojos
la visión de ese carro de trigo
que cruzó rechinante y pesado
sembrando de espigas el recto camino.

¡No pretendas ahora que ría!
¡Tu no...

de Emilio Carrere

 

I

Cruzábamos tristemente

las calles llenas de luna,

y el hambre bailaba una

zarabanda en nuestra mente.

Al verla triste y dolida,

yo la besaba en la boca...

de Pedro Miguel Obligado

Esta pena mía
no tiene importancia.
Sólo es la tristeza de una melodía,
y el íntimo ensueño de alguna fragancia.

-Que todo se muere,
que la vida es triste,
que no...

de Victor Domingo Silva

 

Aquel mozo enfermo y...

de Amado Villar

 

Así te quiero, guitarra,

trasnochadora y desnuda,

...

de José María Pemán

¡Entre los geranios rosas,
una mariposa blanca!

Así me gritó la niña,
la de las trenzas doradas:
-corre a verla, corre a verla,
que se te escapa.

Por los...

de Vicente Aleixandre

Mira tu mano, que despacio se mueve,
transparente, tangible, atravesada por la luz,
hermosa...

de Vicente Huidobro

Que el verso sea como una llave
que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.

Inventa mundos nuevos y...

de Enrique González Martínez

Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje
que da su nota blanca al azul de la fuente...

de Alfonsina Storni

Señor, Señor, hace ya tiempo, un día
soñé un amor como jamás pudiera
soñarlo nadie, algún amor que fuera
la vida toda, toda la poesía.

Y pasaba el invierno y no venía,
y pasaba...

de Juvencio Valle

Cómo le nacen hojas a mi roble.

cómo revientan flores en mis ganchos!

He sido, apenas, la raíz oscura

y hoy el amor me da su linfa grande.

Cómo me abrasa un hálito de surco,...

de Gustavo Adolfo Becquer

Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueño tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo,
veíase el arpa.

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme...

de Manuel Magallanes Moure

¡Hace ya tanto tiempo! Te creí tan distante,
tan perdida en el hondo sendero del...

de Carlos Fuentes

“¿Viviré mañana? No lo sé decir.
Pero no me iré de aquí sin resistencia.
Esta recámara es mi núcleo.
Pensar bajo cobijas es mi fuga,
con los ojos cerrados,...

de Guillermo Blest Gana

Al llegar a la página postrera
de la tragicomedia de mi vida,
vuelvo la vista al punto de partida
con el dolor de quien ya nada espera.

¡Cuánta noble ambición que fué quimera...

de Miguel Arteche

Si entras a esa casa, a medianoche, 
si entras en ese mundo, 
y sigiloso y en puntillas dejas 
quietas las manos, con cuidado 
no respiras, y si los ojos fijas 
en una hoja de...

de Juana de Ibarbourou

¿Qué es esto? ¡Prodigio! Mis manos florecen.
...

de Julio Barrenechea

 

Como la luz en su platino vivo,

...

de Amado Nervo

Por esa puerta huyó, diciendo: «¡Nunca!» 
Por esa puerta ha de volver un día... 
Al cerrar esa...

de Francisco Donoso

 

Yo vengo del...

de Felipe Sassone

 

Cristales, hierro, carbón

negro humo, bermeja herrumbe:

la abovedada techumbre

del andén de una estación.

Grita loca una campana

sin ritmo, burda y civil,

...

de Alfonsina Storni

Hombre pequeñito, hombre pequeñito, 
suelta a tu canario que quiere volar... 
Yo soy el...

de Garcilaso de  la Vega

Estoy contino en lágrimas bañado,
rompiendo siempre el aire con sospiros...

de Andrés Mata

 

¿Un amor que se va? ¡Cuántos se han ido!

Otro amor llegará más duradero

y menos doloroso que el olvido.

El alma es como el pájaro inseñero,

que, roto el nido en el ruinoso...

de Manuel Magallanes Moure

Ante nosotros las olas
corren, corren sin cesar,
como si algo persiguieran...

de Epifanio Mejía 

Joven aún entre las verdes ramas
de secas pajas fabricó su nido;
la vio la...

de Luis G. Urbina

El mar, pulido y claro, 
parece una turquesa:
añil en la distancia, 
cristal junto a la orilla.
El sol, que suavemente, 
los horizontes besa
como un vaho de...

de Manuel Machado

Era un suspiro lánguido y sonoro
la voz del mar aquella tarde... El día,
no queriendo...

de José de Espronceda

Ya el sol esconde sus rayos,
el mundo en sombras se vela,
el ave a su nido vuela.
Busca asilo el trovador.

Todo calla: en pobre cama
duerme el pastor venturoso:
en...

de León Felipe

Ayer estaba mi amor
como aquella nube blanca
que va tan sola en el cielo
y tan alta,
como aquella
que ahora pasa
junto a la luna
de plata.

Nube
blanca,
...

de Manuel Magallanes Moore

 

Allá en aquel paraje ...

de José Gautier Benítez

El cielo está en calma, la tarde serena,
y el sol declinando;
y al valle tranquilo dirigen su vuelo
las aves de paso.

Se ignoran sus nombres, que vienen de lejos,
de...

de Enrique Díez-Canedo

Desconocida voz canta el oscuro nombre

...

de Rubén Darío

El mar como un vasto cristal azogado 
refleja la lámina de un cielo de zinc; 
lejanas...

de Carlos Acuña

“Un ramo de albahacas llevaba a mi niña,

...

de Jaime Torres Bodet

Este domingo alegre de verano,

...

de Jaime Torres Bodet

Va a llover... Lo ha dicho al césped
...

de Jorge Hübner Bezanilla

Árbol que, como el hombre, te alimentas del lodo,
pero que alzas al...

de Miguel Ángel Asturias

Va pasando esta pena,

la pena de la vida,

la pena que no importa,

tú la has sentido larga,

yo la he sentido corta

y aún está distante

la tierra prometida....

de Vicente Aleixandre

Si yo fuese un niño,
si yo fuese un niño, redondo, quieto y sumergido.
Sumergido, no; sacado a la luz, estallado hacia fuera, exhibido en esa otra Creación donde un niño es un niño en su reino....

de José Luis Cano

No. Tu no eres para mí como un ser humano.
Jamas podré sentir por ti alegria, odio o amistad...

de Octavio Paz

Pulida claridad de piedra diáfana,
lisa frente de estatua sin memoria:
cielo de invierno, espacio reflejado
en otro más profundo y más vacío.

El mar respira apenas, brilla apenas....

de Vital Aza

-Haga usted un buen soneto a una corista-
dice Francos, autor de «El Señorito...

de Antonio Machado

Tus ojos me recuerdan 
...

de Francisco de Quevedo

Madre, yo al oro me humillo, 
él es mi amante y mi amado, 
pues de puro...

de Gerardo Diego

Está la noche limpia y clara.
Entra...

de José Asunción Silva

De soltera

En los tallados frascos guardados los olores
de las esencias diáfanas, dignas de alguna hurí,
un vaso raro y...

de Gabriela Mistral

 Si tú me miras, yo me vuelvo hermosa
como la hierba a que bajó el rocío,
y...

de Luis Cané

 

- Desde que quieres a ese hombre...

de Luis G. Urbina

Era un cautivo beso enamorado
de...

de Francisco Luis Bernárdez


Tan unidas están nuestras cabezas
y tan atados nuestros corazones,
ya...

de Leopoldo Lugones

Al promediar la tarde de aquel día, 
...

de José Asunción Silva

No fue pasión aquello,
fue una ternura vaga
lo que inspiran los niños enfermizos,
los tiempos idos y las noches pálidas.
El espíritu solo
al conmoverse canta:
cuando el...

de Luis Cernuda


Con tal vehemencia el viento
viene del mar, que sus sones
elementales contagian
el silencio de la noche.

Solo en tu cama le escuchas
insistente en los cristales
...

de Octavio Paz

¿Por qué tocas mi pecho nuevamente?
Llegas, silenciosa, secreta, armada,
tal los guerreros a una ciudad dormida;
quemas mi lengua con tus labios, pulpo,
y despiertas los furores, los goces,...

de Manuel Ortiz Guerrero

¡Paso! ¡Dadle paso!
Es reina y es pobre. No quiere ni el raso
que bese sus formas; es loca la reina
Dad paso a la reina de honda pupila color de esmeralda,
la loca desnuda que...

de Mario Benedetti

Quién hubiera dicho
que estos poemas de otros
iban a ser
míos

después de todo hay hombres que no fui
y sin embargo quise ser
si no por una vida al menos por un rato...

de César Vallejo

Se bebe el desayuno... Húmeda tierra
de cementerio huele a sangre amada.
Ciudad de invierno... La mordaz cruzada
de una carreta que arrastrar parece
una emoción de ayuno encadenada!

Se...

de Manuel Magallanes Moure


¿Conoce alguien el amor?
¡El amor es un sueño sin fin!
Es como un...

de Blas de Otero

Si algo me gusta, es vivir.
Ver mi cuerpo en la calle,
hablar contigo como un camarada,
mirar escaparates
y, sobre todo, sonreír de lejos
a los árboles...

También me gustan...

de Julio Cortázar

En el tabaco, en el café, en el vino,
al borde de la noche se levantan 
como esas voces que a lo lejos cantan
sin que se sepa qué, por el camino.

Livianamente hermanos del...

de Manuel Magallanes Moure

ELLA DICE

 

Sus ojos suplicantes me pidieron

...

de Gabriela Mistral

Anda libre en el surco, bate el ala en el viento, 
late vivo en el sol y se prende al...

de Juan Carlos Dávalos

Vienen de la Puna donde nunca llueve,
donde por enero brota en los eriales el blanco amancay,
cruzaron inmensas estepas de sal y de nieve
hollaron las vegas heladas al pie del Acay.
...

de Juana de Ibarbourou

La Luna estampa en el cielo
su faz de moneda nueva.
Sobre el trigal amarillo
hay parpadear de candelas.

Los pinos son misteriosos
en esta noche tan clara,
y hasta...

de Gonzalo Rojas

Eléctricas, desnudas en el mármol ardiente que pasa de la piel a los vestidos,
turgentes, desafiantes, rápida la marea,
pisan el mundo, pisan la estrella de la suerte con sus finos tacones
y...

de Miguel Hernández

Sólo quien ama vuela. Pero ¿quién ama tanto
que sea como el pájaro más leve y fugitivo?
Hundiendo va este odio reinante todo cuanto
quisiera remontarse directamente vivo.

Amar......

de Vicente Huidobro

Cada día me trae un vestido de sorpresas
Y un nuevo fuego a mi fuego interno
El alma tiene su oficio de pesadumbres
Que es como un agua de recuerdos
O de árboles que se mueven para...

de Julio Cortazar

Has visto
verdaderamente has visto
la nieve los astros los pasos afelpados de la brisa
Has tocado
de verdad has tocado
el plato el pan la cara de esa mujer que tanto amás
Has...

de Ricardo Miró

Desde la rama del ciprés dormido
el dulce ruiseñor canta a la luna
y la invita a bajar hasta su nido...
Ya ves qué casto amor tan sin fortuna...
Y eso que el ruiseñor, en su descuido
...

de Nicanor Parra

Yo soy el Individuo.
Primero viví en una roca
(Allí grabé algunas figuras).
Luego busqué un lugar más apropiado.
Yo soy el Individuo.
Primero tuve que procurarme alimentos,
...

de Jorge Luis Borges

Nadie rebaje a lágrima o reproche 
esta declaración de la maestría 
de Dios, que con magnífica ironía 
me dio a la vez los libros y la noche. 

De esta ciudad de libros hizo...

de Manuel Magallanes Moure

Tus ojos y mis ojos se contemplan
en la quietud crepuscular.
Nos bebemos el alma lentamente
y se nos duerme el desear.

Como dos niños que jamás supieron
de los ardores...

de Luis Razeto

Decretaré la libertad de sentimiento:

porque no es justo que los hombres

y las mujeres del mundo

mantengan sus almas pequeñas y  frías,...

de Gaspar de Jovellanos

Sentir de una pasión viva ardiente
todo el afán, zozobra y agonía;
vivir sin premio un día y otro día;
dudar, sufrir, llorar eternamente;

amar a quien no ama, a quien no siente,...

de Lope de Vega

A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.

¡No sé qué tiene la aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de...

de Alfonsina Storni

No tienes tú la culpa si en tus manos
mi amor se deshojó como una rosa:
vendrá la primavera y habrá flores...
El tronco seco dará nuevas hojas.

Las lágrimas vertidas se harán...

de Miguel Arteche

Hay hombres que nunca partirán, 
y se les ve en los ojos,
pues uno recuerda sus ojos muchos años después de que han
partido.

Pueden estar lejanos,
pueden aparecer a...

de Pablo Neruda

COMO la copa de...

de Manuel Magallanes Moure

ELLA DICE

Sus ojos suplicantes me...

de Enrique Lihn
 

Ahora que quizás, en un año de calma,
piense: la poesía me sirvió para esto:
no pude ser feliz, ello me fue negado,
pero escribí.

Escribí: fui la víctima
de la...

de León Felipe

Más sencilla... más sencilla.
Sin barroquismo,
sin añadidos ni ornamentos.
Que se vean desnudos
los maderos,
desnudos
y decididamente rectos.

«Los brazos en abrazo...

de Eduardo Galeano

El miedo amenaza:
Si usted ama tendrá sida.Si fuma tendrá cáncer.
Si respira tendrá contaminación.
Si bebe tendrá accidentes.
Si come tendrá colesterol.
Si habla tendrá desempleo....

de Luis Felipe Vivanco

Tú estás en ese taxi parado, sí, eres Tú
—un bulto en el crepúsculo— junto al bordillo blanco
donde se acaba el campo de enfrente o descampado.
Lo sé, aunque no te he visto (y aunque...

de Dámaso Alonso

Qué hermosa eres, libertad. No hay nada
que te contraste. ¿Qué? Dadme tormento.
Más brilla y en más puro firmamento
libertad en tormento acrisolada.

¿Que no grite? ¿Mordaza hay preparada...

de León Felipe

Señor, yo te amo
porque juegas limpio;
sin trampas —sin milagros—;
porque dejas que salga,
paso a paso,
sin trucos —sin utopías—,
carta a carta,
sin cambios,
tu...

de Juan Ramón Jiménez

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando; 
y se quedará mi huerto con su verde árbol, 
y con su pozo blanco. 

Todas las...

de Rafael Alberti

Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.
Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.
Oh mi voz condecorada
...

de Tomás de Iriarte

Por entre unas matas,
seguido de perros,
no diré corría,
volaba un conejo.

De su madriguera
salió un compañero
y le dijo: «Tente
amigo, ¿qué es esto?».

«¿Qué...

de Pablo Neruda

                        1

D...

de Rafael de León

Hubiera podido ser
hermoso como un jacinto
con tus ojos y tu boca
y tu piel color de trigo,
pero con un corazón
grande y loco como el mío.
Hubiera podido ir,
las tardes...

de Andrés Bello

Boscajes apacibles de la Hermita,
¡oh cuánto a vuestra sombra me recreo,
y con qué encanto celestial poseo
lo que en vano se busca y solicita
en el bullicio corruptor del mundo:
el...

de José María Pemán

Porque es igual que tú, claro y sereno,
estoy enamorado del otoño.
Adoro los cipreses porque son
como tu cuerpo, conjunción suprema
de arquitectura y música.
Y adoro
ese...

de Miguel de Cervantes

¿Quién dejará, del verde prado umbroso,
las frescas yerbas y las frescas fuentes?
¿Quién, de seguir con pasos diligentes
la suelta liebre o jabalí cerdoso?

¿Quién, con el son amigo...

de Oscar Castro

Habría que empezar de nuevo.
Partir de la raíz del indio.
Ir al origen puro sin conceptos ya hechos.
Sólo así encontraremos la América no descubierta,
la América del vientre claro y los...

de Rafael Alberti

A través de los siglos,
por la nada del mundo,
yo, sin sueño, buscándote.

Tras de mí, imperceptible,
sin rozarme los hombros,
mi ángel muerto, vigía.

¿Adónde...

de Francisco de Quevedo y Villegas

En el precio, el favor; y la ventura,
venal; el oro, pálido tirano;
el erario, sacrílego y profano;
con togas, la codicia y la locura.

En delitos, patíbulo la altura;...

 de Juan Ramón Jiménez

 ¡Que goce triste...

de Gabriela Mistral

I

Del nicho helado en que los hombres te pusieron,
te bajaré a la tierra humilde y soleada.
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,
y que hemos de soñar...

de Vicente Huidobro

Yo estoy ausente pero en el fondo de esta ausencia
hay la espera de mí mismo
y esta espera es otro modo de presencia
La espera de mi retorno
Yo estoy en otros objetos
...

de Ernesto Cardenal

Como latas de cerveza vacías y colillas
de cigarrillos apagados, han sido mis días.
Como figuras que pasan por una pantalla de televisión
y desaparecen, así ha pasado mi vida.
Como...

de Rafael Alberti

Se equivocó la paloma,
se equivocaba.
  Por ir al norte fue al sur,
creyó que el trigo era el agua.
  Creyó que el mar era el cielo
que la noche la mañana.
  Que las estrellas...

de Alejandro Galaz

 

Trompo de siete colores...

de Juan Guzmán Cruchaga

Alma, no me digas nada,
...

de Mario Benedetti

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves...

de Juan Ramón Jiménez

Estoy triste, y mis ojos no lloran
y no quiero los besos de nadie;
mi mirada serena se pierde
en el fondo callado del parque.
...

de Fray Luis de León

¡Qué descansada vida 
la del que huye del mundanal ruïdo, 
y sigue la escondida ...

de Antonio Machado

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,...

de Pablo Neruda

PREGUNTARÉIS: dónde están las lilas?
Y la metafísica cubierta de amapolas?
Y la lluvia que a menudo golpeaba
sus palabras...

de Carlos Pezoa Véliz

Con un cadáver a cuestas,
camino del cementerio,
meditabundos avanzan
los...

de Fernando Alegría

Cuando al alba sale el huaso a destapar estrellas

...

de Juan Ramón Jiménez

Iba tocando mi flauta
a lo largo de la orilla;
y la orilla era un reguero
de amarillas margaritas.

El campo cristaleaba...

de Amado Nervo

Pasó con su madre. ¡Qué rara belleza! 
¡Qué rubios cabellos de trigo garzul! 
...

de Gabriela Mistral

¿Cómo quedan, Señor, durmiendo los suicidas?
¿Un cuajo entre la boca, las dos sienes vaciadas,
las lunas de los ojos albas y engrandecidas,...

de Diego Dublé Urrutia

 

Soñé que era muy niño, que estaba en la cocina

...

de Carlos Pezoa Véliz

Era un pobre diablo que siempre venía
cerca de un gran pueblo donde yo vivía;
...

de Ruben Darío

Juventud, divino tesoro
¡ya te vas...

de Violeta Parra

En la prisión de la ansiedad 
medita un astro en alta voz,
gime y se agita como león 
como queriéndose escapar.
¿De dónde viene su...

de Pablo Neruda

Lomo de buey, pesado 
cargador, sistemático 
libro espeso: 
...

de Gabriela Mistral

Padre Nuestro, que estás en los cielos, 
¡por qué te has olvidado de mí! 
Te acordaste del fruto en febrero, 
al llagarse su pulpa rubí. ...

de Ruben Darío

El varón que tiene corazón de lis, 
alma de querube, lengua celestial, 
el mínimo y dulce...

de Gutierre de Cetrina

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados...

de Gabriela Mistral

En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.

¿Cómo quejarme de mis pies cansados,...

de Juan Gustavo Cobo Borda

Manchó con sus zapatos de arena

los escalones del templo.

Profanó la mujer ajena.

Sustrajo el óbolo de la fe.

Y cometió 108 pecados distintos.

El mayor: la...

de Ruben Darío

La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa? 
Los suspiros se escapan de su boca de...

de José Joaquín de Mora

Hermosa fuente que al vecino río
sonora envías tu cristal undoso,
y tú, blanda cual sueño venturoso,
yerba empapada en matinal rocío:

Augusta soledad del bosque umbrío
que...

de Ramón de Campoamor

A Blanca Rosa de Osma

Con mis coplas, Blanca Rosa,
tal vez te cause cuidados
            por cantar
con la voz ya temblorosa,
y los ojos ya cansados...

de Miguel de Unamuno

Hay ojos que miran, - hay ojos que sueñan,
hay ojos que llaman, - hay ojos que esperan,
hay ojos que ríen - risa placentera,
hay ojos que lloran - con llanto de pena,
unos hacia...

de Octavio Paz

Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada...

de Ángel González

El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste....

de Miguel de Unamuno

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes

a nuestro ruego y nuestro...

de Fray Luis de Leon

Cuando contemplo el cielo
de innumerables luces adornado,
y miro hacia el suelo
de noche rodeado,
en sueño y en olvido sepultado,

El amor y la pena
despiertan en mi pecho...

de Roque Esteban Escarpa

Esta es la hora de la soledad. Todos se han ido.
Se fueron los honores, la púrpura y sus furias.
Se fue la amistad, que como perra de oro
la llamaron por su hambre secreta.
Se fue...

de Antonio Machado

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.
Dí: ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
...

de Luis de Góngora

Ande yo caliente,
Y ríase la gente.

Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno,
y las mañanas de invierno...

de Gazpar Núñez de Arce

Cuando recuerdo la piedad sincera
            con que en mi edad primera
entraba en nuestras viejas catedrales,
donde postrado ante la cruz de hinojos
            alzaba a Dios mi...

de Antonio Machado

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del...

de Jorge Manrique

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer,
cómo después de...

de Cesar Vallejo

Me viene, hay días, una gana ubérrima, política,
de querer, de besar al cariño en sus dos rostros,
y me viene de lejos un querer
demostrativo, otro querer amar, de grado o fuerza,
al que...

de Vicente Aleixandre

 

No te acerques. Tu frente, tu ardiente frente, tu encendida frente,

las huellas de unos besos,

ese resplandor que aun de día se siente si te acercas,

ese resplandor...

de Gustavo Adolfo Becquer

Volverán las oscuras golondrinas 
en tu balcón sus nidos a colgar, 
y otra vez...

de Guillermo Blest Gana

Al llegar a la página postrera
de la tragicomedia de mi vida,
vuelvo la vista al punto de partida
con el dolor de quien...

de Gutierre  de Cetrina

Toda vestida de blanco,
almidonada y compuesta,
en la puerta de su casa
estaba la niña negra.

Un...

de San Juan de la Cruz

En una noche oscura
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

A oscuras, y segura,
por la secreta escala...

de Gabriela Mistral

La Maestra era pura. «Los suaves hortelanos», decía, 
«de este predio, que es predio de Jesús, ...

de Federico García Lorca

Voces de muerte sonaron 
cerca del Guadalquivir. 
Voces...

de Pedro Calderón de la Barca

¡Ay mísero de mí...

de Oscar Castro

El junco de la rivera 
y el doble junco del agua, 
en el país de un estanque 
donde el día...

de Jorge Teillier

Cuando las amadas palabras cotidianas
pierden su sentido
y no se puede nombrar ni el...

de Gabriela Mistral

Cristo, el de las carnes en gajos abiertas;
Cristo, el de las venas vaciadas en ríos:
estas pobres gentes del siglo están muertas
de una laxitud, de un miedo, de un frío!

A la...

de Gustavo Adolfo Becker

Asomaba a sus ojos una lágrima 
y a mi labio una frase de perdón; 
habló el orgullo y se enjugó su llanto, 
y la frase en mis labios expiró. 

Yo voy por un camino; ella...

de Erick Pohlhammer

Yo no sé lo que ustedes irán a pensar de esto
Ustedes siempre piensan lo primero que se...

de Lope de Vega


Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto;
burla...

de Pablo Neruda

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

...

de Amado Nervo

Ha muchos años que busco el yermo,
ha muchos años que vivo triste,
ha muchos años que estoy enfermo,
¡y es por el libro que tú escribiste!...

de Gustavo Adolfo Becker

Del salón en el ángulo oscuro,

...

de Federico García Lorca

Verde que te quiero...

de Max Jara

Ojitos de pena, 
carita de luna, 
lloraba la niña 
sin causa ninguna. 

La madre cantaba, 
meciendo la cuna: 
“No llore sin pena, 
carita de luna”. 

...

de Autor Anónimo

No me mueve, mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

 

Tú me mueves, Señor, muéveme el...

de Gabriela Mistral

I

¡Un hijo, un hijo, un hijo! Yo quise un hijo tuyo
y mío, allá en los días del éxtasis ardiente,
en los que hasta mis huesos temblaron de tu arrullo
y un ancho resplandor creció sobre mi...

de Carlos Pezoa Véliz

Sobre el campo el agua mustia
cae fina, grácil, leve;
con el agua cae angustia:
llueve

Y pues solo en amplia pieza,
yazgo en cama, yazgo enfermo,
para espantar la tristeza,...

de Juan Ramón Jimenez

Cada minuto de este oro
¿no es toda la eternidad?

El aire puro lo mece
sin prisa, como si ya
fuera todo el oro que
tuviera que acompasar.

(¡Ramas últimas, divinas,...

de Juana de Ibarbourou

Estaba tan absorta frente al mundo
que no sentí como volaba el tiempo
siempre adelante con sus duras garras
cargadas de sucesos y momentos,
halcón imperturbable, me llevaba
...

de Augusto Winter

Reina en el lago de los misterios tristeza suma:
los bellos cisnes de cuello negro de terciopelo
y de plumaje de seda blanca como la espuma,
se han ido porque del hombre tienen recelo.

...

de Miguel Hernández

Boca que arrastra mi boca:
boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.

Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada...

de Luis de Góngora y Argote

 

Descaminado, enfermo, peregrino
en tenebrosa noche, con pie incierto
la confusión pisando del desierto,
voces en vano dio, pasos sin tino.

Repetido latir, si no...

de Horacio Quiroga

La tarde se moría y en el viento
la seda de tu voz era un piano,
y la condescendencia de tu mano
era apenas un suave desaliento.

Y tus dedos ungían un cristiano
perdón, en un...

de Juan Ramón Jimenez

¡Allá va el olor
de la rosa!
¡Cójelo en tu sinrazón!

¡Allá va la luz
de la luna!
¡Cójela en tu plenitud!

¡Allá va el cantar
del arroyo!
¡Cójelo en...

de José María Gabriel y Galán

Deja la charla, Consuelo,
que una moza casadera
no debe estar en la era
si no está el Sol en el cielo.

Tu hogar tendrás apagado,
y al mozo que habla contigo
le...

de Teresa de Jesús

Vivo sin vivir en mí
y tan alta vida espero
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor,
porque vivo en el Señor,
que me quiso para...

de Vicente Huidobro

La sombra es un pedazo que se aleja
camino de otras playas

En mi memoria un ruiseñor se queja
Ruiseñor de las batallas
que canta sobre todas las balas

HASTA CUANDO...

de Nicolás Guillén

¿Cuándo fue?
No lo sé.
Agua del recuerdo
voy a navegar.

Pasó una mulata de oro,
y yo la miré al pasar:
Moño de seda en la nuca,
bata de cristal,
niña de espalda...

de León Felipe

Así es mi vida,
piedra,
como tú. Como tú,
piedra pequeña;
como tú,
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas
por las calzadas
y por las veredas;
como tú,...

De Rubén Darío

Margarita está linda la mar,
y el viento,
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento:
Margarita, te voy a contar
un cuento:

...

de Amado Nervo

Sol espledente de primavera,
a cuyo beso, fresca y lozana,
la flor se yergue, la mariposa
viola el capullo, la yema...

de Federico García Lorca

Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.
Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los...